Meditaciones dinámicas: danzando hacia el interior

por Samadhi Yaisha / una versión de esta crónica fue publicada el domingo 15 de mayo de 2011 en el diario puertorriqueño “El Nuevo Día”

“Te enseño una moralidad simple: nunca vayas en contra de tu naturaleza”. Osho

Mis sandalias azotaban la brea con brío y prisa, mientras la falda morada luchaba en ondas contra el viento. En dos minutos, cantaría un gallo y cerrarían la puerta.

El pecho agotado delataba que, pese a toda la yoga, estaba fuera de forma para correr. El rocío de aquella madrugada de diciembre se evaporaba entre los pasos ajorados de los devotos del maestro indio Osho, quienes caminaban bajo la arboleda mística de Koregaon Park en Puna, India.

Este maestro había logrado en mí lo que nadie: que comprara un reloj pulsera y llegara a tiempo a todas partes. Dos meditaciones justo fuera del Chuang Tzu que solía ser su casa, en una silla incómoda mirando el Buda de piedra sobre la charca, habían sido suficientes.

– ¿De dónde huyes? – preguntó un chico de paso enérgico que también batía su batola morada. Era el uniforme de este centro internacional de meditación que cobijaba personas de todas partes del planeta, de todo tipo de profesiones y estratas sociales. La mayoría acudían a aquel refugio espiritual durante transiciones de vida. Éramos todos orugas de seda tejiendonos en crisálidas violetas que zumbaban listas para despertar.

– Vengo del hotel – señalé el edifcio contiguo sin dejar el trote agitado. Un minuto y treinta.

– No, pregunto que de qué país vienes huyendo…. – Nos reímos los dos.

– De Puerto Rico.

– Wow. Eso está lejos.

– ¿Y tú? – le pregunté.

– Europa – me sonrió.

– Pues te gané – nos reímos otra vez y seguí corriendo.

Una piscina quieta precedía a la pirámide de mármol negro. Aquieté la marcha cuando crucé el puente a ras del agua. Me hacía sentir que caminaba sobre el lago sereno. Las escaleras de granito no ofrecieron resistencia; y, en el tope, más allá de los portales de madera, la recompensa de soltar las sandalias y sentir las losas frescas. Había llegado a la meca de la Meditación Dinámica.

Las técnicas de meditación que Bhagwan Shree Rajnessh (1931-1990) –un profesor de filosofía indio conocido como Osho– había rescatado de la antigüedad me habían ayudado a limpiar un subconsciente de emociones reprimidas y pérdidas no expresadas durante 30 años. Esa parte de la mente que, como mecanismo de manejo, había tejido capas de hábitos y obsesiones para sobrevivir en un mundo de cemento y alcanzar el concepto general de “éxito”. Osho entendía que, para que el ser humano moderno –tan bombardeado de estímulos, dogmas y obligaciones– pudiera aquietar la mente y meditar, era necesario primero dejar salir todo aquello que había estado enterrado -como por ejemplo, emociones atrofiadas- para trascenderlo y dejar brillar la naturaleza humana en su estado puro y ordinario:

“La iluminación es simplemente la fuente verdadera de vida… es darte cuenta de que ya eres lo que siempre has querido ser… La definición misma de la naturaleza es que no puedes ir más allá de ella. Puedes intentarlo y crearte ansiedad y angustia, pero no puedes ir más allá de la naturaleza. Eres tú mismo, ¿cómo puedes ir más allá de ti mismo? Intentar ser tú mismo es imposible, porque ya lo eres, pero los sacerdotes y los tan llamados líderes religiosos y todos los que han querido que estés esclavizado te han dado ideales, te han dicho que debes comportarte de ciertas maneras y, a menos que hagas lo que dicen, no eres bueno… Todo eso ha sido creado para que no puedas ser simplemente tú mismo. Te enseño una moralidad simple: nunca vayas en contra de tu naturaleza; incluso si todos los budas de todas las épocas están en contra de ella. Eso no tiene nada que ver contigo. Ellos hicieron lo que creían que estaba bien para ellos. Tú tienes que hacer lo que tú sientes que es correcto para ti”.

Ya hecho cenizas el furor mediático que lo siguió hasta que dejó su cuerpo en 1990, el mensaje de libertad interior de Osho se transmite por las noches en la televisión de India, colándose en las mentes de una generación joven que también lee sus libros.

Escogí una esquina entre centenares de viajeros del mundo. Se proyectó un vídeo con meditadores, todos jóvenes, sobre esta técnica que dura una hora, en la cual es necesario estar atento a lo que ocurre en la mente, pero a la misma vez, mantener “una actitud de testigo”, como si se observara lo que le ocurre a otra persona. Empezó la música y comenzamos a respirar:

▪              10 minutos – respirar de manera caótica, rápida e intensa a través de la nariz, concentrándose en la exhalación.

▪               10 minutos – ¡Explotar! Dejar salir todo lo que necesite ser arrojado fuera: llanto, risas, rabia, brincos, sacudidas, baile, cánticos. No se retiene ninguna emoción y se mantiene todo el cuerpo en movimiento.

