Responder con bondad a la mezquindad es ser libre

Por Yaisha Vargas-Pérez, maestra certificada en mindfulness, para el blog A Mystic Writer

Hace unos días, compartía sobre una dificultad particular en una reunión por Zoom. Me había atrevido a ser vulnerable en un grupo que entendía que era seguro para compartirla. Mientras buscaba las palabras para expresar mis sentimientos, recibí un comentario mezquino de alguien por el chat privado. Estaba criticando cómo hablaba y cómo le agradecía a las personas que estaban ofreciendo servicio en la reunión.

Me quedé en shock.

Luego sobrevino la confusión. En el comentario se hablaba de mí, pero parecía dirigido a alguien más. Mi corazón comenzó a latir más rápido. Luego hubo miedo. Luego, decepción y tristeza. Había creído que el grupo era un lugar seguro.

Menos mal por toda la práctica de meditación mindfulness y vipassana que he realizado con los años, porque sentí que esa Presencia Suave y Despierta de «sati» (mindfulness en idioma pali) comenzó a rodearme y a estar conmigo mientras procesaba el incidente. Veía a mi mente conjeturar que tal vez esa persona había estado hablando de a mis espaldas en una reunión donde la gente compartía cosas muy privadas y vulnerables con el propósito de recuperarse de ellas, y que ese mensaje me lo había enviado por error intentando mandárselo a la persona con la cual hacía triangulación sobre mí. Pero también sobrevino en mi interior otra energía que me estaba apoyando en medio de la experiencia difícil y me decía: Sí, esto sí está ocurriendo; pero puedes hacer una pausa, respirar, y considerar cómo vas a responder. ¿Cómo quieres que este incidente quede plasmado en tu pasado?

Fue un momento de iluminación en medio del dolor y la confusión.

Entonces decidí ganar tiempo haciendo una pregunta por el chat privado a la persona que me envió el comentario mezquino:

— «No entiendo tu comentario. ¿Qué significa?»

Luego de una pausa, la persona respondió:

— «Sorry. Me refería a mí misma y lo envié incorrectamente».

Eso confirmó para mí que había triangulación. ¿Debía dejarlo ir y actuar como si no hubiese ocurrido? Eso no se sentía bien. ¿Debía enseñárselo a todo el mundo para que vieran lo que esta persona estaba haciendo a espaldas de otros, afectando así la energía de recuperación del grupo? Tampoco me sentía en integridad con esa respuesta. Surgió de nuevo la pregunta en mí: ¿Cómo quieres que este incidente quede plasmado en tu pasado?

Era como si se estuviese abriendo en mi interior una puerta que me invitaba a un sendero de liberación. He estado trabajando en los factores del Noble Óctuple Sendero; el camino de liberación que codificó el Buda como parte de la Cuarta Noble Verdad.

Cuando alcanzó el despertar, la primera enseñanza del Buda fue sobre las Cuatro Nobles Verdades:

  • Hay dukkha (sufrimiento) en el mundo.
  • Hay una causa para ese sufrimiento (las tendencias de nuestra mente a aferrarse, a tener aversión o confusión [negación] a la experiencia presente).
  • Hay una forma de salir del sufrimiento.
  • Esa vía es el Noble Óctuple Sendero (un camino de 8 pasos – visión sabia, intención sabia, habla sabia, acción sabia, modo de vida sabio, esfuerzo sabio, mindfulness sabio, concentración sabia).

Había comenzado una nueva ronda del Noble Óctuple Sendero, intentando realmente entender los factores más profundamente, de manera intuitiva y práctica. Llevaba unas semanas indagando en el segundo factor, intención correcta; el cual el maestro Gil Fronsdal también traduce del pali como consideración correcta o sabia. Al principio, no entendía lo que él quería decir con consideración correcta o sabia. Considerar se me hacía un proceso muy racional, como discernir entre las opciones de un menú. Prefería intención, porque se refiere a las buenas intenciones de renuncia, buena voluntad y ausencia de daño que son parte de este factor y que, al cultivarlas, somos más libres dentro de nuestra propia mente y sirve como base para nuestra forma de hablar y nuestras acciones. Practiqué y practiqué, pero no podía entender la consideración sabia.

Pero en el momento fogoso del chat, y tras haber decidido ganar tiempo con la pregunta que hice, se abrió en mí algo, como si la realidad hubiese abierto un hueco por donde me invitaba a entrar a ser más libre y de donde salía también lo que parecía ser una burbuja de sabiduría:

¿Cómo quieres que este incidente quede plasmado en tu pasado?

Era una pregunta que me invitaba a considerar mis opciones.

No se me ocurrió responder con mezquindad. Tampoco quería tomar una captura de pantalla del chat para enviárselo a todo el mundo para que todos vieran lo mala que esa persona era conmigo, porque eso no me haría sentir más libre. Lo que yo quería verdaderamente era poder responder con bondad, aunque estaba sintiendo dolor.

Creía que era importante que la otra persona supiera que el comentario no era bienvenido, pero que escogía responderle con respeto y bondad de todas maneras.

— «Utilizo el lenguaje que aprendí en mis primeros grupos de recuperación. Me enseñaron a reconocer a las personas que ofrecen servicio para que yo pueda recuperarme. Le doy las gracias a la persona que lleva el tiempo como una señal de amabilidad por su servicio. No entiendo bien el comentario, pero no suena como algo amable. De todas formas, te deseo un hermoso día. Mis respetos para ti».

Hubo una pausa…

—«Por favor, acepta mis disculpas».

—«Disculpas aceptadas».

Realmente quise dejar atrás el incidente. Pero en mi cabeza sentía que la cosa no había terminado. Mi programa de recuperación me invita a considerar si la conducta de otra persona es una respuesta a mi conducta; no para justificar el comportamiento inhábil de alguien más, sino para hacerme responsable del mío.

