90 días: Escuchar el clamor de la Tierra

Por Yaisha Vargas Pérez / columna publicada el domingo 4 de diciembre de 2017 en el diario puertorriqueño “El Nuevo Día”

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Foto por El Nuevo Día

“Parece que no tenemos voz ni voto en lo más fundamental que la Madre Tierra nos ha provisto… la capacidad para sobrevivir”. Estas palabras muy bien pudieron salir del barrio Tallaboa de Peñuelas, donde los activistas enfrentan camiones y policías por el derecho a vivir, a tener aire y agua libres de cenizas tóxicas. O pudieron salir de La Paz, Bolivia, donde la crisis de agua ha llegado al punto en el que funcionarios han sido tomados como rehenes. Pero las dijo una protectora del agua en la reserva Standing Rock, en Dakota del Norte. Allí los nativos Sioux utilizan sus cuerpos para evitar un desastre ambiental en el río Missouri. La policía de Estados Unidos les ha respondido con gases lacrimógenos, proyectiles, perros y lanzándoles agua helada durante las temperaturas invernales.

Las tres crisis tienen factores comunes: la dependencia de combustibles fósiles, el cambio climático, y la negligencia gubernamental y privada.

“Estamos en un punto de crisis y la Madre Tierra clama por ayuda. No hay otro planeta a dónde ir”, dijo otra indígena de Standing Rock al canal de noticias “The Young Turks” en las redes sociales.

Al solidarizarse con Standing Rock, el excandidato presidencial Bernie Sanders dijo que construir un oleoducto dentro del río Missouri “es una locura absoluta, y las futuras generaciones nos mirarán y dirán: ‘¿Qué rayos estaban haciendo?’ Nuestro trabajo ahora es ponerle fin a nuestra dependencia de los combustibles fósiles”.

El principal activismo sagrado es despertar a que nuestra dependencia de los combustibles fósiles mata las condiciones que hacen posible la vida humana. Por lo tanto, seguir usando combustibles fósiles para nuestras actividades humanas es un suicidio. No son protestas vanas: en esto se nos va la vida.

¿Cómo ayudar a la Tierra?

Vida cotidiana: Hago todo lo posible por utilizar productos que no contengan combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas natural), que estén hechos con fuentes de energía renovables, con materiales reciclados y reciclables; reducir el tiempo en la ducha, el uso del calentador y los viajes innecesarios en el vehículo. Salí del tapón y trabajo desde mi casa. Apago las luces y el televisor. Si el contador sube, la AEE quema más petróleo y carbón.

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Protesta en San Francisco, California en contra del oleoducto Dakota Access. Foto por wikicommons. Pax Ahimsa Gethen.

Dejarse sentir: Acudí la semana pasada a una manifestación frente a La Fortaleza para que se discuta en sesión extraordinaria el Proyecto del Senado 340 que prohíbe la disposición de cenizas tóxicas en el país. Llamé a la Oficina de Asesoría Legal de La Fortaleza para exigir que se le dé paso al proyecto (787-721-7000, ext. 3268). Me uní a las manifestaciones a través de las redes sociales de las 300 comunidades, líderes ambientalistas, actores de Hollywood, veteranos de guerra y tribus nativas que protegen el agua en Standing Rock. Es la manifestación más grande en la historia de los pueblos nativos estadounidenses (#StandingWithStandingRock).

Respaldar la gestión de otros: Aplaudo el afiche “NO a las cenizas #Peñuelas” del artista Garvin Sierra, quien ha dibujado a un Puerto Rico volcado de lado y sepultado por las cenizas. “Estas cenizas dañan acuíferos, reservas naturales; hacen un daño que nos va a afectar a todos”, dijo en una entrevista con el periodista independiente Manuel Clavell Carrasquillo para PuertoRicoIndie.com

Apoyé la cobertura en diciembre del periodista independiente Iñaki Estívaliz en Standing Rock, quien ayudó a abrir los ojos del mundo hispano a lo que ocurre allí. Graduado de periodismo internacional en la Universidad de Barcelona, ha trabajado en Puerto Rico, Venezuela, Panamá, Islandia y Estados Unidos. Para mantener su criterio libre de presiones externas, costea sus propios viajes.

Justo tras regresar a Puerto Rico en junio, visité uno de mis lugares de reflexión: el pórtico de la Universidad del Sagrado Corazón. Allí habita uno de los íconos más significativos de mi travesía de seis años. Observaba los árboles cuando me percaté de que el verdor que irradiaban no provenía sólo del Sol. Una luz de vida salía de los árboles mismos. La atmósfera a mi alrededor latía vida, bienestar y amor. Me sentí despierta, frágil, empapada; acabada de nacer. Me es imposible ser indiferente ante la crisis ambiental del planeta. La Tierra nos llama. Dejemos de maltratarla ya.

En Facebook, 90 días: una jornada para sanar

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