Meditación y charla: Intención sabia, parte 1

Por Yaisha Vargas Pérez

MEDITACIÓN GUIADA

En la meditación de hoy, vamos a practicar la intención de bondad y la tranquilidad hacia las partes del cuerpo, sobre todo si hay estrés. Vamos a explorar qué significa eso de tener una intención de bondad hacia el cuerpo. Vamos a ir relajando el área de la cabeza por partes, pues es tal vez la parte de nosotras que más se carga con el ajoro y la prisa del día a día.

Si, en cualquier momento, tu mente necesita otro punto para descansar en la realidad presente, puedes utilizar la respiración, los sonidos de ambiente, el espacio entre los sonidos o alguna parte del cuerpo, o cualquier ancla que funcione para ti.

(1 campanada)

Una invitación a tomar varias respiraciones profundas, como una transición del ruido al silencio.

Una invitación a encontrar la postura que funcione para ti. Que te permita mantenerte alerta y cómoda al mismo tiempo. Estructura en el cuerpo y ternura en el interior.

Si funciona para ti, puedes cerrar los ojos.

Ahora, una invitación a traer a tu mente a una persona que quieres mucho y a quien quieras enviarle tranquilidad y paz. Puedes enviarle ese deseo de bondad en tu mente: Que seas feliz. Que tengas salud. Que estés protegida. Que tengas paz.

¿En qué parte de tu cuerpo sientes esa tranquilidad?

Ahora, una invitación a llevar esta bondad y tranquilidad al área de la cabeza. Respirando en el área de la cabeza con bondad y calma. Deseándola a tu cabeza, que tenga paz y tranquilidad.

Ahora, una invitación a generar bondad hacia el área del rostro. Puedes verbalizarlo en tu mente: que todas las partes de mi rostro estén tranquilas y en paz.

Una invitación a llevar esta bondad y tranquilidad al cuero cabelludo y a exhalar estrés…

a la piel en la frente y exhalando estrés…

al hueso de la frente…

a los párpados…

a la bola de los ojos…

a la parte de atrás de los ojos…

a la sien…

al área debajo de los ojos…

a los pómulos…

a la nariz (sintiendo cómo el aire entra por la nariz y sale por la nariz) …

a las orejas… a la parte de arriba de las orejas…

a la parte de abajo de las orejas…

a la parte de atrás de las orejas…

a la quijada, la quijada superior…

la quijada inferior…

al cielo de la boca…

a la parte de abajo de la boca…

a la lengua…

a los dientes…

Y ahora, poco a poco…

a la parte de atrás de la cabeza…

el cuero cabelludo…

el cerebro…

la nuca…

la parte de atrás del cuello…

la base del cuello…

Ahora, generando una intención de bondad hacia el torso. Puedes verbalizarlo en tu mente: Que todas las partes de mi torso estén tranquilas y en paz.

Enviando tranquilidad a la columna vertebral, la espalda

la parte de enfrente del cuello…

la garganta…

sintiendo cómo el aire pasa por la garganta.

Una invitación a llevar bondad y calma al área del cuello y los hombros, con una mirada suave y bondadosa. Dejando ir el estrés.

Una invitación a llevar bondad y calma a los brazos. A las manos. A las palmas de las manos. Llevando bondad al pecho. A los costados. Al área del abdomen. A la parte baja del abdomen. A las piernas. A los pies.

Prestando atención a todo el cuerpo.

Ahora, una invitación a generar bondad hacia tu parte emocional. Puedes verbalizar en tu mente, si quieres: que todas mis emociones tengan tranquilidad y paz.

Ahora, llevando bondad y calma a tu parte emocional. Ya sea que sientas tus emociones en el pecho, en la cabeza, en el abdomen, en alguna otra parte. Lleva bondad a esa parte donde procesas sentimientos, donde sientes el amor por otres seres.

Enviando bondad y calma a la parte de ti que siente emociones, que se conmueve.

Y ahora, enviando bondad y calma a la parte de ti donde sientes la actividad de pensar. Puedes verbalizar en tu mente: que mis pensamientos lleven tranquilidad y paz.

Ahora, nos preparamos para abrir el corazón y dejar salir nuestra verdadera naturaleza de bondad. Esta es una invitación. Lo que habita en nuestro corazón es bondad y lo único que lo cubre es un velo.

Abriendo la parte de enfrente del corazón, enviando bondad y paz hacia todos los seres en esa dirección.

Abriendo la parte derecha del corazón, enviando bondad y paz hacia todos los seres en esa dirección.

Abriendo la parte de atrás del corazón, enviando bondad y paz hacia todos los seres en esa dirección.

Abriendo la parte izquierda del corazón, enviando bondad y paz hacia todos los seres en esa dirección.

Abriendo la parte de abajo del corazón, enviando bondad y paz hacia todos los seres en esa dirección.

Abriendo la parte de arriba del corazón, enviando bondad y paz hacia todos los seres en esa dirección.

Permitiendo que la bondad y paz infinitas del corazón brillen hacia todos los seres.

Y en los últimos momentos de esta meditación, enviando agradecimiento por la oportunidad de practicar.

(3 campanadas)


CHARLA

Hoy comenzamos a estudiar el segundo factor del Noble Óctuple Sendero: Intención Sabia o Correcta.

Comienzo con un relato:

Los relatos o cuentos játaka son narraciones budistas que cuentan las vidas anteriores del Buda antes de alcanzar la iluminación.

