SESION 3 – UNA PRESENCIA AMOROSA PARA LAS EMOCIONES
Para ver la grabación, oprime aquí:
INTRODUCCIÓN
¿Qué ocurre si acogemos nuestra experiencia emocional con amor?
Tenemos un filtro interno que discierne qué experiencias son agradables, desagradables, o nos son indiferentes. A veces ese filtro no para de hablar, pues está tratando de que sobrevivamos al escoger lo que nos ayuda y al rechazar lo que no.
Ese comentario constante a la experiencia se llama védana en pali y se traduce como “tonalidades del sentir”. Es el Segundo Fundamento del Mindfulness, a veces conocido en el mindfulness secular como Mindfulness de las Emociones. De este filtro interno de védana es que nacen las emociones, los pensamientos y los estados mentales, que es el Tercer Fundamento del Mindfulness.
Védana está justo en la puerta de los sentidos: en nuestra capacidad de ver, escuchar, oler, degustar, tocar y pensar (en el budismo hay seis sentidos, y el sexto sentido es la mente). Cuando aprendemos a ver védana, entendemos que hay una diferencia entre la experiencia y nuestra interpretación de ella. Si la experiencia es una bola de helado, védana es el whipped cream, las grajeas, los chocolates M&M’s y la cherry que le ponemos encima. Entonces, para nosotres la experiencia deja de ser simplemente helado y se convierte en un sundae. Si no nos damos cuenta de nuestro propio filtro de védana, no podremos ver que, en la realidad presente, la experiencia sigue siendo un simple helado y no el sundae que tenemos en la cabeza. Ahí es que viene nuestro sufrimiento.
Es importante acogernos con bondad al ver con claridad nuestras interpretaciones de la realidad debido al filtro de védana, las maneras en las que nos hemos causado sufrimiento a nosotres o a otres; ver que estas han sido nuestras maneras de sobrevivir y buscar la felicidad, y aprender de las experiencias para continuar con más sabiduría.
Que sea de beneficio para tu práctica.
Con bondad,
Yaisha
MEDITACIÓN GUIADA
En la meditación de hoy, repasamos brevemente los puntos de descanso en la realidad presente —la respiración, el cuerpo, los sonidos y el espacio— y luego vamos a prestarle atención al cuerpo y a las emociones con una presencia de bondad y amor.
(1 campanada)
Comenzamos con una invitación a tomar varias respiraciones profundas, como una transición del ruido al silencio.
Una invitación a encontrar la postura que funcione para ti. Que te permita mantenerte alerta y cómoda al mismo tiempo. Estructura en el cuerpo y ternura en el interior.
Si funciona para ti, puedes cerrar los ojos.
Ahora, una invitación a reposar la atención en punto de la realidad presente que funcione para ti: la respiración, el cuerpo, los sonidos de ambiente o el espacio entre los sonidos. Puedes explorar uno a la vez hasta que encuentres lo que funciona. Explorando la respiración… Y ahora explorando alguna parte estable del cuerpo como punto de descanso… Ahora los sonidos de ambiente… Ahora, los espacios entre los sonidos de ambiente…
Si la mente se distrae, eso es normal, simplemente regresa al punto de descanso en la realidad presente que funcione para ti.
Si en cualquier momento de la meditación te pierdes, simplemente regresa a este punto y comienza nuevamente. No hay nada que hacer con prisa. No hay ningún lugar al que ir con prisa. Estar aquí y ahora es suficiente.
Ahora, una invitación a traer algo a tu mente que evoque la bondad. Puede ser una persona bondadosa en tu vida. Puede ser una mascota o un ser de la naturaleza. Puede ser el amor divino. Permite que esa presencia de bondad toque tu corazón y se expanda hasta ser más grande que tú.
Ahora, una invitación a llevar la bondad y la ternura en la respiración. Inhalando con bondad dentro de tu cuerpo. Exhalando estrés.
Ahora, una invitación a llevar bondad a todo el cuerpo. Con una presencia bondadosa, lleva tu atención al área de la cabeza. Permite que cualquier energía de estrés se derrita, abandone tu cuerpo. Tal vez lo haga a través de la respiración. Permítelo, deja ir.
Una invitación a poner atención al área del cuello, con una mirada suave y bondadosa. Dejando ir el estrés.
Una invitación a llevar una atención bondadosa al área del pecho. En los brazos. En las manos. En el área del abdomen. En la parte baja del abdomen. En las piernas. En los pies. Dejando ir el estrés.
