Para practicar la meditación con un video, ve a este enlace: https://youtu.be/PfbZoeiNVvU
INTRODUCCIÓN
El regalo de Navidad. ¿Les dio el catarro de la temporada? A mí también. Eso cambió todo mi itinerario de eventos navideños. No es la primera vez que mis vacaciones de días de fiesta se convierten en un periodo de convalescencia. La diferencia es que, en esta ocasión, abracé la oportunidad de descansar y recibí un maravilloso regalo.
Cada oportunidad para respirar me llevaba al agradecimiento. En vez de sumergirme en el barullo navideño, me sumergí en la tranquilidad y el silencio que ocurre cuando hay mucha gente de vacaciones en la ciudad y el remolino de prisa en el que vivimos se apacigua. Y en algún momento de ese descanso, entre meditar y tomar siestas, apareció con claridad la cualidad de la ecuanimidad: una mente más serena y equilibrada. Ese es el séptimo factor del despertar, el cual es parte del Cuarto Fundamento del Mindfulness que estudiamos durante la última sesión de meditación de 2025 como parte de los ocho aspectos del Noble Ócuple Sendero adaptado a la ecología que comenzamos a estudiar en abril de 2025.
Me di cuenta de que, aunque las condiciones no habían sido idóneas según las expectativas de la temporada, recibí el mejor regalo que podía recibir.
El propósito definitivo del mindfulness – Con el surgimiento del mindfulness en décadas recientes como una herramienta secular para reducir el estrés, se ha establecido la idea de que esta práctica tiene como propósito solamente reducir el estrés. Y aunque es un propósito loable y necesario, hay una razón más profunda y mucho más urgente.
El «Satipatthana Sutta», o Discurso de los Cuatro Fundamentos (o Establecimientos) del Mindfulness, nos enseña a establecer la atención en cuatro áreas: 1) el cuerpo y la respiración, 2) los “védanas” o tonos del sentir, 3) los estados mentales (pensamientos y emociones) y 4) los dhammas o procesos mentales; entiéndase, los cinco obstáculos que impiden ver la realidad con claridad y los siete factores del despertar. Se dice que este «sutta» es «el camino directo hacia la liberación», pues tiene prácticas para liberarnos de las tres raíces de sufrimiento: el aferramiento o codicia, la aversión u odio, y la ignorancia o confusión.
Vemos eso en este Cuarto Fundamento al aceptar que tal vez hay obstáculos presentes en nuestra mente, al aprender a desenredarlos y al inclinar la mente hacia aquellos factores que nos ayudan a despertar; a encontrar en nuestra propia mente la capacidad de aunar energía serena, alegría apacible, tranquilidad, concentración y ecuanimidad o equilibrio (los factores del despertar). La ecuanimidad es la capacidad de recibir las circunstancias de la realidad presente sin que la mente se incline, se vuelque o se arrastre. El estado de ecuanimidad es un maestro en sí mismo, porque nos demuestra que no es necesario que nos arrastren los estados mentales o emocionales difíciles si recibimos una mala noticia, y tampoco es necesario que nos arrastre una excitación eufórica para celebrar una temporada festiva. Nos damos cuenta de que, en esos casos, la mente se sale de su equilibrio. La ecuanimidad nos da el regalo de la suficiencia y la plenitud. Estar en paz y tener una mente serena son cualidades capaces de darnos una gran felicidad apacible. No sentimos que estamos fuera de la temporada porque no estamos brincando de alegría, sino que, en el recogimiento, encontramos el significado interno de nacer a una nueva forma de ser, mediante la cual somos capaces de aceptar la vida en sus términos con más serenidad, a la vez que trabajamos para cambiar aquello que sí podemos cambiar: a nosotros mismos.
MEDITACIÓN
(campanada)
Encuentra tu espacio de meditación. Que el cuerpo tenga suficiente estructura para mantenerse despierto y el abdomen esté suave para que el interior del cuerpo se suavice. Estructura con ternura.
Una invitación a tomar varias respiraciones profundas como una transición del ruido al silencio.
Ahora, una invitación a pensar en algún ser que te inspira ternura. Tal vez un bebé, una mascota, una abuelita, una madrina, una tití… o algún otro ser. ¿Cómo sientes la ternura? ¿Dónde sientes esa ternura? Una invitación a llevarla a lo largo de esta sesión, como trasfondo a tu práctica de mindfulness.
