90 días: Saborear el fracaso

Por Yaisha Vargas / columna publicada el domingo 1 de noviembre de 2015 en el diario puertorriqueño “El Nuevo Día”

blackswallowtail¿Qué hay en el paréntesis del fracaso? ¿Qué ocurre en esa pausa, si algo, luego de que el tajo de lo que sentimos como traición desgarra la realidad que conocíamos? ¿Una muerte, un divorcio, un despido, la cárcel, la carta de no aceptación? ¿Qué pasa cuando nos damos un golpe de impermanencia que derrumba la estabilidad que conocíamos? ¿Qué acontece en la pisquis y el cuerpo cuando nos percatamos de que el mundo no es lo que creíamos?

Todo y nada. Colapsamos y liberamos el coraje que no sabíamos que teníamos para salir adelante. Navegamos por una neblina de confusión, saturada por instantes de lucidez extraordinaria. Andamos perdidos y encontramos el compás de nuestra intuición. Morimos, y como nos quedamos en nada, nos atrevemos a tejernos en ese anhelo que habíamos abandonado: aquello que pensábamos que no podíamos ser porque estábamos atrapados y entretenidos con las formas rígidas.

El molde se rompe. Percibimos un atisbo de que este mundo no es la realidad última. La crisis llega para que se desgaje todo lo que no somos y encontremos lo que sí somos. Vivimos coincidencias y contradicciones, crueldad y poesía, apego y aversión, amor y odio: todo a la vez.

Tratamos de entender el misterio en el que habitamos mientras nos deshacemos, como el gusano de seda que se derrite en una sopa orgánica dentro de su capullo. Lo más cercano que puede darnos una explicación son los mitos y el arte: convertir lo que en ese momento nos parece extraño e irrepetible en una historia. Bailando y llorando en la oscuridad, entendemos una realidad más profunda.

He vivido en esa danza de dolor intenso y apertura al Infinito al mismo tiempo: la frontera de la luz y las sombras, una dimensión en la que la dualidad dejó de serlo y ya no había “blanco y negro”. Todo se mezclaba en una conspiración evolutiva. Mientras estaba allí —y nada pasaba y todo ocurría— escribía: ¿Dónde estoy ahora y qué es el fracaso? ¿A qué me sabe? ¿Cómo describo este túnel, tumba y canal de renacimiento en el que nada es como me lo habían contado?

Aquí va mi intento de pintar esa extrañeza con palabras, algunas impresiones que tratan de asir, aunque no sé si con éxito, lo que ocurre justo antes de la crisálida:

El fracaso es tocar la cima de un beso húmedo antes del divorcio, el orgasmo cumbre antes de una separación, el suspiro póstumo que se despeña desde las puertas del cielo.

Es la ola que ha navegado longitudes magallánicas para expirar silenciosa en una playa deshabitada.

Es probar el sudor ácido de la espera inagotable, la expectativa inacabable, un maratón de mil paciencias, allí, en el espacio interno en el que para siempre no pasa nada, hasta que finalmente la oruga muere. El fin del segundo acto –adiós esperanzas. Pantalla a negro.

Es sentir el escarnio, la crucifixión que abre violenta el portal de la psiquis hacia la Eternidad.

Es voltearse como en el baile de un derviche sufi –un místico musulmán– que gira y gira su danza de claroscuros: la muerte es una entrega de vuelta a la vida; el agradecimiento por lo descompuesto en materia prima; una segunda oportunidad para tejer algo hermoso.

Es lanzarse en caída libre, perderse y encontrarse en la conciencia del Ser: el Invisible que juega con los elementos y amalgama el agua, el aire, la tierra y el fuego en criaturas vivas; que germina la semilla, brota la flor, pare el fruto y mira a través de mis ojos. El mismo enigma que vive en ti cuando fijas la mirada en el punto final de esta oración.

Es probar el presagio del triunfo: la mezcla cruda del bizcocho, el lodo que nutre la flor de loto… fango que sabe a gloria. Una luciérnaga que enciende su llamita tímida en el punto de giro hacia el tercer acto.

Es degustarse las lágrimas en la frontera entre las carcajadas y los sollozos.

Es destilar el arte que descubrimos para procesar el dolor: la poesía pujada a fuerza de estocadas. Es dejar atrás las explicaciones incompletas, las historias en suspenso, y sentarse a escribir la realidad desde la nada.

Es dejarse arropar por la ola anónima que se retrae de la playa serena y regresa a su galope raudo, de vuelta a su mar de origen.

Es vivir la paradoja de que soy el Absoluto y también un ser relativo, ambos a un tiempo. Existo en algún punto entre los dos. Soy la pintura viva compuesta de moléculas plasmadas por un maestro puntillista: un ser fluido al que llamo “yo”.

Es tenderse sobre la línea del horizonte en el ocaso y la alborada, y atestiguar el lecho del Sol y la Luna que hacen el amor imperturbables en su cúspide breve: un éxtasis efímero de amoríos crepusculares.

El fracaso es el lugar en el que atinó la flecha disparada, y se enterró en el músculo de mi humanidad: el corazón. Cuando me arranqué la punta de metal con los dientes, por la herida me brotó un poema:

 

Depressed-teenagerEl sabor del fracaso

 

Me sabe a sangre

el golpe en mi morada

emocional.

 

Me sabe a océano,

a gritos en el agua

y en la sal.

 

Me sabe a muerte:

arrancarme la piel

y agonizar.

 

Me sabe a silencio,

a tejerme en la crisálida:

esperar.

 

Me sabe a pausa,

a la brecha que nutre

oscuridad.

 

Se muere el gusano,

desintegra su tejido

y su verdad.

 

Se queda tieso:

una lápida de seda

y de frialdad.

 

Silencio.

 

Se rinde a ello.

El silencio misterioso

le acompaña.

 

Susurra en piensos;

le arrullan nuevos días

y añoranzas.

 

Me sabe a soles,

a tejerse en antenas

y esperanzas.

 

Le sale un ala

que sabe a vuelos altos

y alabanzas.

 

Me sabe a fuerza;

Queen_Butterflymariposa que se pare

en confianza.

 

Me sabe a frágil,

alas abiertas secándose

en su alma.

 

Me sabe a triunfos:

resucita en la pradera

de mis ánimas.

 

Y vuela.

 

En Facebook, 90 días: una jornada para sanar

Fotos de mariposas por wikipedia.

Foto de mujer por wikia.

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1 Comment

  1. Oh querida amiga de viaje y de sanación, me ha fascinado todo este relato, yo no se expresarlo, pero mil veces así me he sentido, nos pasa a todos…Hermoso poema. Mil abrazos, muchas alegrías y bendiciones. Namasté

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