Permitiendo que la presencia de bondad abarque todo tu cuerpo, se convierta en algo más grande que tu cuerpo y lo acoja, lo abrace. Que tu cuerpo tenga un refugio en esta presencia de bondad. Que regresar a esta presencia sea regresar a ti misma.
Una invitación a mirar todas las experiencias que surjan en el cuerpo con cariño, darles la bienvenida sin pensar que son malas o que no deberían estar ahí. Tal vez las sensaciones del cuerpo sean algo así como pesadez o liviandad, humedad o resequedad, calor o frío, vibración o pulsación. Mirando las experiencias del cuerpo con bondad.
Y ahora, ¿acaso hay alguna parte del cuerpo que necesite atención bondadosa? Tal vez alguna parte que esté sufriendo… una invitación a acercar tu presencia de bondad a esa parte. Déjale saber que estás ahí escuchar con amor, sin juicios y que puede revelar cuál es su sufrimiento si quiere, si está lista. Si esa parte no quiere, si se protege porque hay algo vulnerable, está bien.
Dile que puedes verla y que solo hay amor e intención de que no sufra.
Si es muy difícil el sufrimiento, recuerda que tú eres la presencia bondadosa que mira.
Si se vuelve muy intenso, recuerda que puedes regresar al punto de descanso en la realidad presente.
Ahora, una invitación a prestar atención a la parte de tu cuerpo donde sientes las emociones, a llevar la presencia de bondad que has cultivado al área donde sientes las emociones. Tal vez sea en el pecho o en el abdomen o en alguna otra parte de tu cuerpo. Observando si hay alguna energía de emociones ahí. ¿Puedes identificar cómo se siente la energía de las emociones en tu cuerpo? Tal vez como presión o espacio, o como agua si es tristeza; fuego, si es coraje; electricidad y aire si es ansiedad; o como tierra si es estabilidad… Sin juzgar ninguna emoción como buena o mala.
Respirando bondad dentro del espacio emocional, no como una manera de deshacerse de las emociones incómodas, sino como una manera de acompañarlas sin juicio, escuchando qué necesitan. Observándolas y regresando a la presencia de bondad.
Algunas emociones llegan en cúmulos, es más de una. Las escuchamos una a una y les permitimos que se desenreden dentro de esa presencia de bondad que es un lugar seguro.
Si necesitamos regresar a nuestra ancla, podemos hacerlo. Si necesitas un respiro de mirar las emociones, puedes descansar tu mente en el espacio entre los sonidos y simplemente descansar.
Cuando te sientas lista, vuelves a mirar las emociones y luego vuelves a descansar en el espacio amplio.
Ahora, nos preparamos para abrir el corazón y dejar salir nuestra verdadera naturaleza de bondad para enviar bondad al cuerpo y las emociones. Esta es una invitación. Lo que habita en nuestro corazón es bondad y lo único que lo cubre es un velo.
Descorriendo el velo de la parte de enfrente del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia las emociones en esa dirección.
Descorriendo el velo de la parte derecha del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia las emociones en esa dirección.
Descorriendo el velo de la parte de atrás del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia las emociones en esa dirección.
Descorriendo el velo de la parte izquierda del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia las emociones en esa dirección.
Descorriendo el velo de la parte de abajo del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia las emociones en esa dirección.
Descorriendo el velo de la parte de arriba del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia las emociones en esa dirección.
Permitiendo que la bondad inconmensurable del corazón brille hacia tu cuerpo, emociones y más allá, sabiendo que esa bondad también quiere que todes les seres dejen de sufrir.
Y en los últimos momentos de esta meditación, enviando agradecimiento por la oportunidad de practicar.
(3 campanadas)
CHARLA
Bienvenidas nuevamente. Estamos repasando los Cuatro Fundamentos del Mindfulness como una preparación al estudio del Noble Óctuple Sendero, el camino para sufrir menos o dejar de sufrir según la tradición de budismo theravada.
La semana pasada hablábamos del primer fundamento del mindfulness o primer lugar donde establecemos la atención para meditar, que es el cuerpo y las maneras en que esta filosofía ve el cuerpo.
