Meditación y charla: Habla Sabia del Noble Óctuple Sendero, parte 1

Por Yaisha Vargas-Pérez

MEDITACIÓN GUIADA

En la meditación de hoy, vamos a practicar cuidar nuestra ecología interna. Es una invitación a generar una energía de cuidado compasivo, o Anukampa, internamente hacia nuestro cuerpo, hacia nuestras emociones, hacia nuestros procesos de pensar, de sentir, de intencionar y de hablar. Luego, habrá una charla sobre el tercer factor del Noble Óctuple Sendero, la Intención o Narrativa sabia.

Si, en cualquier momento de esta práctica de cuidado compasivo tu mente necesita otro punto para descansar en la realidad presente, puedes utilizar la respiración, los sonidos de ambiente, el espacio entre los sonidos o alguna parte del cuerpo, o cualquier ancla que funcione para ti.

(1 campanada)

Una invitación a tomar varias respiraciones profundas con una actitud de cuidado, como una transición del ruido al silencio.

Una invitación a encontrar la postura que funcione para ti. Que te permita mantenerte alerta y cómoda al mismo tiempo. Estructura en el cuerpo y ternura en el interior.

Si funciona para ti, puedes cerrar los ojos.

Ahora, una invitación a pensar en algo o alguien que evoque en ti una actitud de cuidado compasivo, una presencia de cuidado compasivo; como cuando cuidas a una mascota bebé o a una plantita. ¿Dónde sientes esa presencia de cuidado compasivo en ti? Sosteniendo la presencia de cuidado compasivo a través de la respiración. Si te ayuda, puedes generar esa presencia de cuidado compasivo a través de las palabras. Que mi cuerpo tenga el cuidado que necesita. Que mis emociones tengan el cuidado que necesita. Que mi mente tenga el cuidado que necesita.

Ahora, una invitación a llevar esa presencia de cuidado compasivo al área de la cabeza. Respirando en el área de la cabeza con cuidado y compasión. Deseándole a tu cabeza que tenga alivio y calma, soltando el estrés.

Ahora, una invitación a generar una presencia de cuidado compasivo hacia el rostro. Puedes verbalizarlo en tu mente: que todas las partes de mi rostro estén cuidadas y en paz… y soltando el estrés y la tensión.

Una invitación a llevar ese cuidado compasivo al cuero cabelludo, y exhalando estrés…

a la piel en la frente y exhalando estrés…

al hueso de la frente…

a los párpados…

a la bola de los ojos…

a la parte de atrás de los ojos…

a la sien…

al área debajo de los ojos…

a los pómulos…

a la nariz (sintiendo cómo el aire entra por la nariz y sale por la nariz) …

a las orejas… a la parte de arriba de las orejas…

a la parte de abajo de las orejas…

a la parte de atrás de las orejas…

a la quijada, la quijada superior…

la quijada inferior…

al cielo de la boca…

a la parte de abajo de la boca…

a la lengua…

a los dientes…

Y ahora, poco a poco…

a la parte de atrás de la cabeza…

al cuero cabelludo…

al cerebro…

la nuca…

la parte de atrás del cuello…

la base del cuello…

exhalando estrés…

Ahora, generando una presencia de cuidado compasivo hacia el torso. Puedes verbalizarlo en tu mente: Que todas las partes de mi torso estén cuidadas y en calma.

Prestando atención a la columna vertebral con una presencia de cuidado compasivo

a la espalda…

la parte de enfrente del cuello…

la garganta…

sintiendo cómo el aire pasa por la garganta.

Una invitación a llevar cuidado compasivo al área del cuello y los hombros, con una mirada suave. Dejando ir el estrés.

Una invitación a prestar atención compasiva a los brazos. A las manos. A las palmas de las manos. Llevando cuidado al pecho. A los costados. Al área del abdomen. A la parte baja del abdomen. A las piernas. A los pies.

Prestando atención a todo el cuerpo.

Ahora, una invitación a generar una presencia compasiva hacia tu parte emocional. Puedes verbalizar en tu mente, si quieres: que mi parte emocional pueda sentirse cuidada y en paz.

Ahora, llevando cuidado compasivo a tu parte emocional. Ya sea que sientas tus emociones en el pecho, en la cabeza, en el abdomen, en alguna otra parte. Lleva una presencia de cuidado a esa parte donde procesas sentimientos, donde sientes el amor por otres seres. Invitándola a soltar el estrés, la tensión.

