Reflexión: El coquí que sabe a dónde va

Por Yaisha Vargas-Pérez, maestra certificada en mindfulness, para el blog A Mystic Writer

Mi trabajo voluntario es ser reforestadora y, como parte de ello tengo, un vivero con decenas de árboles bebés en el balcón de un apartamento. La última vez que mudé mi vivero desde un patio a este balcón, se mudó en secreto con los arbolitos un nuevo inquilino: un coquí puertorriqueño que cantaba su hermosa melodía cada vez que regaba los tiestos de germinación.

Para los lectores que no conocen el dato, la pequeña ranita melodiosa es profundamente amada en Puerto Rico; nos arrulla para dormir por las noches y extrañamos su canto cuando no estamos en nuestro terruño.

Temía que el coquí no lograra sobrevivir en el balcón, aunque estuviera rodeado de tiestos con una mínima vegetación. Así que, cada vez que cantaba, me paraba frente al vivero (que consiste en una estantería de cinco niveles) para detectar en qué tiesto estaba y así poder atraparlo para «rescatarlo» y llevarlo a la libre comunidad de la vegetación circundante.

Pero, por más que lo intentaba, el coquí no se dejaba ver. Y cada día que pasaba y escuchaba el coquí cantar, mis tripas se contraían de preocupación: que si debe poder recibir lluvia y donde está solo recibirá el agua de la regadera; que si en donde está no sé qué va a comer porque se alimenta de criaturas más pequeñas… En fin, la preocupación del coquí me robaba momentos de paz.

Hasta que anoche, mientras regaba un tiesto con plántulas de mangó, el inquilino del vivero saltó del tiesto y yo grité de la emoción: ¡al fín podría atraparlo para «liberarlo»!

Calculé bien mi estrategia, pues no quería fallar. Quería asegurarme de que lo atraparía, ¡por su propio bien! Busqué un envase con tapa, luego vacilé si debía atraparlo con las manos, como tantas veces había hecho en otros lugares para rescatar coquíes que se habían metido en lugares donde podían morir. Hasta le hice una oración a mi Poder Superior: si el coquí estaba destinado a ser rescatado, ¡yo lo lograría!

Intenté la estrategia de usar mis manos, pero el coquí detectó mis intenciones y saltó al próximo nivel de la estantería. Entonces busqué un envase más pequeño que el que tenía y pensé en una nueva táctica de aprisionamiento que esperaba que sí funcionara, y ¡fui de nuevo al rescate! Pero mi ranita amiga —que de paso, había estado cantando todo el rato— escapó otra vez.

Y exhalé un poco triste, pero también entendí el asunto.

El coquí no quería ser rescatado. No necesitaba que nadie lo rescatara.

Tiene cinco niveles de tiestos con plantas: ¡prácticamente tiene su propio condominio!

No sé de qué se alimenta, pero cuando lo vi, no estaba flaco ni desnutrido. Al contrario, se veía muy bien.

¿Cuántas veces queremos rescatar gente que creemos que está en una situación penosa, y ellos no quieren y hasta lo resienten? ¿Cómo es que no pueden ver que estamos tratando de ayudarlos genuinamente porque la vida que llevan, según me parece a mí, no está bien para ellos y pueden estar mucho mejor? ¿Por qué no quieren ver que yo tengo razón y que yo sé lo que es mejor para ell@s?

Ser consciente de mi forma de relacionarme con los demás, y de las características de codependencia que antes afectaban mucho mis relaciones, me ha ayudado a ver que los demás no necesitan que los rescate. Cada persona tiene una voz interior que le guía y la capacidad de establecer una relación con su propio concepto de un Poder Superior que le ayude a manejar su vida en todos sus aspectos.

Esa es la verdadera autoridad en la vida de cada persona.

Si no me gusta como alguien maneja su vida y creo que debería mejorar cuando esa persona no quiere; es posible que yo quiera cambiarlo para yo ser más feliz, pero ello tal vez no tenga nada que ver con la felicidad que quiere ese otro ser, con su concepto de cómo debe ser la vida para sí mism@.

Si quiero cambiar la vida de alguien más, puedo hacer examen de la mía y cambiar aquellas cosas de mí que puedo mejorar.

Si verdaderamente amo a alguien más, ¿puedo intentar amar a esa persona tal como es, desprenderme con amor de las conductas que no me gustan y dedicarme a mejorarme a mí? La intención de ayudar puede surgir del hecho de que amamos mucho a alguien y queremos verle bien; pero que esté bien es nuestra necesidad; no la suya.

Tal vez el coquí no hubiese sobrevivido el traslado obligado por mí a la libre comunidad; o a lo mejor, en el intento de rescatarlo, lo hubiese lastimado o matado, cosa que ya me pasó con otra criatura y que narré en la crónica La vida que sabe a dónde va.

A veces queremos arreglar la vida de alguien que no nos ha pedido ayuda y creemos que lo hacemos desde un espacio de preocupación genuina. Es un buen momento para hacer una pausa y preguntar si lo estamos haciendo para yo ser más feliz o para que la otra persona realmente sea más feliz. Podemos preguntarnos cómo podemos respetar primero su dignidad como persona capaz de tomar sus propias decisiones y llevar su vida por donde mejor entienda.

Si ofrecemos ayuda y la otra persona dice que no, nos toca retroceder y permitir que busque la mejor ayuda que entienda si es que quiere. Si no quiere, no hay nada más que hacer. Si quiere ayuda más tarde, podemos estar disponibles para ofrecerla de manera sabia y hábil.

Una de las cosas más liberadoras que he aprendido en el camino de recuperarme de conductas codependientes es que no estoy a cargo de todo el Universo, y que ese puesto ya está ocupado. ¡Y qué alivio que no me toca! Puedo soltar y dejar ir a los demás para que sean como quieren ser y vayan por donde tengan que ir. Puedo dejarlos vivir su vida y vivir yo la mía.

Y les cuento que, mientras escribía este relato anoche, el coquí cantó todo el rato, mucho más fuerte de lo que lo he escuchado en noches anteriores, lo que reafirmó para mí que está muy feliz donde está.

¿Qué pasará cuando me toque mudar los arbolitos a un vivero más grande? No lo sé. Pero por esta noche, ya no estoy preocupada. La ranita inquilina, mi amigo cantor, está hoy muy feliz. Y yo estoy feliz por él.#

Puedes escuchar el coquí de mi balcón aquí. ¡Es como una meditación guiada en sí, una campana de mindfulness!: https://www.youtube.com/shorts/XdYeNh58Eb8

Coquí de las Yerbas (Eleutherodactylus brittoni). Foto tomada de la página de Facebook Salvemos los Coquíes.
Photo by Roberto Lee Cortes from Pexels

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