Valida cómo te sientes

Por Yaisha Vargas-Pérez, maestra certificada en mindfulness, para el blog A Mystic Writer

El mensaje de que las emociones negativas hay que suprimirlas y rechazarlas está por todas partes. Mi experiencia es que hundirlas en lo más profundo de nosotr@s, barrerlas debajo de la alfombra o ahogarlas no funciona. Las emociones saben nadar y pronto emergerán hacia la superficie, aunque intentemos forzar nuestra mente hacia estados mentales más positivos, y creer y pretender que somos muy espirituales.

Una parte importante del camino espiritual para mí ha sido ser completamente honesta conmigo misma acerca de cómo me siento. En su libro Radical Acceptance, Tara Brach (con quien realicé mi certificación de mindfulness) explica la importancia de enfrentarnos a los «demonios» de los estados mentales y las emocionales difíciles. Si aprendemos a mirarlas de frente con atención consciente, siendo sumamente compasivos con nosotr@s mism@s por la experiencia que estamos atravesando, entonces esos estados mentales y emociones pasarán y volveremos a ver nuestra mente clara, el cielo despejado cuando las nubes pasan.

Pero no reconocerlas es como ignorar a un bebé que llora. El bebé llorará más fuerte, aunque lo pongamos en el sótano y nos vayamos al tercer piso a entretenernos con alguna compulsión para no sentir dolor: comida, alcohol, cualquier sustancia, ver series de televisión todo el día o con alguna relación disfuncional.

Hay mucha riqueza y crecimiento espiritual, además de mucha sanación, al reconocer nuestras emociones difíciles, aceptar que están presentes, nombrarlas, investigar qué necesitamos en ese momento y nutrirnos con la Presencia Suave y Despierta de «sati», mindfulness, atención consciente.

Un ejercicio para hacer esto es la práctica de R.A.I.N., la cual tiene ciertas variantes. Tara Brach la explica de la siguiente manera:

  • Reconocemos cómo nos sentimos con honestidad
  • Aceptamos que hay una emoción presente. Si no podemos aceptar que hay una emoción difícil presente, ¿podemos aceptar que hay resistencia a esa emoción? ¿Acaso estamos creyendo que somos poco espirituales por tener rabia y eso es un obstáculo para aceptar que la rabia está presente?
  • Investigamos nuestro estado interior. Al hacer esto, es importante no llevar un rifle a nuestra experiencia humana. No nos juzgamos por lo que estamos sintiendo, simplemente exploramos con curiosidad lo que ocurre en nuestra experiencia humana. Nos tratamos con bondad. ¿Qué hay debajo de la rabia, de la decepción, de cualquier estado alborotado? Usualmente la respuesta es dolor o duelo.
  • Nutrir. Si viéramos la emoción difícil como un bebé que llora, investigaríamos qué necesita y le proveeríamos para su necesidad. No le pegaríamos al bebé. En este paso nos preguntamos: ¿Qué necesita esta emoción de mí en este momento? ¿Cómo puedo nutrir mi necesidad humana en este momento de una manera sana que no sea un hábito compulsivo? Nos nutrimos con bondad. Nos damos cuenta de que dentro de nosotros también hay una presencia que nutre. Permitimos que esa presencia bondadosa se expanda y nos damos cuenta de que somos verdaderamente la presencia que nutre interiormente nuestras necesidades.

Le preguntaron al biólogo George Schaller cómo logró obtener información sobre el comportamiento social de los gorilas y su compleja jerarquía, cuando antes eran considerados animales peligrosos.

La respuesta de Schaller fue: «Muy sencillo. Yo no llevé un rifle».

Podemos acercarnos a nuestra experiencia humana interior sin llevar un rifle cargado con prejuicios listos para disparar contra nuestra mente y su forma de reaccionar, la cual ha sido moldeada por las experiencias que ha vivido, por cómo se ha visto obligada a protegerse y sobrevivir.

Podemos practicar la autocompasión para abordar nuestra experiencia mental y emocional, así como la práctica de metta o benevolencia. Estas prácticas nos llevan de vuelta a nuestra bondad innata, que es nuestra verdadera naturaleza.

En la película «Moana», la heroína restaura el corazón de la diosa Te Ka, quien se había vuelto «mala» porque un semidios travieso le había arrancado su corazón. Te Ka era malvada porque había perdido contacto con su propia bondad. Con su corazón restaurado, Te Ka deja de atacar a todo el mundo y se convierte en la diosa buena Te Fiti.

Al ser conscientes de nuestras emociones difíciles, nos apoyamos para dejar que nos comuniquen sus necesidades y nos proveemos lo que necesitamos. Hacemos esto y a la vez somos conscientes de no descargarlas en otros seres y no hacer daño. Si bien es cierto que muchas veces no podemos controlar lo que sentimos, sí podemos desarrollar la capacidad para manejar nuestras emociones en un espacio seguro y con una persona que nos ayude hábilmente.

¡Te invito a estar pendiente a nuestro próximo curso de mindfulness!

La autora es maestra certificada y mentora de mindfulness.

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