El arte de perdonar

Por Samadhi Yaisha/publicada en el diario puertorriqueño El Nuevo Día el domingo 17 de marzo de 2013.

Foto por www.visual-voice.net
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Durante muchos meses, escuchar historias sobre cómo otras personas habían perdonado cosas peores que lo que yo había vivido se convirtió en una excelente terapia. Sobre todo, aquellos días en los cuales el pronóstico del tiempo dentro de mi mente auguraba alta probabilidad de lluvia y tronadas, o cuando me sentaba a freírme las neuronas rememorando escenas con la nostalgia invertida: queriendo que las cosas hubiesen sido de otra manera.

Logré ver en mis meditaciones que tras mi resentimiento había una gran energía de amor interrumpido. Días después tenía una cita con la terapista de activación linfática quien llevaba cuatro meses tratándome con las hierbas chinas “Para Cleanse” y “Tiao He Cleanse”. Vi sobre su escritorio el libro “Radical Forgiveness” (“El perdón radical”), del autor Colin C. Tipping, y le pregunté sobre el texto. “Algo me dijo que lo sacara de mi casa y lo trajera hasta aquí”, me sonrió. Apunté el título, y en esa misma semana me topé con una entrevista radial a ese autor.

Perdonar con urgencia

Aprendí que no perdonar está relacionado con permanecer en un patrón vibratorio de sentirnos rechazados o de que no merecemos cosas buenas. Bajo el resentimiento hay un profundo miedo que creció porque necesitábamos protegernos. Me preguntaba, ¿y si lo suelto, quién me protege? ¿Quién soy yo y qué queda de mí si suelto el rencor? Sin embargo, cuando manejamos nuestra vida desde ese resentimiento, herimos a mucha gente. Puse a otros a orar por mi proceso y me senté a escuchar a esa parte de mí que había estado opacada por el resentimiento. Mi voz interior me aseguró que yo sería protegida aún sin la capa de miedo. Podía dejarla ir.

De Tipping aprendí que los seres humanos existimos para, entre otras cosas, experimentar nuestras emociones. “No hay sentimientos buenos ni malos, son sólo sentimientos”, indicó. Aún me avergonzaba tener emociones, y una mentora me dijo con ternura: “Así que tienes sentimientos. ¡Bienvenida a ser humana!”

El autor también invitaba a ver “cómo nos agarramos del resentimiento aunque ello signifique morir”. “El perdón interrumpe el paso del resentimiento del cuerpo espiritual (y emocional) al cuerpo físico”, señaló. Tipping solía a preguntarle a las participantes de sus talleres que habían sufrido cáncer del seno: ¿Quién te rompió el corazón hace unos cinco o siete años? “Ellas nombraban a alguien casi inmediatamente”, relató. Le oí decir algo que había escuchado de Lovey Jane, la facilitadora de veganismo crudívoro que sanó de cáncer: que al igual que la comida con balance ácido, las emociones ácidas provocan enfermedad.

Perdonar es un acto heróico

Foto por www.tsoknyirinpoche.org
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“Alguien dijo una vez que perdonar significa dejar ir cualquier esperanza de que el pasado hubiese sido mejor de lo que fue”, escuché a Jack Kornfield decir en una presentación grabada durante una charla que ofreció en la Universidad de Berkeley. Kornfield es un doctor en psicólogía quien, tras terminar sus estudios, se trasladó a Tailandia y Cambodia a realizar trabajo humanitario. Allí conoció a maestros budistas como Ajahn Chan y Maha Ghosananda, este último practicó la resistencia pacífica en Cambodia para devolverle a los habitantes afectados por el genocidio su sentido de espiritualidad y de hogar.

“Como dice el Bhavagad Gita: ‘Si quieres ver a los valientes, mira aquellos que pueden devolver amor por odio. Si quieres ver a los heróicos, mira aquellos que pueden perdonar’. (Perdonar) es no desear daño ni atacar a nadie, ni siquiera a nosotros mismos. Sin el perdón, la vida sería insoportable, sólo nos quedaría repetir el pasado una y otra vez sin sentir liberación”, señaló.

Kornfield dijo que la capacidad de amar del corazón humano es casi ilimitada, y que todos la tenemos cuando recordamos quiénes somos verdaderamente. Cada uno de nosotros contiene el misterio de un ser de consciencia pura que encarnó en un cuerpo humano. Es esa esencia la que mira a través del filtro humano y observa a la criatura que experimenta vivencias. “Una parte de nosotros sabe esto. Es desde esa consciencia que tenemos la capacidad de soltar lo que hemos vivido”, explicó.

