El amor de Israel y Palestina

Por Samadhi Yaisha / columna publicada el domingo 17 de agosto de 2014 en el diario puertorriqueño “El Nuevo Día”

Gz-map2Tengo una Franja de Gaza interior. Un hueco entre la pared de mi esternón y el océano de añoranza en el que late mi corazón. Ahí se libra una batalla.

Recuerdo cuando el océano me bañaba los pies. El mar fue mi único consuelo durante 90 días de exilio en mi propio país. Fui el chivo expiatorio de la frustración de otros: las descargas caen cuando una está más débil, cuando no puede responder y necesita ayuda del resto de la humanidad. En ese estado de consciencia no hay puntos medios. Una se vuelve un péndulo entre la impotencia abrumadora y el contraataque a ciegas y a solas: aterrorizar y querer morir como último recurso de alerta. He sido Palestina.

Me divide un muro que levanté con todas las piedras que recibí cada vez que me sentí desplazada por el mundo. Yo quería pertenecer. Por encima de la muralla, he lanzado artillería para protegerme preventivamente del rechazo ajeno, del terror al desprecio. He ocupado espacios que eran compartidos, he atrincherado alegrías. Al otro lado del muro, el anhelo constante de me acepte a la fuerza –que me ame- un enemigo sin rostro. Le disparo porque mi herida tiene que ser culpa de alguien. Me impulsa un catalítico que ya perdió la memoria. A ver si se aplaca mi dolor histórico. He sido Israel.

La Gaza que vemos en Oriente Medio es una representación de la herida primaria que cargamos sin sanar. Nos hirieron y herimos. Todos somos Gaza. Y todos somos Israel. Hemos levantado muros, disparado para defendernos de un pasado de angustia extrema y de un ataque futuro. Muchos nos convertimos en perpetradores de las acciones de las que fuimos víctimas, porque esa herida corroe nuestra psiquis. Nos hace ver la realidad distorsionada. La literatura de recuperación de 12 pasos indica que “cuando vivimos … desde el punto de vista de ser víctimas (de nuestro pasado) nos convertimos en perseguidores o perpetradores que creamos víctimas” (libro rojo de ACA en inglés, página 8. www.adultchildren.org). Eso explica que una persona que abusada se convierta en abusador. Esa persona, o país, exterioriza la brutalidad que heredó.

Cuando una se atreve mirar lo que vivió, a experimentar el dolor que eso causó, a perdonarlo y a dejarlo ir, se da cuenta que las cosas no eran tan en blanco y negro, y que la muralla escondía un anhelo agudo de amor. Debajo de la artillería lloramos porque queremos sentirnos amados de nuevo. Queremos paz.

Hablemos de la violencia en Gaza, quitémosle la careta a su raíz. Hablemos de las pérdidas de vidas, es menester que el mundo sepa. Pero también démosle poder a las historias de amor fronterizo, igual que las hubo en Berlín y las cuales terminaron por derrotar la muralla. Redactemos la verdad de israelíes y palestinos que cruzan la raya a riesgo de sus vidas para amar. Si meditar en grupo reduce la violencia en una cárcel y en una ciudad, nutramos nuestras mentes de historias sobre cómo Israel y Palestina se quieren reconciliar.

Historias de amor

AfnanfromGazaAfnan es una niña palestina de siete años. Tras una convalecencia de varios meses, en julio salió del hospital Rambam en Israel para reunirse con su familia en Gaza, según reportó el Canal 10 de la televisión israelí. Pude ver el reportaje a través de YouTube (http://youtu.be/g_1Mv7F9pyc).  El día en que Afnan regresaba a casa, y ansiosa por ver a su mamá y hermanos, el ejército israelí cerró el cruce de frontera de Erez. Esa misma mañana, hubo reportes de que el fuego cesaría, sin embargo los aviones de combate israelíes seguían bombardeando Gaza. Afnan, su padre y el conductor israelí que los transportaba, no pudieron pasar el punto de cotejo y fueron enviados de vuelta a Israel. Frustrada, la niña lloró sobre las rodillas de su padre.

El conductor del vehículo que los transportaba, el israelí Yuval Rot, fundó hace 17 años una organización sin fines de lucro que traslada pacientes palestinos que necesitan atención médica en Israel. “La razón para toda esta empresa es el asesinato de mi hermano. Ésa es la razón”. Su hermano Udi, un guardia de la reserva israelí, fue acribillado por terroristas en Gaza mientras regresaba a su casa. “Yo perdí a Udi, pero no perdí mi cabeza. Y lo que dice mi cabeza es que, si queremos crear aquí algo, un futuro para nuestros hijos y nietos, algo de sanidad, entonces la única manera en que lo creo posible es hablando entre nosotros, y no la vía que vemos ahora mismo, la vía de la fuerza”. Hoy día su organización tiene 500 voluntarios.