Ahora, observa dónde es más fácil que la mente descanse en la realidad presente: ¿en la respiración, en los sonidos de ambiente o en alguna parte del cuerpo que se sienta cómoda? En cualquier momento de la meditación, puedes regresar a tu ancla y volver a comenzar; siempre con ternura y amabilidad.
Ahora, una invitación a hacer un escaneo corporal para reconocer que el cuerpo está aquí, e invitando a las distintas partes del cuerpo a que se suavicen. Suavizando el área de la cabeza, los hombros, espalda, brazos, manos, pecho, abdomen, parte baja del abdomen, piernas y pies.
Ahora, una invitación a explorar las sensaciones en el cuerpo: tal vez calor o frío, humedad, o resequedad, pesadez o liviandad, vibración o pulsación. O tal vez alguna otra sensación.
Ahora, una invitación a explorar el tono del sentir (“védana”). ¿Acaso hay sensaciones agradables desagradables o neutrales? Simplemente observa cómo recibes las experiencias y regresa al punto de descanso en la realidad presente. Recuerda que, como apoyo a tu práctica, está la bondad.
Ahora, observando las emociones. Si te ayuda, puedes nombrar alguna emoción presente: ansiedad, tristeza, sosiego, tranquilidad, agitación, aburrimiento o cualquier otra.
¿Puedes tratarte con bondad mientras observas tu experiencia emocional?
Y ahora, observando los pensamientos. Puede ser que nombres: opinión, charla mental, juicio, crítica, recuerdo, planificación, etcétera.
¿Puedes tratarte con bondad mientras observas tu experiencia mental?
Ahora, una invitación a observar si hay obstáculos en la mente.
¿La mente se aferra a algo? ¿A alguna emoción placentera, a algún pensamiento de algo que te gusta mucho?
¿La mente tiene aversión contra algo? ¿Tal vez se obsesiona con que algún pensamiento o emoción no debería estar presente? ¿Tal vez quiera que alguna sensación corporal incómoda no estuviera presente?
¿O a lo mejor hay adormecimiento, aburrimiento?
¿O agitación, ansiedad?
¿O duda? Puede ser en la forma de: no quiero hacer esta práctica, qué hago aquí, no me gusta la facilitadora, debería irme… etcétera?
Si hay alguno de estos obstáculos presentes —aferramiento, aversión, adormecimiento, agitación o duda—, te invito a practicar, ponerlo a flotar frente a un charquito de agua frente a ti. Obsérvalo flotar como si fuera algún objeto que flota sobre una corriente de agua que pasa. Si puedes, regresa al punto de descanso en la realidad presente que escogiste al principio.
Ahora, revisa si hay algún otro obstáculo y haz el mismo ejercicio. Si no funciona, observa si puedes desenredarlo de ti, desamarrar el obstáculo y dejarlo caer suavemente, sin tirarlo. Y regresa al punto de descanso en la realidad presente.
Regresa a la práctica de la bondad.
Si continúan apareciendo obstáculos, continúa desenredándolos. Si algún obstáculo insiste en estar ahí, observa si puedes rastrear su origen. ¿Qué está causando el aferramiento o la aversión, por ejemplo? Tal vez descubras que la mente se ha obsesionado con algo que no puede controlar. Es parte de lo que la mente hace. Con bondad, sigue desenredando, dejando ir por ahora lo que no puedes controlar.
Regresa a la práctica de la bondad.
A medida que sigues investigando y la mente se va aclarando, tal vez comiences a ver que la mente se recoge, se recolecta, tal vez hay alguna sensación placentera o de alegría por esto. Tal vez sientas más tranquilidad, paz, serenidad. Tal vez la mente se recoja. Después de un rato, tal vez la mente esté más equilibrada.
Ahora, una invitación a descansar la mente en el área del corazón y a prepararnos para abrir el corazón revelando la bondad que ya está ahí para compartirla en todas direcciones: descorriendo el velo de la parte de enfrente del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte derecha del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte de atrás del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte izquierda del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte de abajo del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte de arriba del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección;
Descansando la mente en el corazón y en la bondad que envía en todas direcciones.
Y en los últimos momentos de la meditación, enviando agradecimiento por la oportunidad de practicar.