“El perdón no significa que condonamos lo que ocurrió, no se trata de ‘perdonar y olvidar’. De hecho, el perdón podría incluir, comprensiblemente, la determinación de no permitir que esto vuelva a ocurrir. (Decidir que) voy a hacer todo lo que esté en mis manos para protergerme a mí mismo, proteger a otros y asegurar que esto no vuelva a ocurrir. El perdón no significa que tengas que necesariamente hablar o relacionarte con la persona que te traicionó… Y no es sentimentaloide, ni de manera rápida. No puedes ponerle una envoltura, sonreír y decir ‘ya perdoné’. Es un proceso profundo del corazón”, insistió.

Kornfield enseñó un ejercicio que incluía el perdón en tres direcciones: perdonarnos por lo que les habíamos causado a otros, por lo que nos hicimos a nosotros mismos y perdonar el daño que recibimos de los demás.

Su meditación consiste, en parte, en la siguiente reflexión: “Hay muchas maneras en las que otros me han dañado o herido. Todos hemos sido traicionados, todos hemos tenido sufrimiento y dolor… Recuerdo esto ahora, las veces en las que he sido abandonada, traicionada y herida por otros. Siento las penas que aún cargo… Las recuerdo ahora. Hasta el punto en que estoy lista –y éste es un proceso que no puede ser apresurado– … dirigo mi corazón hacia el perdón…Te ofrezco perdón, te dejo ir. No cargaré en mi corazón el dolor de odiarte”.

Cómo practicar el perdón

www.thebridgemaker.com
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El psicólogo budista ofreció algunos pasos para perdonar:

– Sentir duelo por la pérdida de las cosas que no ocurrieron como queríamos. Decir: “ya pasó, ocurrió como ocurrió”.

-Entender que esos eventos nos hacen vulnerables, pero nos traen de vuelta a cosas verdaderamente importantes y nos ayudan a mantener un corazón abierto y vivo pese al dolor.

-Comprender que el proceso no es para nadie más, sino para la paz interior propia, por el bien de nuestra dignidad e integridad.

-Descubrir que ya no es necesario ser leal al sufrimiento propio y que éste es un proceso que requiere paciencia y respeto. Perdonamos una y otra vez hasta que llega el momento en que es posible dejar ir lo que vivimos.

-Establecer una intención de perdonar. De esa manera, programamos el compás del corazón y la psiquis humana (también podría llamarlo el GPS) en la dirección de perdonar. Podremos superar los obstáculos que encontremos si mantenemos la intención viva.

-Aprender formar internas y externas de perdón como la confesión y hacer enmiendas.

-Buscar un grupo de apoyo. Al ver las cosas que otros quieren perdonar, nos damos cuenta que no estamos solas en la experiencia, que todo el que ha amado ha sido herido, todo el que entra al mundo de los negocios se ha sentido traicionado, y todos hemos sentido dolor, pues es parte de la experiencia de estar vivos.

-Comenzar a abrir nuestro corazón de una manera simple y fácil como amar a una mascota o a una persona de confianza. Luego continuamos con una persona más difícil de amar o perdonar. Sólo cuando nuestro corazón está completamente abierto, podremos practicar perdón con la situación más difícil.

“A veces, cuando llegamos a ese punto, el corazón se cierra de nuevo y se vuelve duro como una nuez”, dijo Kornfield. “Uno piensa que no va a poder perdonar nunca, pero es un buen momento para decirle a esa persona en nuestro corazón: ‘Ok, te voy a perdonar hoy, pero sólo un poquito’.

Y de poquito en poquito, pues…

Busca el grupo de Facebook ‘90 días: una jornada para sanar’

Mandala del perdón. Foto por www.photobucket.com
Mandala del perdón. Foto por http://www.photobucket.com
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2 Comments

  1. En el primer parafo de este articulo usted menciona un tratamiento con la terapista de activacion linfatica que la trataba con las hierbas chinas “Para Cleanse” y “Tiao He Cleanse” . Yo vivo en Puerto Rico y me interesa someterme a dicho tratamiento. Me podria usted enviar mas informacion al respecto. Gracias!

    1. Saludos Sylvette – La terapista de activación linfática que me ha ayudado se llama Terry Hug, y está en el estado de Missouri. Te doy la información de su página de internet: http://www.terryhug.com

      Yo me mudé de Puerto Rico buscando más posibilidades de sanación. Eso fue lo que yo hice. A mí me funcionó, pero también puedo comprender que a cada persona le funciona algo diferente. 🙂

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