90 días: Laura nuestra

Colectivo de familiares y amigos de Laura Rivera Meléndez/columna publicada el domingo 20 de septiembre en el diario puertorriqueño El Nuevo Día.

Nota de la autora: La columna de esta semana no está escrita en su formato usual, es un texto colectivo en conmemoración a la periodista Laura Rivera Meléndez.

Laura N.Laura4 Rivera Meléndez, periodista, estudiante de Derecho, visionaria, de una claridad de propósito sólida y de principios
patrios que inspiran a quienes la conocemos, se mudó a destiempo el viernes, 30 de septiembre de 2005, tres días antes de su cumpleaños número 24. Se fue a vivir en nuestros corazones. Aquí narramos, amigos y familiares, cómo late en nosotros, viva, presente y amada. Laura nuestra, Laura siempre:

Charo Meléndez Centeno, mamá de Laura  – “Asimilar la pérdida de una hija es algo en lo que nunca pensamos. Para las madres y los padres, la muerte de una hija es contra toda naturaleza humana. ¿Cómo podemos reponernos entonces?  Pues día a día. Sabemos que comenzamos a sanar cuando cambiamos la imagen sin vida en una camilla por la sonrisa eterna de ese ser de luz que se fue a otro plano a iluminar. No es sencillo y, siempre que pienso en ella, se me aprieta demasiado el pecho. Pero he ido aprendiendo que esto es algo normal, porque he tenido que aprender a vivir sin un pedazo del corazón.

Nunca entenderé su partida súbita, pero sí entiendo que tenía una agenda muy breve y la completó. Laura sigue viva, su sonrisa ilumina todos los días de mi vida. Lloro cuando quiero llorar, pero su sonrisa eterna me devuelve el aliento. Me hace pensar sobre la fragilidad de este plano y sobre la importancia de trascender dejando huellas. Huellas que trato de seguir para ser mejor madre, hija, hermana, amiga, abuela, mujer y patriota.

Laura trascendió este espacio físico, pero me dejó muchas hijas e hijos que durante estos diez años han celebrado su vida junto a nosotros. Me tomó mucho tiempo dejar de pensar que Laura murió porque yo no estaba con ella. Me ayudó una madre y doctora quien, durante una emergencia, no pudo hacer nada por su hija. Fue otro doctor quien la sacó de la crisis. Me tomó cuatro años liberar sus cenizas, gracias a que su hermana me dijo que no quería que Ariana conociera a tití Laura a través de una urna. Liberé sus cenizas para cumplir con esta petición de  Patricia. Finalmente, me tomó unos ocho años despedirme de ella. Sí, y a insistencias de una hermana de la vida, con todo mi escepticismo y ateísmo, acepté unas sesiones de reiki. Allí liberé esa energía que me causaba dolor y no me dejaba entender que Laura había cumplido su agenda en este espacio y que ahora la necesitaban en otro.

Gracias, Laura, por haberme escogido como tu madre, aunque mi corazón haya perdido un pedazo. Te amo”.

Patricia Rivera Meléndez, hermana – “Aquel 3 de octubre en que debías celebrar tus 24 años, horas después de cremar tu cuerpo, subí a tu cuarto a acostar a Ariana y sentí cómo te transformabas. Desde entonces, hablamos en los sueños, me miras a través de los ojos sabios de tu Ariana,me cantas cada vez que entono algún coro de alguno de tus temas favoritos. Me sostienes a través de la fortaleza de Mami, y me sonríes con cada ternura de Papi. Te veo bailar en cada jolgorio de uno de tus amigos, te leo en el escrito de cada periodista comprometido, te escucho en el reclamo de cada estudiante y te siento en cada abrazo de la familia. Sigues allí, bajo el árbol de nuestra escuelita, y entre los acordes de pasillo en UHS. Estás en los olores y sonidos de la casa de campo, en la ilusión de cada Navidad. En cada lucha por la patria. Estás conmigo, Laura, con nosotros.”

Laura2Rebecca Banuchi, amiga – “Aún me ayudas a superar mis momentos de mayor duda e indecisión. ¿Cuántas veces, en estos 10 años, te he consultado buscando respuestas? ¿Qué habría hecho Laurita en estas circunstancias?, me pregunto con cierta frecuencia. No es solo por el afán de invocarte ni por la alegría profunda que siento al recordarte y pronunciarte, es que toda mi vida has sido esa voz que me ha ayudado a trazar mi ruta o, al menos, a despejar el camino. Agradezco infinitamente que el amor y la complicidad tan grande que nos unió me permiten todavía crecer en esta vida junto a ti”.