Uno de ellos muy conocido narra la historia de un periquito que vive en un bosque. Cae un rayo sobre un árbol muerto y comienza un gran fuego. Los animales comienzan a huir despavoridos y el periquito da la voz de alerta:

—¡Corran hacia el río!


Cuando llega al río para estar segura, se da cuenta de que hay otros animales atrapados entre las llamas y no pueden salir. Se compadece y tiene la idea de lanzarse al río para mojarse y recoger agua en su pequeño pico. Vuela de regreso al bosque, desafiando las llamas y cuando encuentra lo peor del fuego, deja caer el agua de su pico y se sacude las plumas para dejar caer algunas gotas.

Hizo esto varias veces, soportando el calor y el humo. Las gotas se desvanecían de inmediato en vapor.

En ese momento, pasaron por el cielo algunos de los devas, dioses de un reino feliz, que estaban flotando en sus palacios de nubes, construidos en oro y vieron al periquito volando hacia las llamas y dejando caer sus gotas de agua. Comenzaron a reírse y a decir:

—¡Miren ese pájaro tonto! Está tratando de apagar un fuego rociando apenas un poco de agua. ¡Qué absurdo y ridículo!

Uno de esos dioses no se rió, sino que tomó la forma de un águila y voló hasta donde estaba el periquito, echando gotas de agua sobre el incendio.

—¡Regresa, periquito! —dijo el águila—. ¡Lo que estás haciendo es inútil! Unas cuantas gotas de agua no pueden apagar todo un fuego forestal. ¡Deja eso y sálvate a ti misma, antes de que sea tarde!

Pero el ave continuó, volando entre las llamas, dejando caer sus pequeñas gotas de agua, y le dijo:

—No necesito que una gran águila me dé consejos como ese. ¡No necesito consejos! Necesito que alguien ayude.

Y el dios que se había vuelto águila, vio cómo los demás dioses flotaban en sus nubes despreocupados, seguían hablando y riéndose mientras abajo muchos animales sufrían entre las llamas. Al ver eso, se sintió avergonzado y surgió un deseo en su corazón: aunque era un dios, quería ser tan valiente como aquel pequeño periquito y ayudar.

Desbordado por esos sentimientos nuevos, el águila empezó a llorar. Ríos de lágrimas brotaron de sus ojos y llegaron como una lluvia fría hasta el bosque en llamas, hasta los animales que sufrían y hasta el periquito mismo.

Donde habían caído las lágrimas, el bosque comenzó a retollar. Ahora había algunos pequeños tallos con hojas y la grama comenzó a salir nuevamente.

El pequeño periquito no había apagado el fuego solo. Pero su acción de bondad y compasión cambió el corazón de alguien que sí podía hacerlo.

(Cuento: https://www.uua.org/lifespan/curricula/tales/session15/123724.shtml)

Al principio, cuando enviamos bondad a las partes del cuerpo, tal vez parece algo extraño, demasiado poco, quizás no nos parezca suficiente para apagar todo el fuego del sufrimiento que cargamos dentro.

Pero esa pequeña gota de bondad y tranquilidad poco a poco va creciendo con la práctica, si le damos la oportunidad.

Y con el tiempo, tal vez algún día sintamos que descansamos en un lago de bondad, en un espacio de renovación emocional. Tal vez retolla la confianza en que podemos relajarnos y sentirnos seguras nuevamente.

Gota a gota de atención consciente y bondad a lo largo del día, enviándosela al área de la quijada para que se suavice; a la frente, para que no se preocupe; al área del pecho, para que se aliviane; vamos a apagando el fuego del estrés que creamos porque vivimos de manera acelerada y fragmentada, debido tal vez al entorno en el que nos tocó vivir.

En el factor de Intención Sabia o Correcta, aprendemos que la intención se siente en el cuerpo y la mente como una acción que puede traer sufrimiento o calma. Si tenemos mala voluntad hacia nuestro propio cuerpo, vamos a tener estrés. Si esa intención se repite por tiempo prolongado, puede crear enfermedad. Si tenemos benevolencia hacia nuestro propio cuerpo y mente, vamos a experimentar más tranquilidad. Incluso en tiempos de dolor, esta práctica puede ser beneficiosa y traer alivio.

En el factor de la Intención Sabia, se nos enseña a cultivar aquellas cualidades que nos llevan al fin del sufrimiento. ¿Cómo sabemos cuáles son nuestras intenciones? Activando el primer factor de la Visión Sabia. Viendo las intenciones que guían nuestra vida. ¿Actuamos con buena intención hacia otros seres o les tenemos mala voluntad? ¿Actuamos solo desde el deseo de que queremos alcanzar algo sin mirar la estela de resultados que estamos dejando para otras personas (ej: el fin justifica los medios), o tomamos en cuenta cómo nuestras acciones y palabras impactan a los demás? ¿Cuál es nuestra perspectiva de vida? ¿Soy una persona exitosa que hace lo que sea y pasa por encima de quien sea? ¿O soy una persona que quiere que otras personas sufran menos? ¿Me aferro o soy generosa?

Vamos a continuar estudiando el factor de la Intención Sabia en futuras sesiones. Por lo pronto, les dejo con este ejercicio:

Esta semana observa lo que ocurre cuando tienes intenciones de estrés hacia ti misma, y cuando tienes intenciones de bondad, paciencia, calma y paz hacia ti misma.

Que sea de beneficio para tu práctica.

(3 campanadas)

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