▪               10 minutos – Con los brazos levantados, brincar hacia arriba y hacia abajo pronunciando el mantra “¡hu! ¡hu! ¡hu!” hasta agotarse totalmente.

▪               15 minutos – ¡Detente! Al parar la música, dejar el cuerpo inmóvil en cualquier posición en la que se encuentre, sin acomodarlo. Cualquier movimiento sutil podría interrumpir la meditación.

▪               15 minutos – Celebrar en gratitud a través de la danza.

▪               Esta meditación se sugiere al levantarse en la mañana

La intuición desenterrada

Aún recuerdo la primera vez que vi una adaptación de esta técnica en Puerto Rico. Me parecía un rito tribal y me daba vergüenza de que alguien me viera brincando. Sin embargo, su práctica en pocos años logró acceder y sanar espacios interiores que hubiese tardado años en descubrir sentada en un consultorio.*

Otros dos textos que utilicé en mis procesos de terapia –“Love is a Choice” (Hemfelt, Minirth y Meier) y “Al encontrarte en transición” (Robert Brumet)– mencionaban cómo la lógica pura ha sido en los últimos dos siglos la corriente mayoritaria de pensamiento en la cultura occidental, al punto de evitar las emociones, “pensamientos” y mensajes del corazón.

“El ‘extraer’ de la sabiduría interior, ha sido abandonado en favor de un proceso de ‘alimentar’ con información y destrezas que parecen ser necesarias para sobrevivir en nuestro sistema económico… Nuestro modo de vida ha llegado a estar basado grandemente en lo que podría llamarse un ‘paradigma mecanicista’”, indica Brumet, quien agradece sus conocimientos a figuras como como Carl Jung, G.I. Gurdjieff y maestros de espiritualidad indígena, entre otros.

Así que las técnicas de Osho me ayudaban a ponerme en contacto con esa parte de mí parcialmente diseccionada luego de tanta academia y trabajo, en aras de conseguir un éxito material que concluyó en infelicidad.

Viví el fluir de mi energía desde la columna vertebral y el sistema nervioso central durante las Meditaciones Kundalini; y pude sentir los cambios en mi coordinación motora y fortalecerla a través de la Meditación Vipassana, observando el silencio, colocando un pie frente al otro mientras escuchaba una música suave pero sólida. Atenta a la pisada, sentí con plena conciencia cómo se movía el conjunto de músculos, huesos, tendones y coyunturas en un solo paso.

Al salir de la Meditación Dinámica, el Sol marcaba las 7:00 de la mañana. Descubrí la maravilla de que no tendría que cocinar en las próximas tres semanas. El centro de meditación, también un  resort, tenía un restaurante en el que podía hacer el pedido extraño de arroz integral con vegetales frescos ligeramente salteados, hummus, tahini, limón y gomasio (ajonjolí triturado) a esa hora de la mañana. Mi estómago había hallado un paraíso culinario. Así que colgué el caldero de la sopa, saqué mi penúltimo suministro de algas, y me recosté a sentir el Sol mientras me comenzaba a invadir por dentro un silencio sin tiempo. Me sentí entonces más cerca de mi hogar.

La autora es un ser libre.

Otras técnicas útiles:

▪               Meditación Nataraj:

▪               Primera etapa: (40 minutos) Danzar con los ojos cerrados sin controlar los movimientos. Dejar que la danza ocurra, que el subconsciente tome control. Ser testigo de lo que ocurre.

▪               Segunda etapa: (20 minutos) Descansar completamente inmóvil y en silencio.

▪               Tercera etapa: (5 minutos) Danzar en celebración.

▪               Meditación Gourishankar:

▪               Primera etapa: (15 minutos) Sentarse con los ojos cerrados. Inhalar profundo por la nariz, llenando los pulmones, y sostener la respiración tanto como se pueda. Exhalar suavemente por la boca y mantener los pulmones vacíos tanto como sea posible.

▪               Segunda etapa: (15 minutos) Respirar normalmente mientras se observa una vela o una luz azul parpadeante. Mantener el cuerpo quieto.

▪               Tercera etapa: (15 minutos) De pie y con los ojos cerrados dejar el cuerpo relajado al principio y luego moverlo gentilmente, en la dirección que él quiera. Permitir que ocurra ese movimiento suave.

▪               Cuarta etapa: (15 minutos) Descansar en quietud con los ojos cerrados.

▪               Meditación Kundalini (recomendada para las tardes, tras la jornada de trabajo):

▪               Primera etapa: (15 minutos) De pie y relajado, permitir que el cuerpo tiemble, sintiendo que la energía sube desde la planta de los pies. Permitir que el movimiento ocurra, no dirigirlo. (Puede tener los ojos cerrados o abiertos)

▪               Segunda etapa: (15 minutos) Bailar sin forzar la danza, más bien dejar que ocurra.

▪               Tercera etapa: (15 minutos) De pie o sentado, permanecer en quietud, observando lo que ocurre en el interior.

▪               Cuarta etapa: (15 minutos): Descansar acostado y mantener quietud y silencio.

* Este artículo no pretende dirigir al lector a sustituir ningún tratamiento. Una descripción más detallada de estas y otras técnicas, así como de la música que las acompaña aparece en la página web www.osho.com

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