De los obstáculos a la alegría, Parte 1

Por Yaisha Vargas-Pérez, maestra certificada en mindfulness, para el blog A Mystic Writer

En su naturaleza verdadera, la mente es como un lago claro que refleja lo que hay a su alrededor. Es como si miráramos una charca clara y de aguas tranquilas en medio de un bosque. Veríamos reflejada en ella los árboles, las flores, el cielo, las nubes y hasta nuestro propio rostro asomándose allí.

Cuando estamos meditando, a la mente la visitan varios obstáculos que la obscurecen, la agitan o la adormecen. En esos momentos, no podemos ver la realidad con claridad y sufrimos más. Es importante reconocer que lo que ocurre es que nos visita un obstáculo. Esa es una parte normal de la práctica. ¡Le ocurre a todos los meditadores! Incluso Sidarta Gautama enfrentó los obstáculos antes de su despertar. La regla de oro es no luchar con ellos, si no darnos cuenta de que están ahí y tomar una acción hábil para ayudar a nuestra mente.

Los mismos obstáculos pueden aparecer en nuestra vida diaria y también desviar nuestra mente en otra dirección:

  • Avidez, apego o aferramiento: Se muestra como si la charca clara de la mente estuviera coloreada por hermosos tintes de distintos matices. Nos encanta ver los colores, pero no nos dejan ver el fondo claro y no nos llevan a la liberación. Por ejemplo, el deseo recurrente de comernos un helado puede causar que dejemos la meditación sentada para ir al refrigerador. En la vida, puede causar que dejemos nuestro escritorio de trabajo para ir a la máquina de dulces, por ejemplo, o a cualquier otra distracción. La avidez fuera de control puede convertirse en adicción cuando reforzamos el hábito de buscar un escape inmediato al dolor usando un placer instantáneo, lo cual se puede manifestar de muchas maneras: comida, sexo, alcohol, codependencia, comprar de forma compulsiva, gastar todo el dinero en el juego, drogas, etcétera.
    • El antídoto es reconocer que entregarnos a ese deseo no nos hará felices. Su alivio será sumamente pasajero y pronto necesitaremos más. Si nos quedamos tranquil@s en el espacio de meditación y esperamos, las ganas de levantarnos o aferrarnos al placer pasarán. Podemos aprender a aliviar nuestro dolor utilizando el mindfulness, la benevolencia y la compasión. Las personas cuyos hábitos se han convertido en adicciones, pueden buscar ayuda profesional o de un grupo de apoyo. ¡Es posible hacer esto!
  • Aversión, odio e ira: Es como si el agua de la charca clara hirviera y no nos dejara ver el fondo. En el cojín o silla de meditación, puede ser tenerle aversión a una dolencia en nuestro cuerpo o a un sonido externo insistente. En la vida, puede manifestarse de muchas maneras: aversión a una persona, una tarea, un trabajo, una asignatura, una situación o a cualquier cosa. Fuera de control, el obstáculo de la aversión puede convertirse en una guerra.
    • El antídoto es practicar la benevolencia, la buena voluntad, tanto hacia nosotros mismos como hacia los demás seres, aunque no nos caigan bien. La práctica de metta nos ayuda a cultivar esa benevolencia de manera gradual, de forma que no se sienta como una amenaza para nuestra mente, que puede pensar que tenemos que perdonar de inmediato cosas que nos pueden parecer imperdonables.
  • Letargo o adormecimiento: Se manifiesta cuando comenzamos a cabecear durante nuestra meditación. Es como si el agua clara de la charca estuviera llena de musgo y algas en la superficie y no podemos ver el fondo. En esta sociedad dirigida tan impulsivamente hacia la productividad y a consumir contenido de los aparatos electrónicos hasta altas horas de la noche, el adormecimiento puede deberse a que no descansamos bien y, una vez nuestra mente encuentra un punto de descanso, le da sueño. Pero también puede deberse a que hay algo doloroso o difícil guardado en nuestra mente y, cuando tiene espacio para salir, la mente no lo quiere ver, quiere protegerse. Una manera de protegerse es durmiendo o aletargándose. Es importante distinguir cuál es la causa del letargo o adormecimiento. ¿Es que hay algo detrás del telón que no queremos ver (negación) o realmente necesitamos descanso?
    • El antídoto es tratar de energizar cuerpo y mente. Podemos enfocarnos en la inhalación, meditar de pie, meditar caminando, meditar con una o las dos manos levantadas. Si nada de esto funciona, tal vez podamos tomar una siesta corta para que nos dé un poco de energía.
  • Agitación, ansiedad o angustia – Cuando este obstáculo está presente, nos ponemos como un niñe que tiene hormigas en las sentaderas. ¡No podemos estar quietos! Es como si un viento fuerte soplara sobre el agua de la charca clara, causando muchas ondulaciones, y no podemos ver el fondo. A veces estamos atrapados en una historia de angustia que no nos trae paz.
    • El antídoto es tratar de recolectar la energía dispersa de la mente. Hacemos esto mediante la concentración. En el mindfulness, no practicamos la concentración igual que si estudiáramos un problema de matemáticas o nos estuviéramos aprendiendo muchas cosas para un examen. La concentración en el mindfulness es más bien como la imagen de varios afluentes que bajan por distintas montañas hasta un valle y forman un lago. Es recolectar o recoger la energía de la mente de una manera fluida, con suavidad, pero constancia. Podemos hacer esto reposando nuestra atención una y otra vez sobre un punto de descanso: la respiración, los sonidos de ambiente o un punto en nuestro cuerpo (las manos, los pies). Si nos distraemos, volvemos a ese punto de descanso en la realidad presente.
  • Duda – Con este obstáculo, la charca está llena de lodo y no podemos ver el fondo claro. He escuchado de todos mis maestros de mindfulness que este es el obstáculo más peligroso, pues puede causar que abandonemos la práctica. Usualmente se manifiesta mediante pensamientos tales como: «No sirvo para meditar». «Esto es muy difícil, me voy a bailar como mi práctica espiritual». En la vida, se puede manifestar con pensamientos tales como: «No soy suficiente». «Nunca lo hago bien». «Mejor me rindo».
    • El antídoto es la confianza y la fe. ¿Puedes confiar en esta respiración? ¿Puedes confiar en la próxima respiración? Puedes desarrollar confianza en esta respiración; en la próxima respiración; en la persona que facilita mindfulness. Puedes confiar en el Dharma, en las enseñanzas que han ayudado a millones de seres a través de 2,600 años; en alguna amistad de tu grupo de meditación. ¿Qué te inspira a desarrollar confianza?

