Meditación guiada: R.A.I.N. Parte 1: Reconocer, Aceptar, Investigar, No-Identificación

Por Yaisha Vargas Pérez como parte del Curso de Autocompasión y Mindfulness en el Departamento de Educación Continua de la Universidad del Sagrado Corazón 

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By Joffon008 [CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)%5D, from Wikimedia Commons
En mi camino a través de la práctica de la meditación Vipassana/mindfulness, he encontrado más de una versión de la técnica de R.A.I.N. Originalmente, la aprendí de Robert Brumet, quien la aprendió de sus maestros en Spirit Rock, California. Luego, durante mi certificación con Jack Kornfield y Tara Brach, he aprendido otras versiones.

R.A.I.N. es un acrónimo que significa: Reconocer, Aceptar, Investigar y No-Identificación. Más recientemente, la letra “A” también se aplica para allow, o permitir, y la N también se aplica para “Nutrir Compasivamente” o para significar que la experiencia nos ha llevado a percibir nuestra “Naturaleza Verdadera” o “Conciencia Natural” (Natural Awareness). Todas nuestras experiencias en el momento presente tienen el potencial de llevarnos a percibir aquello que somos verdaderamente.

En esta meditación guiada, la primera parte de R.A.I.N., he utilizado las enseñanzas que aprendí de Brumet en Unity Village. No incluye aún el elemento de Nutrir Compasivamente, el cual es importante si la experiencia que atravesamos es difícil o es una emoción que nos mantiene en círculos, o es un trance de autorrechazo. Esta primera parte de R.A.I.N. la podemos utilizar si queremos investigar nuestra experiencia humana en nuestro día a día. Más adelante, grabaré otra versión que incluye el Nutrir Compasivamente. Las grabaré separadas porque mi experiencia me indica que siguen caminos distintos, pero es importante estar conscientes de ambas, pues, en cualquier momento de nuestra meditación, la experiencia puede cambiar. No obstante, a veces sí podemos mirar nuestra experiencia con un poco más de desprendimiento desde el principio.

¿Por qué hay varias versiones? Hace muchos años, algunos de los que hoy son maestros de Vipassana/mindfulness se daban cuenta de que, entre sus compañeros estudiantes, había algunos que no podían llegar efectivamente a un punto de no-identificación de sus experiencias, pues lo que había surgido en sus meditaciones había sido muy difícil de ver y acompañar. Se quedaban dando círculos en aquellas experiencias irresueltas que provocaban sensaciones de quemazón y duelos profundos, por ejemplo. Antes de poder desidentificarse, necesitaban reconocer que las experiencias que habían surgido traían necesidades insatisfechas y añoranzas profundas, que impedían llegar al punto de liberación de la letra “N”. Necesitaban la libertad de poder aunar recursos, como la autocompasión, para poder acompañarse y acompañar a sus experiencias hasta que estas cambiaran. Por lo tanto, con el tiempo y la experiencia, se incluyó una versión de R.A.I.N. que incluye en la “N” la enseñanza de nutrir compasivamente aquellas experiencias difíciles que hayan surgido preguntándoles qué es lo que más necesitan de nosotros en este momento. Esta ha sido una valiosa adición a la técnica.

Aún así, valoro mucho la técnica original en la que podemos llegar a un punto de No-identificación como un resultado orgánico de la “I” de investigación o de inquirir. En ocasiones, ya con practicar la “R” (reconocer la experiencia y nombrarla) podemos comenzar a sentir un poco de desprendimiento de la experiencia. Podemos comenzar a ver que es como el estado del tiempo. Cuando llueve, nadie llueve, no hay sujeto. Simplemente decimos, hay lluvia. Pues, con el tiempo y la práctica de R.A.I.N. en nuestro día a día, veremos que es natural decir: hay tristeza o hay llanto, o hay una sonrisa. Podemos ver que es como el estado del tiempo, pero adentro de nosotros. La tristeza llega y pasa, y sí la sentimos dentro de nosotros, pero como pasaría un aguacero, y luego se va, quedado solo el espacio dentro de nosotros. Aprendemos a ver las experiencias diarias como un estado del tiempo interior. Les invito a estar bien pendientes a ese momento en el que la experiencia cambia por sí sola o empieza a irse por sí sola, sin ser forzada. Es un proceso orgánico.

Espero que esta meditación guiada sea de ayuda en su práctica.

 

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