Hoy vamos a hablar del segundo fundamento, que es védana, que se traduce del pali como la tonalidad del sentir. A veces se le llama Mindfulness de las Emociones, aunque es un poco distinto. Cuando ya las emociones están formadas, eso es parte del Tercer Fundamento del Mindfulness, los estados mentales y emocionales. Védana es más bien el punto de nuestra psiquis donde decidimos si las experiencias que percibimos a través de los sentidos son agradables, desagradables o ni una ni la otra, lo que conocemos como neutrales. Y de este comienzo pueden surgir estados mentales y emocionales.
Y, más allá de explicarlo demasiado, vamos a hacer un ejercicio con las puertas de los sentidos: ahora una invitación estar presente a lo que percibes a través de la vista… a través de los oídos… a través del olfato… a través del sentido del gusto… a través del sentido del tacto… Y ahora hacemos otra ronda, pero esta vez vamos a añadirle un paso. Una invitación a estar presente a lo que percibes a través de la vista y observa si hay algo en tu mente o cuerpo que se inclina hacia ese objeto que estás viendo o se aleja, si le gusta o no le gusta. Tal vez sea un comentario en tu mente o una sensación del cuerpo (el cuerpo se relaja o se contrae, como diciendo, esto me gusta o esto me causa aversión).
Lo mismo con lo que percibes a través de los oídos. Presta atención a lo que percibes a través de los oídos y mira a ver si hay algo en tu mente o cuerpo que decide “este sonido es agradable o esto no me gusta”. O tal vez sea indiferente.
Repetimos el ejercicio con el sentido del olfato…
Y con el sentido del gusto…
Y con el sentido del tacto: tal vez sentir el lugar donde estás sentada, o la tela de la ropa que llevas puesta, y mira a ver si hay algo que decide “esto se siente bien o es incómodo” o ni una ni la otra.
Ahora vamos a explorar una más. Observa tu estado mental: si hay cansancio, sueño, o si estás despierta y relajada. ¿Cómo estás? Y ahora observa si hay algo que dice “esto es agradable o no me gusta, o debería sentirme de otra manera”.
Ahora, permítete regresar a la presencia de bondad que practicamos durante la meditación y vuelve a mirar tu estado mental y el mecanismo que decide “me gusta o no me gusta”.
Ahora permite que tu mente descanse en el espacio entre los sonidos, con bondad. Toma un poco de distancia del espacio de las emociones. Regresa a la presencia de bondad y una invitación a abrir los ojos para volver al salón virtual o la llamada de Zoom.
Ese mecanismo que decide “esta es una buena experiencia o una mala experiencia”, “esto me gusta; esto no me gusta” se conoce como védana. Y en la cultura Occidental en la que crecimos no nos lo enseñan porque no existe como concepto, a pesar de que prácticamente a veces dirige nuestras vidas y decide un montón de cosas en el mundo humano.
Decidimos lo que comemos o lo que vestimos o con quiénes nos relacionamos basado en el “me gusta o no me gusta”. Decidimos lo que estudiamos basado en el “me gusta o no me gusta”. Lo que más se vende o menos se vende está basado en el “me gusta o no me gusta” de los consumidores. Fíjense que es un botón en las redes sociales, el dedito hacia arriba de “me gusta” y eso puede mover información y convertir un post en algo viral.
De este punto de védana, se pueden desarrollar emociones o pensamientos. Lo que resulta agradable o el “me gusta”, puede quedarse solo en agradable, pero si no lo veo con claridad y “quiero”, aquí está la clave, en el “quiero”. Si quiero más y más y más, se puede convertir en aferramiento, codicia, en la sensación de no he tenido suficiente y quiero más. Y ahí hay insatisfacción y en la insatisfacción hay sufrimiento.
Védana es como una especie de filtro de las experiencias que percibimos a través de los sentidos. Si no nos damos cuenta de que la experiencia nos gustó o no nos gustó, tal vez no nos damos cuenta de cómo se convirtió en una emoción. Me gustó, pues hay excitación, alegría, todo es bello. No me gustó, pues hay coraje, tristeza, frustración, rumiación. Pero esas emociones y estados mentales ocurren luego de que la experiencia pasó por el filtro de védana.
¿Por qué está ahí ese filtro? Porque fue lo que nuestros ancestros utilizaron para sobrevivir. Allí está el alimento que me gusta, si voy allí, tendré qué comer. Voy a evitar este otro alimento que no me gusta y es venenoso, causa indigestión. Voy a evitar ese camino, por ahí ataca un tigre dientes de sable, etcétera. Era su manera de sobrevivir. Y todavía nos ayuda para eso: usted puede saber si un alimento está fresco o no a través del sentido del olfato, de la vista y evita comerse algo que le vaya a hacer daño. La aversión no es mala, a veces nos ayuda a sobrevivir. El deseo no es malo, a veces nos ayuda de muchas maneras.