La regla de oro: No luchar contra los obstáculos

Luchar contra ellos, tenerles resistencia, los hará más fuertes. Podemos desapegarnos un poco de ellos al ponerles nombre: esto es aferramiento; esto es aversión, duda, agitación, adormecimiento, etcétera. Podemos preguntarnos, ¿cómo puedo apoyar a mi mente en este momento para que no sufra? Tal vez podamos intentar algunos de los antídotos mencionados arriba. También podemos intentar dejar el obstáculo tranquilo, mirarlo como si miráramos un objeto flotando en la charca. No nos enganchamos, no lo empujamos, ni lo regañamos, ni pensamos que es algo muy malo que no debería estar ahí. Son procesos normales de la mente que busca sobrevivir y protegerse. Lo importante es verlos por lo que son. Parece sorprendentemente fácil, pero esta es la técnica que más me ha ayudado. Después de un rato de mirar el obstáculo con claridad —como si fuera algo que flota frente a mí pero no me involucro con él— el obstáculo comienza a perder fuerza. Una vez va perdiendo fuerza, permito que se disuelva, lo dejo ir y observo el espacio vacío y muchas veces sonrío.

Y ese es un buen momento para comenzar a practicar los factores del despertar… (pendientes a la próxima reflexión).

Agradezco lo que ha aprendido sobre esta práctica de los obstáculos de maestros como Robert Brumet, Bhikkhu Analayo, Francisco Gable, Mary Grace Orr, Gil Fronsdal, Inés Freedman y tantos otros que en cada retiro o curso reiteran la importancia de prestar atención a estas tendencias de la mente y nos proveen herramientas para manejarlas y ser más libres.#

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