La osadía más grande de Yuval Rot no ha sido cruzar la frontera para trasladar palestinos, sino sanar su herida ayudando a un “enemigo” quien también atraviesa dolor.

Las redes sociales documentan a diario iniciativas ciudadanas para que cese el conflicto. Las páginas de Facebook “Israel loves Palestine” y “Palestine loves Israel”, ponen en sus muros noticias sobre caminatas conjuntas de israelíes y árabes, manifestaciones de israelíes frente a oficinas gubernamentales pidiendo el fin del bombardeo en Gaza, han reportado que el costo de la guerra por parte de Israel ha sido de alrededor de 3.6 mil millones de dólares y hacen un llamado a ayuda humanitaria en Gaza. Asimismo, reportan con júbilo momentos en los que Hamás ha aceptado un cese al fuego.

loveEl portal de Radio Pública Internacional (www.pri.org) divulgó a finales de 2013 la historia de amor entre dos jóvenes de 29 años: David, de Israel, e Ibrahím, de Palestina. Cuando se conocieron, Ibrahím le dijo a David: “Estás en Jerusalén, yo estoy en la Ribera Occidental, y hay un muro entre nosotros. No es buena idea tener expectativas”.

El único lugar en el que pudieron encontrarse legalmente fue la casa de Ibrahím, cuando David conoció a la familia. David también transportaba a Ibrahím al otro lado de la pared escondiéndolo en su vehículo. Pese a que fueron detenidos por las autoridades en una ocasión, se juntaban a escondidas de nuevo. Eventualmente, el conflicto político puso mucho peso a la relación. “Realmente no puedo separar la situación política de nuestra situación personal”, señaló David. “Tuvimos un gran amor”, comentó tras el rompimiento.

Un llamado de conciencia

La organización activista Avaaz (www.avaaz.org) divulgó la campaña “Israel-Palestine: This Is How It Ends” para presionar públicamente a las corporaciones que financian las armas y la tecnología que mantienen vivo el conflicto. Al momento de entregar este escrito, tenían el apoyo de más de 1.6 millones de personas alrededor del mundo.

Avaaz indicó que “en Europa y América del Norte, hacer un llamado a compañías para que dejen de financiar la ocupación de Israel en Palestina suena como algo completamente parcializado. Pero esta campaña no es anti-israelí, ésta es la estrategia no violenta más potente para terminar la guerra … Hamas (que algunos países consideran terrorista y otros no) merece mucha presión también … actualmente enfrenta sanciones incapacitantes y todo tipo de presiones”.

“El fondo de pensiones holandés APB invierte en bancos israelíes que ayudan a financiar la ocupación de Palestina. Bancos como Barclays invierten en suplidores de armas israelíes … Hewlett-Packard suple vigilancia sofisticada para controlar el movimiento de los palestinos, y Caterpillar provee excavadoras que son utilizadas para demoler hogares y granjas de palestinos. Si podemos lograr el más grande llamado global para que estas compañías se retiren, demostraremos con claridad que el mundo no será cómplice”, puntualizó Avaaz.

Switzerland-UN-Rights_Horo-e1370966495239La idea de ahogar la financiación de recursos bélicos fue propuesta en octubre de 2012 por Richard Falk, investigador especial del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en los territorios palestinos ocupados. “Los negocios no deben quebrantar las provisiones internacionales de leyes humanitarias”, indicó Falk, según una comunicación oficial de la ONU. “Y tampoco deben ser cómplices en ninguna violación”, recalcó.

Al borde de mi apertura interior, veo mi propia muralla y varios aspectos de mi propia conciencia esperando reconexión. La meditación Vipassana me enseñó a dejar de subvencionar rencores viejos. Ahora aguardo algún debut shakesperiano con un final trocado hacia la felicidad, o el desliz semejante a la “equivocación histórica” de un funcionario alemán –la cual permitió la caída del muro de Berlín junto con la conspiración reporteril que también anhelaba paz. Así se acabaron décadas de Guerra Fría y separación. Miro las noticias sangrientas sobre Gaza, y prendo velas que iluminan mis propias cicatrices, esperando algún agraciado error que me hable de esperanzas.

En Facebook, “90 días: una jornada para sanar”

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