A mi madre, en su penúltimo cumpleaños

Al continuar las reparaciones a mi adolescente insomne, encuentro entre sus poemas el primero que le escribi a mamá, sin saberlo, en su penúltimo cumpleaños. Salió publicado en el periódico del colegio, Reflejos.

Si las flores dejaran de tener colores
y los luceros dejaran de brillar amores,
gritaría el nombre MADRE.
El viento se llevaría mis palabras;
y, si en el fin del universo las soltara,
allí comenzarían a florecer luceros
y a brillar flores blancas.
Más, ¿cuánto ha podido pasar,
sin que te diga «te quiero»?
Y todo es para que no se rompa
la armonía del Universo,
del tuyo y el mío.

3 de abril de 1993

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