Durante el día, tuve oportunidad para considerar mi conducta dentro del grupo; qué papel había jugado y cómo había respondido. Encontré que podía trabajar varias cosas en mí. A veces he llegado un grupo y he visto lo que «está mal» y «puede mejorar» en vez de esperar a comprender el tejido social del grupo, su historial, su consciencia de grupo, sus necesidades y por qué han tomado las decisiones que han tomado. Reconocí la posibilidad de que yo había expresado algunas características de impulsividad, arrogancia y control, creyendo que surgían de una intención genuina de mejorar las cosas, sin tomar en consideración el sentido de seguridad de las personas bajo la estructura que les funciona y por qué son muy sensibles a los cambios.

Recordé una reunión administrativa en la que mi conducta había sido la de un bulldozer y propuse una moción que no estaba bien pensada, para la cual el grupo no estaba listo y que una gran mayoría derrotó.

También pensé que la persona que hizo el comentario mezquino y yo habíamos estado en lados opuestos de algunos asuntos del grupo; y que yo había criticado el manejo de algunas cosas en las que ella ofrecía servicio.

Tuve tiempo para considerarme a mí también. Vi estas cosas, no con un sentido de culpa, sino con compasión e integridad hacia mí misma. Podía mejorar cosas en mí y quise hacerlo.

Decidí seguir enviándole bondad a la otra persona, quien en una reunión anterior había sido vulnerable con sus asuntos y sus luchas, entre estas, dejar de hacer comentarios crueles.

Las dos estábamos superando nuestras dificultades.

Nada de esto era una justificación para la triangulación y la mezquindad, pero sí podía explicar por qué la otra persona tal vez sentía que yo apretaba sus botones.

Tras haber considerado que sí iría a la próxima reunión, que no me escondería ni huiría de una oportunidad de crecimiento, aterricé en Zoom, con un poco de renuencia y cautela.

La persona del día anterior me envió otro mensaje de enmienda:

—«Realmente necesito hacer reparación de daños otra vez. Fui inmadura y mezquina. Realmente lo siento. ¿Hay algo que pueda hacer para compensarte, hacer las paces contigo?»

Sonreí ante este difícil paso (el Noveno de los Doce Pasos), que es reconocer cuándo un defecto de carácter le ha causado daño a otra persona y ejercemos la acción de reparar el daño causado. Ponemos una acción buena donde habíamos causado dolor. ¡Es un paso muy difícil que requiere mucha humildad! Me pude poner en sus zapatos.

Le respondí reconociendo su valentía y el paso importante que estaba dando. Le dije que yo también había tenido la oportunidad de considerar mi conducta, que reconocía que estábamos en lados opuestos en algunos asuntos del grupo y que yo había hecho algunas cosas que tal vez habían sido disparadores para ella. Yo también había albergado animosidad hacia ella, aunque había hecho todo lo posible por ser amable por fuera. En vez de caer de paracaídas en el grupo para controlar, yo podía escuchar. En vez de criticar, yo podía ayudar más.

Y, sin ignorar su pregunta, pues me pedía que le dijera cómo podía reparar el daño causado, le dije:

— «Creo que la forma en que puedes hacer las paces conmigo es teniéndome paciencia. A veces quisiera que la gente tuviera más paciencia conmigo. Soy la menor en mi familia; probablemente trato de alzar mi voz sobre la multitud para asegurarme de que soy escuchada… Déjame saber cómo puedo hacer enmiendas contigo yo también».

Me dijo:

— «Al menos, hacer reparación de daños se trata de humildad y de mirar mis motivaciones. Creo que mis críticas vienen de ver esas cosas en mí. Creo que podemos hacer enmiendas una con la otra al vivir en la solución y no en el problema. Ambas trabajamos un buen programa y nos esforzamos mucho».

Me dijo que esa mañana tenía una entrevista de trabajo.

Hubo otra pausa y me dijo:

— «¡Se siente tan bien aclarar las cosas entre nosotras! Gracias por la oportunidad de crecer.»

Yo también me sentía más liviana. Las nubes se estaban despejando y el sol volvía a brillar dentro de mí y en el espacio entre ambas. Le respondí:

— «Lo mismo digo. Gracias por la oportunidad de crecer. También me siento aliviada de que se aclaren las cosas. Deseo que todo salga bien en tu entrevista de hoy».

Mi mente pudo haber seguido criticando. Se pudo haber puesto santurrona: que si la triangulación afecta a todo el grupo, que si es que hay un grupito chismeando de los demás que comparten cosas vulnerables eso le hace daño a todos, etcétera, etcétera… Pero mi mente no hizo eso esta vez. Se quedó tranquila, agradecida y serena. Reconoció que esa parte del asunto está en su lado de la calle. Yo puedo escoger si me molesta o no. No es mi conducta, es la de alguien más. No es mi patio, es el patio de alguien más.

No puedo controlar a los demás. Solo puedo hacer lo mejor que pueda y ser la mejor persona que pueda en este momento. Y, cuando no me sale, también puedo considerarme. Puedo estudiarme. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Cómo puedo poner una acción nueva donde me he equivocado?

¿Cómo puedo responder a la vida de forma que sufra menos y sea más libre?

©Copyright. Todos los derechos reservados.

Visita nuestro grupo en Facebook: https://www.facebook.com/groups/90dias
Visítanos en Instagram: https://www.instagram.com/amysticwriter/?hl=en
En LinkedIn: https://www.linkedin.com/company/12666008/admin/notifications/all/
En Twitter: https://twitter.com/AMysticWriter

¡Pendiente a nuestro próximo curso de mindfulness en abril!

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s