Meditación guiada: Cómo descansar tu atención

Por Yaisha Vargas-Pérez, maestra certificada en mindfulness, para el blog A Mystic Writer

Tal vez los síntomas más prevalentes en nuestra sociedad son el agotamiento y el estrés. Pensamos que no podemos calmar nuestra mente, y que deberíamos saber hacerlo. Hay personas que lo sienten como una falla personal. No obstante, no se nos ocurre pensar que la misma sociedad y el sistema educativo que nos formó no nos enseñaron el importante proceso de ayudar a la mente a reducir su velocidad paulatinamente y descansar como una importante herramienta de higiene para el cuerpo y la mente.

El sistema educativo nos instruyó para ser parte de las filas de un sistema económico que no descansa, porque privilegia la producción sin parar como un valor. Para este sistema económico, la producción tiene más valor que la necesidad humana de descanso, restauración, equilibrio y bienestar. Al comprender que esto es lo que subyace a la falta de conocimiento general sobre cómo equilibrar nuestra propia mente y buscar nuestro bienestar, podemos soltar y dejar ir el sentido de fracaso y culpa por no saber ayudarnos. ¡Nadie nos lo enseñó!

La buena noticia es que, de la misma manera en que nuestra mente ha sido habituada para el estrés, la ansiedad y el agotamiento, tenemos la capacidad de adiestrarla y condicionarla para que pueda bajar revoluciones. La mente es capaz de prestar atención a un objeto, ya sea fijo o en movimiento, con una mirada suave, sin juzgar la experiencia, sin desear que sea de otra manera, solo observando lo que ocurre en el interior del cuerpo o alrededor del cuerpo. Hacer esto tiene el resultado derivado de proporcionarnos relajación.

Si observar nuestra experiencia nos resulta aburrido, simplemente observamos el aburrimiento como un objeto más que atraviesa el radar de nuestra mente. No le añadimos la opinión de que «debería ser de otra manera». Igualmente, si al observar nuestra experiencia surgen emociones como la tristeza o la alegría o cualquier otra emoción, las acompañamos con la mirada suave que no juzga.

Para comenzar a observar nuestra experiencia humana, podemos establecer un punto de descanso en la realidad presente:

  • Nos sentamos en una postura alerta y cómoda: estructura con ternura.
  • Cerramos los ojos.
  • Descansamos nuestra atención en el movimiento de nuestra respiración y nos quedamos ahí un rato.
  • Descansamos nuestra atención en nuestras manos un rato.
  • Descansamos nuestra atención en la planta de nuestros pies un rato.
  • Descansamos nuestra atención en los sonidos que escuchamos alrededor (sin opinar sobre los sonidos, simplemente los escuchamos).
  • Si la mente se distrae, lo cual es muy probable que ocurra, simplemente la traemos de vuelta al punto de descanso en el que estemos, sin regañarla. La mente es como un cachorro travieso; va a saltar aquí y allá. Entrenamos al perrito con ternura y paciencia. ¡Pero no le pegamos al cachorro!

¿En qué punto te ayuda más descansar tu atención? Puedes escoger ese punto como tu ancla principal. Recuerda que es un ancla suave, no rígida. En este proceso es importante tener mucha paciencia y bondad contig@ mism@.

¿Dónde puedes descansar tu atención hoy?

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