Meditación y charla para desarrollar bondad para los estados de la mente

Para ver la grabación, oprime aquí:

INTRODUCCIÓN

La película animada “Inside Out” presenta a una niña, Riley, y el mundo emocional de su cerebro a través de varios personajes. Uno de esos personajes se llama “Desagrado” y en un momento de la película la protege de comer brócoli porque es un vegetal que huele fuerte. El papá de Riley se inventa el juego de que el bocado de comida es un avión y Riley se come el brócoli.

En la película, hay otras interacciones importantes en términos de las emociones y los estados mentales. El drama de la historia se desarrolla y profundiza cuando Riley tiene una crisis emocional debido a una mudanza que la lleva lejos de su comunidad, escuela y amistades.

En términos de nuestras emociones y estados mentales, la historia muestra dos cosas importantes: hay emociones o estados mentales de nuestro sentido del ser que son protectores y otros estados mentales o emociones que son vulnerables. A veces hemos escuchado que estas partes internas son “saboteadores” o un “obstáculo” para nuestra felicidad o paz mental y hay que “sacarlos del medio”.

Pero la práctica que propongo es poder desarrollar una perspectiva abarcadora, bondadosa y ecuánime que pueda mirar nuestras interacciones interiores con sabiduría y sin juicios negativos, para comprender que algunas partes protegen con fuerza aquellas otras partes que han sido heridas o vulnerables; y que la extirpación o juicio hacia las partes protectoras no constituye un proceso sabio, sino una capa más de supresión o sufrimiento.

¿Cómo podemos apoyar nuestra experiencia interior, mirar todas nuestras partes con entendimiento, sabiduría y bondad?

Les dejo esta meditación y charla. Que sea de beneficio para su práctica.

Con bondad,

Yaisha


MEDITACIÓN GUIADA

En la meditación de hoy, repasamos brevemente los puntos de descanso en la realidad presente —la respiración, el cuerpo, los sonidos y el espacio— y luego vamos a prestarle atención al cuerpo y a las emociones con una presencia de bondad y amor.

(1 campanada)

Comenzamos con una invitación a tomar varias respiraciones profundas, como una transición del ruido al silencio.

Una invitación a encontrar la postura que funcione para ti. Que te permita mantenerte alerta y cómoda al mismo tiempo. Estructura en el cuerpo y ternura en el interior.

Si funciona para ti, puedes cerrar los ojos.

Ahora, una invitación a reposar la atención en el punto de la realidad presente que funcione para ti: la respiración, el cuerpo, los sonidos de ambiente o el espacio entre los sonidos. Puedes explorar uno a la vez hasta que encuentres lo que funciona.

Si la mente se distrae, eso es normal, simplemente regresa al punto de descanso en la realidad presente que funcione para ti.

Si en cualquier momento de la meditación te pierdes, simplemente regresa a este punto y comienza nuevamente. No hay nada que hacer con prisa. No hay ningún lugar al que ir con prisa. Estar aquí y ahora es suficiente.

Ahora, una invitación a traer algo a tu mente que evoque la bondad. Puede ser una persona bondadosa en tu vida. Puede ser una mascota o un ser de la naturaleza. Puede ser el amor divino. Permite que esa presencia de bondad toque tu corazón y se expanda hasta ser más grande que tú.

Ahora, una invitación a llevar la bondad y la ternura en la respiración. Inhalando con bondad dentro de tu cuerpo. Exhalando estrés.

Ahora, una invitación a llevar bondad a todo el cuerpo. Con una presencia bondadosa, lleva tu atención al área de la cabeza. Permite que cualquier energía de estrés se derrita, abandone tu cuerpo. Tal vez lo haga a través de la respiración. Permítelo, deja ir.
Una invitación a poner atención al área del cuello, con una mirada suave y bondadosa. Dejando ir el estrés.

Una invitación a llevar una atención bondadosa al área del pecho. En los brazos. En las manos. En el área del abdomen. En la parte baja del abdomen. En las piernas. En los pies. Dejando ir el estrés.

Permitiendo que la presencia de bondad abarque todo tu cuerpo, se convierta en algo más grande que tu cuerpo y lo acoja, lo abrace. Que tu cuerpo tenga un refugio en esta presencia de bondad. Que regresar a esta presencia sea regresar a ti misma.

Ahora, una invitación a prestar atención a la parte de tu cuerpo donde sientes las emociones, a llevar la presencia de bondad que has cultivado al área donde sientes las emociones. Tal vez sea en el pecho o en el abdomen o en alguna otra parte de tu cuerpo. Observando si hay alguna energía de emociones ahí. ¿Puedes identificar cómo se siente la energía de las emociones en tu cuerpo? Tal vez como presión o espacio, o como agua si es tristeza; fuego, si es coraje; electricidad y aire si es ansiedad; o como tierra si es estabilidad… Sin juzgar ninguna emoción como buena o mala.

Respirando bondad dentro del espacio emocional, no como una manera de deshacerse de las emociones incómodas, sino como una manera de acompañarlas sin juicio, escuchando qué necesitan. Observándolas y regresando a la presencia de bondad.

Algunas emociones llegan en cúmulos, es más de una. Las escuchas una a una y les permites que se desenreden dentro de esa presencia de bondad que es un lugar seguro.

Si necesitas regresar a tu ancla, puedes hacerlo. Si necesitas un respiro de mirar las emociones, puedes descansar tu mente en el espacio entre los sonidos y simplemente descansar en el ancla.

Cuando te sientas lista, vuelves a mirar las emociones y luego vuelves a descansar en el espacio amplio.