Lourdes Lugo-Ortiz, amiga – “Un cambio a última hora en la oferta académica, junto con las leyes del azar, conspiraron para que Laura fuera mi estudiante. Un tiempo después de iniciar la clase, y esta vez  guiada por su compromiso más que por la casualidad, colaboró conmigo como tutora en un proyecto para desarrollar destrezas de redacción en la Escuela de Comunicación. Ya cuando la relación estudiante-profesora estaba fortalecida, Laura decidió regalarme algo extraordinariamente preciado. Me tomó de la mano, y me llevó a volar con ella hacia el corazón de sus amigos/as de la vida, el corillo. Ya no había vuelta atrás. Esta vez no fue casualidad. Compartí con Laura el compromiso, la solidaridad y la alegría que tan bien cosechaba con sus amistades. Construimos algo más en común, más allá del periodismo. Nos sumamos. En eso llegó su partida -¾insospechada, confusa, incrédula, no hay palabras-¾, pero, tal y como si lo hubiera planificado, no nos dejó solos, tramó para dejarnos en compañía”.

Laura Noemí Perez, amiga – “Decir tu nombre es decir el mío, y, sin embargo, qué distinto suena cuando pienso en todo lo que eras y todo lo que sigues siendo. En vida, fuiste mi confidente y mi hermana; mi crítica y mi cómplice. En estos diez años, para continuar nuestros rumbos paralelos, nos hemos convertido, además, en colegas. Y aun cuando no nos dio tiempo a compartir en este apartado, sigues siendo tú con quien debato y a quien consulto en esos momentos –tantos– en los que la verdad reclama, los principios aprietan y la ética se impone.

No tuve que sentarme a tu lado en una sala de redacción para poder adivinar cómo resolverías muchos de estos dilemas. Tu rigurosidad y tu compromiso con la justicia, tan necesarios para encontrar la respuesta a las preguntas que me asaltan, los conocí mucho antes, cuando todavía éramos unas niñas que jugaban a entender el mundo desde el patio de la escuela”.

Yamaira Muñiz Pérez, amiga  – “El tiempo ha pasado volando, pero ni nos hemos dado cuenta. ¿Diez años ya? Eso significa, Laura, que jamás nos dejaste. Una amiga que tú y yo tenemos en común (sí, en presente, porque tu tiempo sigue siendo ahora) siempre me dice que, cuando te recuerda, piensa que todavía estás. No cabe la menor duda de que perdimos (y mucho) con tu muerte, pero ganamos por pela celebrando tu vida cada 30 de septiembre. Porque ahí están tu bella sobrina, Ariana Paola, que es como verte de niña; tus padres, Charo y Tato; tu hermana, Patricia, y tus amigas Liani, Rebecca y Laura. Cuando me encuentro con ellos, es como abrazarte. Tu esencia queda, tu voz se escucha, tu risa resuena, tu sonrisa alegra para anestesiar el dolor. Nunca te fuiste por completo, amiga y camarada de las mil y una luchas que libramos en una cancha de baloncesto, en la calle y en Vieques. Diez años después, más viva que nunca”.

Lilliam Irizarry, amiga –“Laura sigue apalabradamente viva en mi memoria. Y es que, de nuestro hermoso ritual de intercambiar impresiones escritas sobre nuestra jornada diaria, atesoro sus palabras sobre la cobertura del último recorrido de su asesinado comandante Filiberto Ojeda Ríos por la patria: ‘Este llorar es de rabia, y a la misma vez me parece hermoso. Es el mismo llorar de todos. Ayer, cuando llegó el cuerpo de Filiberto, estuve a punto de rajarme de la cobertura. Mientras agarraba la grabadora, con la mano izquierda temblando, no podía parar de llorar, y me dolía tener que ocultar la cara y secarme las lágrimas para que las cámaras no me grabaran. Pero estas lágrimas, tenemos el deber todos de convertirlas en compromiso, en indignación, en cuestionamiento’.

Ese escrito lo firmó ‘desde algún punto del corazón de la patria’, justo donde está ahora, con Filiberto y tantxs otrxs que cumplieron su deber patriótico de enseñarnos a ser mejores puertorriqueñxs”.

Laura5Yaisha Vargas, amiga  – “Gracias, Laura, por la oportunidad de saberte viva siempre. Tu partida física despertó todos los duelos que no había llorado y fue el detonante inicial de mi jornada, posteriormente narrada a través de ’90 días’. En diez años, he ido sanando todo, y reapareces en el comienzo de un ciclo nuevo, en el que me recupero a mí misma y a las ganas de ayudar a mi país. En la última cobertura que compartimos, el funeral de Filiberto, se me quedó a flor de labios la petición de que fueras mi mentora periodística. Me invitaste a preguntarte, pero pensé que habría tiempo para hablar después, y en eso trascendiste. Con el tiempo entendí que te mudaste a mi corazón. Desde la distancia ilusoria, me inspiras a iniciar esta hermosa catarsis colectiva, que quizás sea de ayuda, o sirva como ejemplo, para familiares y amigos de seres iluminados que se mudaron ‘a destiempo’. Hasta eso haces, Laura, enseñarnos a sanar”.

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