(3 campanadas)
CHARLA
Siendo el mindfulness el séptimo factor del Noble Óctuple Sendero, y tiene cuatro partes o cuatro fundamentos, estamos estudiando el cuarto fundamento: Mindfulness de los Dhammas o procesos mentales. La semana pasada estudiamos los cinco obstáculos; aquellos procesos mentales que no nos dejan ver la realidad con claridad en nuestra meditación y nos impiden alcanzar la liberación del sufrimiento. Hoy estamos viendo los factores del despertar, que son procesos mentales que nos ayudan a liberarnos del sufrimiento.
Como dicen por ahí, dentro del veneno también está el antídoto. Si vieron, en trabajar con desenredar los obstáculos, la mente se aclara y podemos entrar directamente en los factores del despertar, que son siete: mindfulness, investigación, energía, alegría, tranquilidad, concentración y ecuanimidad.
En la investigación de los obstáculos, ya están los primeros dos factores del despertar, que son el mindfulness y la investigación. El mindfulness lo tenemos desde el primer fundamento, desde que anclamos la atención en el cuerpo y en la respiración. Nos va guiando por el segundo fundamento, los “védanas” o tonos del sentir. Con el mindfulness nos damos cuenta si el tono del sentir es agradable, desagradable o neutral; o sea, cómo estamos recibiendo la experiencia. Nos podemos dar cuenta si hay pensamientos o emociones presentes (el tercer fundamento del mindfulness) y las nombramos para estar presentes ante nuestra experiencia. Llegamos al cuarto fundamento, qué procesos mentales están presentes. ¿La mente se inclina hacia el sufrimiento o hacia la liberación? Ahí hay investigación. ¿Hay obstáculos presentes: aferramiento, aversión u odio, adormecimiento, agitación y duda? Al investigar si hay obstáculos, está presente el factor de la investigación.
Una vez los obstáculos se van desenredando y la mente se va aclarando, nos damos cuenta del estado de nuestra mente al continuar utilizando el factor del mindfulness. Al seguir investigando, eso da paso al factor de la energía. Estamos alertas, estamos al tanto de lo que ocurre en nuestra mente. Esa energía meditativa da paso al factor de la alegría; no obstante, no es una alegría de excitación, sino una alegría apacible que se convierte en tranquilidad, el próximo factor. Esa tranquilidad, que es como calmar las aguas, da paso a la concentración; la mente se recolecta más. Y después de un rato de estar concentrada, podemos sentir la mente equilibrada, no se mueve.
En su invitación a practicar ser consciente de los procesos mentales, Gil Fronsdal dice en su libro «Pasos hacia la liberación»:
Practicar la atención plena de los procesos mentales es una práctica sabia, ya que implica comprender las actitudes, creencias y comportamientos mentales que pueden llevarnos hacia la libertad interior o a caer atrapados en el apego.
• ¿Cuáles son algunas de las razones que te hacen caer en el aferramiento o la obsesión?
• ¿Cuáles de tus apegos comprendes tan bien que te resulta relativamente fácil dejarlos ir?
• ¿Qué beneficios psicológicos has visto al soltar apegos?
• ¿Cuáles son algunos de tus apegos más fuertes, aquellos que sólo puedes abandonar con un considerable esfuerzo?
• ¿A qué cosas te aferras que no crees que seas capaz de dejar ir?
Cada día de esta semana dedícalo a pensar en uno de los siete factores del despertar: Mindfulness, Investigación, Esfuerzo, Alegría, Tranquilidad, Concentración y Ecuanimidad. Intenta también practicar el factor de cada día. Para ayudarte a recordar, escribe el factor diario en una hoja de papel y colócalo en un lugar destacado. Procura dar pequeños pero frecuentes pasos para fortalecer cada factor, incluso si son solo pequeñas mejoras.
• ¿Hay factores que te resulten más fáciles de evocar que otros?
• ¿Cómo te afecta la creciente presencia de estos factores a lo largo de los días?
• ¿Qué beneficios percibes al trabajar con estos factores?
En esa última pregunta está la clave para respondernos ¿por qué estamos haciendo esto? ¿Acaso no es más fácil distraernos con una película o hacer algo que nos resulte placentero? La invitación es a mirar que las cosas que nos dan placer instantáneo también se fugan rápido y volvemos a sufrir. Mientras, cultivar estados mentales de liberación nos da la capacidad de mantener una mente equilibrada aún cuando hay sufrimiento. ¿Qué es más placentero, ver una película que nos va a tener en un sube y baja o cultivar la ecuamidad que nos permite experimentar una mente serena y una alegría apacible? No me crean por fe, hagan el experimento. Algo así decía el Buda.
(3 campanas)

