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Por Yaisha Vargas Pérez
MEDITACIÓN GUIADA
En la meditación de hoy, vamos a repasar los puntos de descanso en la realidad presente —la respiración, el cuerpo, los sonidos y el espacio—. También voy a proponer observar qué ocurre cuando nos distraemos. Hacia dónde se va la mente cuando no estamos en ese punto de descanso. Y qué podemos observar de nosotras mismas y de nuestro comportamiento mental. En esta práctica prestamos atención, pero también mantenemos una actitud bondadosa hacia nuestra experiencia humana.
(1 campanada)
Una invitación a tomar varias respiraciones profundas, como una transición del ruido al silencio.
Una invitación a encontrar la postura que funcione para ti. Que te permita mantenerte alerta y cómoda al mismo tiempo. Estructura en el cuerpo y ternura en el interior.
Si funciona para ti, puedes cerrar los ojos.
Ahora, una invitación a reposar la atención en la respiración. Sintiendo el aire que entra en el cuerpo. Sintiendo el aire que sale del cuerpo. Siguiendo el hilo de la respiración desde la nariz, pasando por la garganta, llegando a los pulmones y de regreso. Poco a poco. Añádele ternura y bondad a la respiración. No hay que ir a ningún lugar con prisa. No hay que hacer nada ahora mismo con prisa. Estar aquí y ahora, respirando, es suficiente.
Si la mente se distrae, eso es normal. Simplemente regresa a la respiración. Disfruta la respiración.
Lleva la bondad y la ternura en la respiración. Respírate con bondad.
Ahora, una invitación a explorar el ancla del cuerpo. Con una presencia bondadosa, lleva tu atención al área de la cabeza. Permite que cualquier energía de estrés se derrita, abandone tu cuerpo. Tal vez lo haga a través de la respiración. Permítelo, deja ir.
Una invitación a poner atención al área del cuello, con una mirada suave y bondadosa. Dejando ir el estrés.
Una invitación a descansar la atención en el área del pecho. En los brazos. En las manos. En el área del abdomen. En la parte baja del abdomen. En las piernas. En los pies.
Puedes ir más profundo en los tejidos del cuerpo si deseas. Regresando al área de la cabeza, puedes prestar atención a la frente, y al tejido detrás de la frente, al cerebro, a la bola de los ojos, a la parte de atrás de la bola de los ojos, a los pómulos, a los dientes de arriba, a la mandíbula, a los dientes de abajo, descansando la lengua en la parte de abajo de la boca con la quijada relajada. Puedes prestar atención a los hombros, a la parte de arriba de la espalda, a la columna vertebral desde el cuello hasta la parte lumbar y sacral, a las sentaderas, a la parte de atrás de las piernas, a los talones y la planta de los pies. Puedes prestar atención a los deditos de los pies.
Prestando atención a todo el cuerpo.
Ahora, una invitación a prestar atención a los sonidos de ambiente. ¿Qué sonido hay cerca? Tal vez sea el ir y venir de los automóviles. Tal vez un abanico. Coquíes, grillos, el viento que sopla las hojas. O tal vez pájaros o voces de gente en la lejanía. ¿Puedes anclar la atención en los sonidos?
Ahora, ¿puedes percibir que hay espacio entre un sonido y otro? ¿Puedes percibir que hay espacio entre las cosas que hay en tu habitación? ¿Que lo más que hay es espacio? Puedes permitir que tu mente salga por la ventana hacia afuera y llegue más lejos y vea que hay mucho espacio? Descansando la atención en el espacio. Descansando la atención en el espacio…
Y poco a poco, regresando desde allá, prestando atención a los sonidos más cercanos. Y ahora al cuerpo. Y ahora a la respiración.
Regresando a ti misma.
Y ahora, ¿cuál de estas cuatro anclas o puntos de descanso en la realidad presente funcionó mejor para ti? Descansa ahí, donde fue más fácil. Puede ser más de un ancla.
Ahora, una invitación a prestar atención al momento en que tu mente se distrae. Tal vez te das cuenta cuando ya estás distraída. Y en el momento en que te das cuenta, ya estás de vuelta. ¿Puedes recordar hacia dónde se fue tu mente? ¿Acaso es algo relacionado con tu propio sentido del ser o algo relacionado con tus seres queridos? ¿Acaso hay preocupación, angustia, ansiedad o alguna planificación o anticipación ……? ¿Tal vez alguna actitud de protección por parte de tu mente?
Nuevamente, cuando la mente se distraiga, observa a dónde se va.
Y otra vez.
Ahora, nos preparamos para abrir el corazón y dejar salir nuestra verdadera naturaleza de bondad. Esta es una invitación. Lo que habita en nuestro corazón es bondad y lo único que lo cubre es un velo.
Descorriendo el velo de la parte de enfrente del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia todos los seres en esa dirección.
Descorriendo el velo de la parte derecha del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia todos los seres en esa dirección.
Descorriendo el velo de la parte de atrás del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia todos los seres en esa dirección.
Descorriendo el velo de la parte izquierda del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia todos los seres en esa dirección.
Descorriendo el velo de la parte de abajo del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia todos los seres en esa dirección.
Descorriendo el velo de la parte de arriba del corazón, permitiendo que la luz de la bondad brille hacia todos los seres en esa dirección.
Permitiendo que la bondad inconmensurable del corazón brille hacia todos los seres.
Y en los últimos momentos de esta meditación, enviando agradecimiento por la oportunidad de practicar.
(3 campanadas)
CHARLA
Cuenta un famoso relato que una persona buscaba un objeto de valor en la acera, de noche, justo debajo de un farol. Se había agachado y casi gateaba para encontrarlo.