La cuestión está en cuándo ese juicio de lo que me gusta o no está encontrado con la realidad presente de manera que no puedo ver la realidad con claridad o no puedo o quiero acoger la incomodidad, o cree que esto no debería estar pasando y entonces sufre. Cuando, por ejemplo, usted pide su postre favorito en un restaurante y resulta que se acabó: decepción, una expectativa no cumplida. O cuando a una persona le gusta alguien que no está disponible. En ambos casos, se siente la insatisfacción. Hay como un gancho que quiere seguir intentándolo pese a que el objeto o sujeto que potencialmente podría satisfacer ese antojo no está disponible. Esto es aferramiento. Y el aferramiento no está en la experiencia externa, sino en la experiencia interior.
El antídoto para dejar de sufrir es dejar ir el aferramiento o reconocer nuestra frustración o tristeza por la expectativa no cumplida, o incluso ver lo que está detrás de esos sentimientos: quizás cansancio, soledad. Y acoger lo que esté sufriendo en nosotres con bondad. La bondad es clave. Porque somos humanas y vivimos en un mundo complejo y sí hay necesidades básicas que necesitamos satisfacer para sobrevivir. Esta práctica no nos exige que nos convirtamos en santas ni beatas y no tengamos ninguna necesidad. Somos humanas. Lo importante es ver qué parte del sufrimiento añado yo o mi sistema interno y cómo me puedo ayudar, apoyar. Sin juicios y con bondad. Esa mirada compasiva a nuestra humanidad es importante que esté presente. Porque la mirada compasiva al dolor es el principio del fin del sufrimiento. Ah, mira, estoy triste porque se acabó el postre. Pero estoy pasando un buen rato con gente que quiero: cambiar el foco. ¿Lo ven?
La aversión es lo mismo, pero del otro lado. Es querer que la experiencia sea distinta. La aversión dice “no quiero esta experiencia”, “no quiero que haga calor”, “no quiero que un ser querido ser muera”. Es el mismo “yo quiero” pero con el no. Y también se siente en el cuerpo como algo que empuja la experiencia. Igual que si nos sirven comida que está dañada y nos echamos hacia atrás. Pues en el caso de la comida, la aversión nos ayuda a sobrevivir. Pero si es un huracán, y nos quedamos en que “no quiero esta experiencia”, y no hacemos nada para protegernos, entonces estamos en negación y vamos a sufrir. O tal vez hay un ser querido que está muriendo y no podemos acoger la experiencia de esa partida y ese duelo. Tenemos el corazón contraído o tal vez cerrado. Y sufrimos. La idea no es que nos condenemos por no tener el espacio emocional, porque a veces son experiencias muy difíciles, y a veces no estamos listas para enfrentarlas. Pero si nos damos cuenta, porque el mindfulness se trata de darnos cuenta… si se da cuenta de que la realidad va por un lado y su estado interior va por otro y eso le pone en una situación de vulnerabilidad o sufrimiento, entonces será capaz de activar esa bondad abarcadora y decir: “Ok. Esto está pasando y yo no quiero la experiencia, pero necesito actuar. Necesito que estas emociones tengan un espacio de bondad para ser procesadas para yo poder responder de manera responsable”.
Fíjense que hoy hicimos dos ejercicios: el de acoger las emociones cuando ya están ahí (usualmente no estamos pendientes a védana, sino que vemos el proceso cuando la emoción ya apareció) y el de estar presentes cuando filtramos la experiencia y nos damos cuenta “esto no me gustó o esto sí me gustó”.
Miren, y es algo que podemos practicar. Hay experiencias que van con la suficiente lentitud como para que usted se dé cuenta: “Esto no me está gustando”. Y a lo mejor puede anticipar lo que podría pasar según se alineen las condiciones, porque eso es lo que hace nuestro cerebro para que sobrevivamos. Lo importante es ver cuando lo llevamos al extremo: la preocupación al extremo, por ejemplo. Ya con esto estamos entrando en los estados mentales.
Unos minutos de prestar atención antes de sonar la campana final.
(3 campanadas)

