El nido en la ventana

Diálogo entre un pájaro y yo

Crédito de la foto: pexels-jay-brand-1763356224-36646411

Llegaba de esos caminos
y muy triste me encontraba,
pues árboles ya no habían
y pocos los que quedaban.
Se me presentó esa noche
una situación extraña:

Un pajarillo llegó a mi ventana.
Desconsolado, miraba en mi cama.
Me llamó y pidió permiso
para hacer su nido en mi ventana.
Le dije, pues, a tan honrosa visita:

—¿Por qué prefieres este lugar?
Hermosos sitios tu nido ha de desear.

—Cuánto quisiera poder formar
un nido tan bello en otro lugar,
pero es que los hombres
se han dedicado a derrumbar
mi hermoso hogar.
Los árboles, todos, ocupados están.
Y los que quedan, ya los cortarán.

—Pero, ¿tan grave estás?
Ven y pasa adelante
para que tu historia termines de contar.

—He recurrido a ti en este momento.
Solo y desconsolado me siento;
de los seres vivos escucho el lamento
hablo por ellos; los escucho desde adentro.

Mientras tanto, yo miraba
con mucha pena y esperaba
a que el hermoso emplumado
su historia me contara.

—Hace muchos años atrás
antes de que tú nacieras
nuestros parientes vivían
en estas hermosas tierras.
No había llegado el hombre todavía.
Todo era virgen, salvaje;
y fue llegando el hombre
y con él, de esta tierra el desenlace.
No nos tomaron en cuenta.
Empezaron a destruir,
tratamos de discutir
por nuestra vida, por nuestra tierra,
por el afán de vivir
en paz y armonía, sin guerras.
Nadie nos escuchó.
La nada nuestro bosque se llevó,
y con él, nuestro corazón.
¡Han destruido mi hogar!
                                    ¿Comprendes?
                                    ¿Lo entiendes?

—Quisiera poder regresar
el tiempo y hacia atrás
volver; para poder devolverte
tu mundo, tu sueño, tu hogar
y así feliz volver a verte.
Ojalá este deseo te pudiera otorgar.
Mientras tanto, con esta realidad,
haz tu nido en mi ventana,
y también todos los que quieran.
Los acogería a todos,
los seres vivos de la Tierra,
y que vuelvan a vivir
como antes en su hogar.

Hizo pues el pajarillo
su nido en mi ventana.
Ojalá un árbol existiese
y sus ramas le dejara
.

(1992)

Cuando tenía 15 años, un pájaro se posó en mi ventana y estuvo mucho rato mirándome mientras estudiaba en mi cama.

Desde mis 7 años, prácticamente todo el vecindario de esa zona urbana se dedicó a cortar los enormes árboles de caoba dominicana, úcar y otras especies enormes que el constructor había insistido en sembrar allí después de haber instalado todo aquel cemento.

—¿Por qué cortan todos los árboles? —pregunté, mientras la calle se iba quedando desnuda de verde y el sol quemaba directamente sobre nuestras cabezas.

—Porque levantan las aceras y la gente se puede caer.

Eso no tenía sentido para mí. Yo subía y bajaba de lo más bien en mi bicicleta por las colinas casi planas creadas por las raíces. Hasta me resultaba divertido.

No quiero que corten los árboles, pensaba y quería gritarlo.

Ese fue mi primer duelo. Ellos no escuchaban gritar a los árboles. Tampoco a mí.

Pero sí escuchaban a la señora sobrealimentada que se levantaba a refunfuños de la cómoda butaca de su sala para salir a insultar al caobo de su vecina que llenaba de hojas su marquesina, antes de agarrar la escoba para barrerlas otra vez.

Hasta que mataron al árbol. Más duelo. Menos verde. Más calor.

Cuando me visitó el pájaro, lo entendí de inmediato. Ya no había dónde hacer nidos.

En la escuela, iba descubriendo el refugio de escribir poesía, animada por una maestra que recitaba poemas de memoria: extractos de los dramaturgos poetas del Siglo de Oro, los diálogos, las coplas, las décimas. Yo quedaba fascinada por cómo se podía contar una historia con rimas.

Más de 30 años después, leo este poema y me sorprenden varias cosas. Las expongo aquí como una manera de honrar a mi adolescente insomne, que merecía que este poema se leyera entonces:

  • Era muy joven cuando tuve muy claro el problema de la destrucción ambiental.
  • Aprendí con alegría a escribir versos para la causa ecológica, lo cual también servía como una catarsis para la destrucción que veía a mi alrededor:
    • La estructura es el verso libre. Aunque no tiene una métrica rígida (como un soneto), tiene elementos rítmicos muy marcados.
    • Hay estrofas irregulares, algunas son cuartetos (4 versos), otras son quintetos (5 versos) y hay secciones más largas de hasta 18 versos. Eso permite que el poema respire según la intensidad del mensaje ecológico.
    • Tiene una rima asonante esporádica: riman las vocales, pero no las consonantes.
    • Está construido como un diálogo dramático. Los guiones largos (—) ayudan a diferenciar las voces entre la adolescente y el pájaro, similar a una fábula o una pequeña pieza teatral.
    • Utiliza el encabalgamiento (continuar una frase en el siguiente verso) para crear un sentido de urgencia, especialmente cuando el pájaro describe la destrucción de los árboles:
  • Aprendí las figuras literarias con rapidez:
    • Personificación o prosopopeya: El pájaro tiene facultades humanas como el habla y sentimientos (soledad, desconsuelo, memoria). Se rompe la barrera entre lo humano y la naturaleza y hay empatía hacia el ser que sufre.
    • Metáfora: Comparaciones implícitas para dar mayor peso emocional al relato:
      • “La nada nuestro bosque se llevó”: La “nada” es una metáfora del vacío y la destrucción total causada por la deforestación.
      • “De esta tierra el desenlace”: Una comparación del fin de un ecosistema con el final trágico de una pieza de literatura.
      • “Nuestro corazón”: La naturaleza no es algo externo, sino el centro vital de la existencia de los animales.
    • Hipérbole (Exageración): Para enfatizar la magnitud del desastre: “Los árboles, todos, ocupados están”. Resalta la falta crítica de espacio natural y muestra la desesperación del pájaro.
    • Simbolismo: La ventana no es solo un lugar físico; simboliza la frontera entre el mundo humano y el mundo natural. Que el pájaro pida permiso para anidar allí significa que el ser humano ha invadido tanto el espacio de la naturaleza, que ahora la naturaleza no tiene más remedio que refugiarse en el reducido espacio que el humano le concede.

¡Gracias a mi adolescente de 15 años por tan hermoso y profundo poema! La honro, la apoyo y le agradezco que ya tenía la brújula puesta en la dirección de la ecología.

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