Otra persona se acercó y le preguntó: —¿Qué busca?
—He perdido mis llaves.
La segunda persona miró y no vio nada: —¿Las perdió justo aquí?
—No, pero aquí porque es donde está la luz.
Usualmente, cuando sufrimos es porque hemos perdido algo: la salud, la juventud, a un ser amado, la confianza en nosotres o en otres, el rumbo en la vida, nuestra identidad laboral o profesional, la vida como la conocíamos por algún evento súbito, etcétera.
Tal vez hayamos buscado respuestas donde algo nos ofrezca luz: oraciones, afirmaciones, ejercicio físico o leyes o preceptos de alguna filosofía. Tal vez lo intentamos mucho y, si seguíamos sufriendo, a lo mejor escuchamos que no lo estábamos haciendo bien.
Está bien buscar algo que nos ayude si nos da consuelo y esperanza.
Sin embargo, esta práctica propone mirar la naturaleza de la vida y los procesos naturales de manera bastante «desnuda»: que todos los seres vivos somos transitories, que el tiempo de vida es limitado, que hay un arco de vida, que todo cambia todo el tiempo. Que el sufrimiento se forma en nosotres cuando interpretamos esos procesos como que «no deberían estar pasando» o es culpa nuestra porque no lo hicimos bien. Si bien es cierto que existen las causas y las consecuencias y podemos sembrar causas (en forma de acciones, palabras y pensamientos) que nos ayuden a no sufrir, no podemos escapar del envejecimiento, la enfermedad y la muerte.
Al enfatizar esto, el budismo no está tratando de ser negativo. Está tratando de ser realista. Está diciendo: «Claro que podemos ser optimistas, siempre y cuando ese optimismo esté basado en la realidad y tenga los pies en la tierra».
Y dentro de esta práctica, hay una gran noticia. En medio de un mundo caótico donde hay sufrimiento, envejecimiento, enfermedad y muerte, es posible navegar las circunstancias de una manera equilibrada (que no es lo mismo que indiferente), y tener paz y una alegría apacible, cuando practicamos cultivar nuestra mente y nuestro corazón para madurar y ser personas sabias y ecuánimes.
Eso no solo nos beneficia a nosotres, sino también a muchos otros seres.
Les ofrezco esta práctica para presentar el Noble Óctuple Sendero en la tradición theravada del budismo. Utilizaremos algunos libros cuyas lecturas son opcionales y ofreceremos prácticas sencillas para cada semana. El propósito es que podamos descubrir cómo funciona nuestra mente y por qué sufre—según ha sido programada por las narrativas familiares, educativas, religiosas, espirituales, sociales y políticas— y cómo podemos caminar un sendero que nos ayude a sufrir menos, a dejar de sufrir y a traer alivio al sufrimiento en el mundo.
En esta práctica encontramos un sentido de satisfacción, de plenitud, al practicar maneras sabias de actuar en el mundo, de pensar, de intencionar, de hablar, de ver la vida y las circunstancias en las que estamos. O sea, que hay mucho que podemos hacer para crear causas que generen efectos que influyan en nuestra calidad de vida física, mental y emocional. Es una gran noticia que, pese al sufrimiento que viene de afuera de nosotras mismas, hay mucho que podemos hacer para crear una vida interior satisfactoria. Por eso, en el Noble Óctuple Sendero hablamos de desarrollar una visión sabia, intenciones sabias, una narrativa sabia, acciones sabias, modos de vida sabios, esfuerzos sabios, una forma sabia de meditar y una manera sabia de equilibrar nuestra mente.
Mucha gente llega a esta práctica en momentos de sufrimiento intenso, cuando lo demás que han intentado no funciona y no logran ver por qué siguen sufriendo. A lo mejor su vida interior está deteriorada y no saben cómo salir del enredo. A veces están en duelo y quieren que acabe rápido y se frustran porque no lo pueden controlar.
Para mí fue un gran consuelo, cuando llegué a esta práctica, que me explicaran que no había nada erróneo conmigo porque estaba sufriendo. No era un defecto personal. Estaba en duelo y no podía controlar ese proceso, pero podía aprender a acompañarme, con mucha compasión y bondad, entendiendo los procesos de la naturaleza, entendiendo los procesos de la mente, comprendiendo cómo se forma el sufrimiento y cómo podemos sufrir menos o dejar de sufrir.
Acercarse a la naturaleza —al bosque, a la playa, a algún proceso de conservación— puede ser un gran refuerzo para acompañar a esta práctica de meditación. Reduce el sentido de separación y soledad. Nos ayuda a hacer amistad con la manera en que la naturaleza es. Vamos comprendiendo que la transitoriedad, la impermanencia de las cosas, las pérdidas, los duelos, no son procesos que nos ocurren a nosotras solamente, y aprendemos no tomarlo tan personal.
Al mismo tiempo, aprendemos que hay cierto sentido de igualdad en todes los seres de la naturaleza, al comprender que todes sufrimos, que todas vivimos momentos de transitoriedad y pérdida, que todos pasamos por momentos difíciles de aferramiento en los cuales no sabemos qué hacer y nos sentimos perdidos. Y eso, si lo miramos con sabiduría, nos puede ayudar a generar compasión por nosotres y todos los seres. Y ahí hay mucha liberación.
Esta semana, la invitación es seguir practicando la meditación de buscar el punto de descanso en la realidad presente y cuando nos distraigamos, mirar con curiosidad a qué parte de nuestro sentido del ser nos distraemos. ¿Qué está tratando la mente de proteger?
Muchas gracias por su práctica.
(3 campanadas)