Prestando atención con cuidado compasivo a la parte de ti que siente emociones, que se conmueve.

Y ahora, enviando cuidado compasivo a la parte de ti donde sientes la actividad de pensar. Puedes verbalizar en tu mente: que mi mente pueda sentirse cuidada y en paz.

Enviando cuidado compasivo a las partes de ti que sienten la actividad de pensar.

Ahora, nos preparamos para abrir el corazón y dejar salir nuestra verdadera naturaleza de cuidado y compasión. Esta es una invitación. Lo que habita en nuestro corazón es bondad y compasión, y lo único que lo cubre es un velo.

Abriendo la parte de enfrente del corazón, enviando cuidado y compasión hacia todos los seres en esa dirección.

Abriendo la parte derecha del corazón, enviando cuidado y compasión hacia todos los seres en esa dirección.

Abriendo la parte de atrás del corazón, enviando cuidado y compasión hacia todos los seres en esa dirección.

Abriendo la parte izquierda del corazón, enviando cuidado y compasión hacia todos los seres en esa dirección.

Abriendo la parte de abajo del corazón, enviando cuidado y compasión hacia todos los seres en esa dirección.

Abriendo la parte de arriba del corazón, enviando cuidado y compasión hacia todos los seres en esa dirección.

Permitiendo que el cuidado compasivo infinito del corazón brille hacia todos los seres.

Y en los últimos momentos de esta meditación, enviando agradecimiento por la oportunidad de practicar.

 (3 campanadas)

CHARLA

«Es bueno recordar que nuestras palabras surgen de nuestra ecología interna. Si la vida interior está bien cuidada, es mucho más fácil hablar sabiamente. Al practicar el Habla Correcta, no solo cultivamos el Noble Óctuple Sendero, sino que también cuidamos de los demás y de nosotros mismos. El Habla Correcta beneficia al mundo y fortalece nuestro camino de liberación». Cita del libro Pasos hacia la liberación, de Gil Fronsdal.

Fíjense en esa parte de la cita que dice: «Es bueno recordar que nuestras palabras surgen de nuestra ecología interna. Si la vida interior está bien cuidada, es mucho más fácil hablar sabiamente». Con esta cita comienza el capítulo de Habla Sabia en el libro. Lo que está diciendo es que si nuestra ecología interna está cuidada; si nuestro cuerpo está cuidado, si nuestras emociones y pensamientos reciben el cuidado adecuado, no solo cuidamos de nosotros mismos, sino que cuidamos otras personas.

Hasta ahora, hemos practicado dos factores del Noble Óctuple Sendero que atienden nuestra ecología interna: cuál es nuestra perspectiva y cómo podemos tener una perspectiva sabia sobre el sufrimiento para saber cómo escoger un camino que nos lleve a dejar de sufrir; y cómo identificar cuáles son nuestras intenciones para poder escoger intenciones que nos lleven a dejar de sufrir.

En este tercer factor de Habla Sabia comenzamos a practicar un camino ético para no crear sufrimiento en nuestras interacciones con otras personas. A este factor lo siguen la Acción Sabia y el Modo de Vida Sabio.

¿Cómo generamos una forma de hablar sabia?

Les confieso que, al principio de mi camino en esta práctica pensaba que era hablar sabiamente se trataba solo de la forma: hablar suavecito, bonito, aunque eso implicara no ser totalmente honesta. Pero entre los requisitos del factor del Habla Sabia está decir la verdad, así que no puede ser algo falso ni forzado. Es importante aprender a no poner nerviosas a las demás personas que están cerca de nosotras cuando hablamos, o sea, a no causar sufrimiento, pero a veces hay que hablar con firmeza y poner límites saludables para evitar más sufrimiento. A veces hay que protestar si hay líderes causando sufrimiento. Pero se puede decir la verdad sin hacer daño. Decir la verdad sin amabilidad a una persona cercana a veces puede caer en la crueldad.

Se habla sabiamente cuando se habla la verdad, en el momento oportuno, con cortesía; se pronuncia con benevolencia y se dice con una mente de buena voluntad.

