Meditación guiada: “Metta body scan”

Por Yaisha Vargas-Pérez para las clases #4 y #5 del curso de Autocompasión y Mindfulness en la Universidad del Sagrado Corazón.

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By Striker2002 [CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)%5D, from Wikimedia Commons
La práctica de bondad amorosa (“metta”) consiste en desear buena voluntad, tanto a nosotros como a los demás. En su enseñanza original, comenzamos por nosotros mismos, deseándonos felicidad, paz y salud en mente y cuerpo. Luego le enviamos esa bondad amorosa a alguien que amamos, pero es recomendable que esa relación no tenga el elemento de polarización. Así que, aunque una pareja pueda ser la persona que más amemos, tal vez también es la persona que a veces nos causa los sentimientos más difíciles. Para poder cultivar la bondad amorosa, necesitamos concentrarnos en alguien que casi siempre nos ocasione alegría. Puede ser una figura religiosa como Jesús o el Buda. Puede ser un mentor o mentora. Puede ser nuestra mascota, un compañero/a pelud/a. Luego, cuando hayamos practicado más, le enviamos bondad amorosa a alguien que sea neutral, que a lo mejor conoces de vista, como el cartero o el guardia de seguridad. Y finalmente, cuando hemos cultivado suficiente bondad amorosa, se la enviamos a las personas que nos resultan más difíciles.

En occidente, los maestros de mindfulness se comenzaron a dar cuenta que era difícil que los estudiantes se enviaran bondad amorosa a ellos primero, pues hay una gran tendencia al autorrechazo. Por lo tanto, hay maestros budistas y de mindfulness que enseñan que la primera persona a la que le enviamos bondad amorosa puede ser aquella que amemos mucho: una mascota o una figura que nos protege. Luego, cuando vemos que nuestro corazón se suaviza y se abre, nos enviamos bondad amorosa a nosotros mismos, luego a una persona neutral, y finalmente a la que le tengamos aversión. También le enviamos bondad amorosa a toda nuestra comunidad, nuestro país y nuestro planeta.

Las oraciones se recitan de la siguiente manera. Pueden leer cada oración, recitarla y cerrar los ojos si quieren:

  1. Que yo pueda sentir bondad amorosa.
  2. Que yo esté libre de peligros internos y externos.
  3. Que yo esté bien en cuerpo y mente.
  4. Que yo esté tranquilo y feliz.
  5. Que tú puedas sentir bondad amorosa.
  6. Que tú estés libre de peligros internos y externos.
  7. Que estés bien en cuerpo y mente.
  8. Que estés tranquila, tranquilo y feliz.
  9. Que todos los seres puedan sentir bondad amorosa.
  10. Que todos los seres estén libres de peligros internos y externos.
  11. Que todos los seres estén bien en cuerpo y mente.
  12. Que todos los seres estén tranquilos y felices.

Hay personas que no sienten nada cuando comienzan a practicar la bondad amorosa. Sharon Salzberg es una de las exponentes más importantes de esta práctica en Estados Unidos. Ella dijo que estaba en un retiro largo de bondad amorosa practicando las recitaciones y que no sentía que estuviese haciendo mucho, hasta que una mañana se levantó para hacer el té y se le cayó su taza favorita. Entonces ella escuchó en su mente: “Hay Sharon, qué torpe eres. ¡Pero te quiero como quiera!”. Se dio cuenta de la segunda parte de su declaración, y pensó: “¡Funciona!”. Así que, la bondad amorosa también es un entrenamiento.

Meses después de comenzar a practicar bondad amorosa, le dije a mi primer maestro de mindfulness, Robert Brumet, que yo no entendía esto de la bondad amorosa y la compasión. No había podido comprender ni integrar esos conceptos. Cuando meditaba sobre ellos, lo que veía era un bloque oscuro. Y Robert me dijo que quizás era más difícil ver la compasión porque eso era lo que yo realmente era. La compasión, o el amor compasivo, es nuestro componente principal como seres humanos, pero como eso era algo que mi mente no entendía, yo lo que veía era el bloque —lo que bloqueaba mi entendimiento— pero no podía ver el otro lado.

Cuando viví en Kansas City, estuve un año entero tratando de descifrar cómo amarme a mí misma. Usaba afirmaciones, asistía a talleres y seguía mirando hacia adentro. Lo que veía era todas las posibles razones por las cuales rechazarme a mí misma. Yo seguí pensando que algún día encontraría la manera de dejar de rechazarme y hallar la manera de quererme. Mientras más me adentraba en mi cuerpo, mas espacios de dolor emocional encontraba, más recuerdos o memorias de rechazo. Fueron muchas memorias dolorosas y parecía que nunca acabaría de procesarlas. Parecía que la práctica de la bondad amorosa no iba a funcionar, pero todos los maestros budistas que encontré repetían que siguiera haciendo las recitaciones.

El secreto de esta práctica es seguirla haciendo, aunque parezca que no pasa nada, seguir cavando el pozo aunque parezca que no vayamos a encontrar agua, pues el momento en el que menos lo esperemos, quizás encontremos ese manantial.

Igualmente, cuando comencé a hacer la práctica de mindfulness del cuerpo, mi aterrizaje fue un poco forzoso.  En algunas crónicas de 90 días he narrado cómo de momento me encontraba viviendo en una cápsula de fluidos viscosos, pelo y sudor, preguntándome cómo fue que me metí aquí. Encontré mucho dolor, y Robert me decía que siguiera tratándome con mucha amabilidad, pero a mí no me salía. Yo no tenía ese chip, esa aplicación, en mi cerebro aunque lo intentaba tanto como podía. En ese momento, yo no tenía dos cosas: la autocompasión, la cual aprendí mucho después con Kristin Neff, y la bondad amorosa para el cuerpo que aprendí en el monasterio Deer Park a través de la técnica de relajación profunda y mediante el “metta body scan” que aprendí de Jack Kornfield. Como fruto de mi práctica y mi búsqueda, en la cual a veces no tuve estos “shock absorbers”, les ofrezco una alternativa para comenzar a adentrarse en el cuerpo mediante la técnica del “metta body scan”. Aunque el mindfulness del cuerpo es una enseñanza contenida en el “Satipatthana Sutta” y la bondad amorosa está en el “Metta Sutta”, a la hora de practicar, mis maestros me han dicho que lo importante es poder encontrar un camino hacia el corazón, para poder hacer las paces con nuestras experiencias de vida, poder habitar en el cuerpo, escucharlo y saber qué necesita para vivir feliz y sano.

Espero que esta práctica sea de beneficio. Que todos los seres tengan paz.

Notas relacionadas:

https://yaishavargas.com/2013/08/04/aprendiendo-a-ser-humana/

http://www.magacin.com/blogs/90-dias/86/nirvana-en-el-supermercado/

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