Celebra tus logros: La rosa inquebrantable

Por Yaisha Vargas-Pérez para el blog A Mystic Writer

Una de las primeras personas que conocí cuando llegué Kansas City fue Nancy «Bambi» Shen, una mujer de China que se había mudado a Estados Unidos tras la segunda etapa de la guerra civil en su país, entre 1946 y 1949.

Bambi nació durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y su familia fue llevada a un campo de concentración, pues China estuvo bajo el dominio de Japón durante la guerra. Tenía cerca de 4 años cuando su papá le enseñó las rosas que estaban creciendo en medio del campo de concentración, y le dijo que, no importa donde la vida la llevara ni cuán difíciles fueran las circunstancias, siempre buscara la manera de florecer en medio de las tragedias.

Bambi dijo que la dificultad más monumental que tuvo que enfrentar no fue la Segunda Guerra Mundial ni la guerra civil en China, sino el profundo rechazo y maltrato de su madre, quien desde que nació le puso la etiqueta de una «niña error». Las creencias profundamente arraigadas que favorecían a los hijos varones sobre las niñas alentaron ese maltrato. Bambi encontró refugio en las enseñanzas de su papá y también en la educación. Si podía educarse, podría salir adelante.

Llegó a Estados Unidos, un país muy diferente al suyo, y pese a estar sola, a no saber cómo se las arreglaría económicamente, a tener un accidente debido al cual por poco pierde un pie y un primer esposo que la traicionó terriblemente, Bambi continuó encontrando la manera de florecer en medio de las circunstancias. Terminó una maestría en francés y fue profesora universitaria. Tras su divorcio quedó con dos hijos pequeños y también aprendió a hacer repostería para sacarlos adelante.

Poco después de conocerme, Bambi me pidió que tradujera su primer libro: «La rosa inquebrantable». Antes de ella pedirme esto, yo había pensado que traducir del inglés al español era una posibilidad para sobrevivir, pues acababa de llegar a Kansas City.

Aunque mis circunstancias eran distintas, cuando llegué a Kansas City, acababa de sufrir varias pérdidas muy difíciles y la separación de una figura de autoridad espiritual que se parecía a la mamá de Bambi. Al leer la biografía de Bambi, no solo comprendí por qué me sentía como me sentía, sino que veía el ejemplo de una mujer que había sobrevivido múltiples maneras de discriminación y maltrato, y aun así, había salido adelante sana y feliz en cuerpo, mente y espíritu.

Fue con Bambi que comencé a aprender algo que continué aprendiendo con el maestro Gil Fronsdal: la manera de sanar experiencias de trauma no es regresando al pasado y tratando de cambiarlas, sino desarrollando cualidades que permitan que seamos más fuertes que lo que ocurrió. Podemos cultivar una profunda compasión por nosotr@s mism@s. Podemos aprender confianza, sabiduría y a concentrarnos en nuestra propia sanación y humanidad. Podemos compartir lo que aprendimos con otr@s que también están sufriendo, y eso también nos hace más fuertes. Las emociones difíciles que hayan resultado de nuestras experiencias dolorosas realmente están protegiendo lo más preciado en nosotros: nuestra bondad. Cuando comprendemos que eso no ha sido destruido, florecemos, como hizo Bambi.

Es posible sanar lo más difícil que hayamos vivido. ¡La plenitud es posible!

Celebro este logro que tuvimos Bambi y yo cuando pude terminar la traducción de su libro el Día de Resurrección del año 2012. Este fue el primero de muchos textos que he traducido con lenguaje de sanación, y que me han bendecido en el camino.

Celebro que Bambi pasó por mi vida y la bendigo de esta manera: fue la primera mujer que comenzó a enseñarme cómo salir del campo de concentración para ser una mujer libre. Le agradeceré siempre.

¿Qué logro celebras hoy?

Nancy Bambi Shen y yo el día en que me dio una copia de su libro en Kansas City, 2012
Nancy Bambi Shen el día en que presentó su libro en la biblioteca pública.
Nancy Bambi Shen y yo el Día de las Madres, 2015 en Unity Temple on the Plaza. Le llevé flores, para honrar a mi mamá y agradecerle su paso por mi vida. Menos de un año después, falleció.

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