La semana pasada tuve la oportunidad de decir algo que era muy difícil para mí decir, relacionado con un servicio que recibí, pero lo dije de manera respetuosa. Y eso fue más poderoso porque la otra persona se mostró dispuesta a escuchar mi experiencia. Hice el esfuerzo de ser justa en mi impresión de la situación. Hablé de las cosas que sí habían funcionado del servicio y de las que no, y cuáles habían sido las conductas repetidas que habían sido irrespetuosas, y que me habían hecho tomar la decisión de no continuar con ese servicio. La otra persona, que tenía un puesto de supervisión, me dio su teléfono y me invitó a que llamara, y así lo hice. Le dije: «Me apena mucho, porque este servicio no era así». Recibí comprensión, una disculpa y el compromiso de mejorar. No sé qué va a pasar, pero en mi recuerdo de cómo se desarrolló la situación, me queda la sensación de que mi conducta fue lo más sabia posible en esa circunstancia, aunque haya tenido mucho coraje.

A veces, si estamos en la vorágine de una emoción de coraje, en vez de hablar, tal vez sea mejor salir a caminar para cuidarnos de no decir algo que nos haga daño a nosotras mismas y a las demás personas.

El Habla Sabia es un factor difícil de practicar, porque a veces no hacemos pausa entre lo que estamos pensando y lo que decimos. Por eso es importante cultivar el segundo factor de la Intención Sabia, a través de sembrar benevolencia en el cuerpo, nuestra parte emocional y la parte de nosotras que procesa pensamientos. Llega el momento en que, cuando estamos a punto de decir algo que no es sabio o de lo que luego nos vamos a arrepentir, sentimos un halón por dentro. Es como si algo nos dijera, esto te va a hacer sufrir a ti, aunque vaya dirigido a otra persona. Cuando va a salir algo que no es bondadoso, lo sentimos en el cuerpo. Esa es una señal de que existe el potencial de que esas palabras y la intención de las palabras van a causar sufrimiento.

Y, cuando nos damos cuenta de por dónde va ese proceso interno porque lo sentimos en el cuerpo, también está presente el séptimo factor del mindfulness sabio. Si nos dimos cuenta, había atención presente, estábamos presentes a nosotras mismas y a la posibilidad de afectar a otro ser.

Recordamos que las raíces del sufrimiento son el aferramiento a cosas que nos hacen sufrir aunque al principio fueron placenteras, la mala voluntad y la hostilidad. Y las conductas de nuestra mente, intenciones y acciones que nos llevan al fin del sufrimiento son la renuncia a las cosas que nos hacen sufrir, la buena voluntad y la compasión.

Fronsdal propone en el primer ejercicio del capítulo de Habla Sabia, que estemos pendientes a nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestras motivaciones cuando hablamos, sobre todo en nuestras interacciones cercanas. ¿Podemos hacer una pausa para ver este proceso en cámara lenta?

Semana 1 – La experiencia al hablar

Una de las áreas más desafiantes pero también gratificantes de la práctica de la atención plena es el habla consciente.

Si nos sintonizamos con nosotros mismos, podemos experimentar las relaciones que el habla tiene con nuestros cuerpos, con nuestra vida emocional, nuestras creencias e ideas, nuestras preferencias y con las formas en que nuestras experiencias pasadas nos han condicionado.

☐ Dedica una semana a tener en cuenta estas áreas cuando hables. Podría resultar útil llevar un diario para registrar lo que vayas descubriendo. Puede que la siguiente secuencia de preguntas te sea de ayuda:

– Día uno: concéntrate en notar lo que sucede en tu cuerpo mientras hablas.
– Día dos: concéntrate en cómo te sientes emocionalmente cuando hablas.
– Día tres: concéntrate en qué te motiva a hablar. ¿Por qué dices lo que dices?
– Día cuatro: sé consciente de a qué le prestas atención cuando hablas. ¿Estás concentrado en tus propias palabras?
– ¿Prestas atención a las personas con las que estás hablando? ¿Qué tan consciente eres de tu – cuerpo mientras hablas?
– Día cinco: mantén tu atención anclada en tu cuerpo mientras hablas. Observa cómo esto afecta lo que dices.
– Días seis y siete: repite algunas de las prácticas de los primeros cinco días

Que sea de beneficio para tu práctica.

Con bondad,

Yaisha

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