Las emociones protectoras se sienten como un escudo, tal vez como dolor o tensión. Puedes dejarles saber que estás ahí como una presencia de bondad y preguntarles qué necesitan. Si encuentras alguna emoción vulnerable, puedes decirle que las estás viendo, que le ofreces una presencia de bondad, protección y amor.

Ahora, nos preparamos para abrir el corazón y dejar salir nuestra verdadera naturaleza de bondad para enviar bondad al cuerpo y las emociones. Esta es una invitación. Lo que habita en nuestro corazón es bondad y lo único que lo cubre es un velo.

Descorriendo el velo de la parte de enfrente del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia tu propio cuerpo y emociones en esa dirección.

Descorriendo el velo de la parte derecha del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia tu propio cuerpo y emociones en esa dirección.

Descorriendo el velo de la parte de atrás del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia tu propio cuerpo y emociones en esa dirección.

Descorriendo el velo de la parte izquierda del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia tu propio cuerpo y emociones en esa dirección.

Descorriendo el velo de la parte de abajo del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia tu propio cuerpo y emociones en esa dirección.

Descorriendo el velo de la parte de arriba del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia tu propio cuerpo y emociones en esa dirección.

Permitiendo que la bondad inconmensurable del corazón brille hacia tu cuerpo, emociones y más allá, sabiendo que esa bondad también quiere que todes les seres dejen de sufrir.

Y en los últimos momentos de esta meditación, enviando agradecimiento por la oportunidad de practicar.

(3 campanadas)


CHARLA

Bienvenidas nuevamente. Estamos repasando los Cuatro Fundamentos del Mindfulness como una preparación al estudio del Noble Óctuple Sendero, el camino para sufrir menos o dejar de sufrir según la tradición de budismo theravada.

En la sesión anterior hablábamos del Segundo Fundamento del Mindfulness o lugar donde establecemos la atención para meditar, que es védana, o nuestra capacidad para notar si una experiencia es agradable o desagradable, antes de que se convierta en un estado mental o en una emoción.

Cuando ya las emociones están formadas, eso es parte del Tercer Fundamento del Mindfulness, los estados mentales y emocionales, que es lo que vamos a ver hoy. Y si no han visto el video sobre el Segundo Fundamento, védana, les hago una invitación amable a que lo exploren para que les ayude a entender mejor el Tercer Fundamento, que es de lo que hablamos hoy.

Aunque en la tradición existe el ideal de que es mejor ver nuestra primera respuesta a una experiencia estando pendiente a la capacidad de védana, la realidad es que ocurren tantas cosas a lo largo del día o de la vida que tal vez no sea posible mirarlas todas con absoluto detenimiento porque estamos viviendo. Necesitamos resolver problemas y atender necesidades, ganarnos la vida, etcétera.

Por lo tanto, muchas veces ya estamos inmersas en un estado emocional o mental cuando ni siquiera vimos el primer contacto de nuestra mente con esa experiencia a través de las puertas de los sentidos ni nuestra respuesta inmediata de si es agradable o desagradable.

¿Qué hacemos entonces? El maestro zen Thich Nhat Hanh sugiere que atendamos nuestros estados mentales o emocionales de sufrimiento con la misma atención y ternura que atenderíamos a un niño que llora. Lo acogemos, verificamos si tiene hambre, sueño, necesita que le cambien el pañal, etcétera.

Es importante acercarnos a este estado mental sabiendo que somos la presencia abarcadora de bondad y ternura, y no una presencia de crítica y juicio. Si ese estado mental se siente seguro, posiblemente se abra a mostrar por qué está ahí y qué necesita. Tal vez tenga espacio para desenredarse y veamos el fin de ese sufrimiento.

Es como ver un pequeño pájaro que está sufriendo y lo tomamos en la mano y la dejamos entreabierta con ternura para que, cuando el pájaro se sienta mejor, pueda volar. Si apretamos demasiado fuerte, el pájaro se asfixia. Si dejamos la mano plana, el pájaro se cae cuando no está listo para volar.

A veces, cuando descubrimos alguna emoción o estado mental de dolor, y tratamos de acercarnos, notamos que es una pared que no nos deja ver nuestra experiencia con claridad. En ese caso, podemos asegurarle que hay suficiente amor y bondad para recibir su experiencia. Podemos preguntarle qué está protegiendo y qué necesita alivio.

A lo mejor es algo poco complicado y lo podemos acoger en nuestra presencia de bondad. Tal vez nos ayude tener una conversación con ese estado mental o emocional escribiendo en una página en blanco y dándole espacio. Tal vez nos ayude a hablar con otra persona sobre qué sensaciones guardan nuestro cuerpo, mente y emociones y esa persona, que idealmente pueda estar capacitada para hacernos preguntas que nos guíen a ayudar esa parte de nosotras a dejar de sufrir. A veces ayuda pintar el proceso, escribir una historia, hacer algún tipo de arte.

Y a veces hay que hacer el proceso en más de una ocasión, a medida que vayamos profundizando en nuestra relación con nosotras mismas. Hay personas que no tuvieron el ejemplo de un adulto que los escuchara con esa paciencia cuando eran niñes, así que buscamos ejemplos en nuestro diario vivir. Pero en algo sí creo. Es posible acogerse con bondad aunque la persona no haya tenido ese ejemplo de amor y bondad. Pensemos que haríamos lo mismo por una persona que amamos o por un animal de compañía que queramos mucho.

Podemos practicar con algo pequeño y luego seguir ayudándonos. Meditar se trata de acoger la complejidad de nuestra experiencia humana y aliviar nuestro propio sufrimiento.

Unos minutos de prestar atención antes de sonar la campana final.

(3 campanadas)

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