90 días: Higiene mental

Por Yaisha Vargas / columna publicada el domingo 15 de noviembre de 2015 en el diario puertorriqueño “El Nuevo Día”

Higiene Mental 1
Foto tomada durante retiro en el monasterio Deer Park en Escondido, California, en noviembre de 2015. Copyright © 2015

“Mi mente es como un vecindario peligroso. Intento no ir allí yo sola”. Estas palabras de la escritora Anne Lamott resumen la experiencia de muchos principiantes de meditación. Al cerrar los ojos y aterrizar por primera vez en el campo de nuestra mente, encontramos algo así como una manada de caballos salvajes que galopan imparables, mientras se nos instruye que respiremos con suavidad y tratemos de observar los pensamientos pasar apaciblemente como si fueran nubes en el cielo.

Pero a veces no resulta tan fácil. Incluso si logramos un estado de paz, es posible que cambie en el próximo segundo, pues la naturaleza de la mente es pensar, aunque tratemos de detenerla. Muchos practicantes novatos creen que el objetivo de meditar es dejar de pensar, y como no logran hacerlo, se frustran y dejan la práctica. Si bien el propósito de meditar es despertar a nuestra conciencia verdadera —más allá de nuestra mente y cuerpo humanos— y descansar en un estado de quietud, esto no ocurre de la noche a la mañana. Atravesar las aguas turbulentas es parte del proceso. Meditar en grupo es de gran ayuda. Como dice Lamott, entrar al espacio de la mente solos puede ser abrumador.

Meditar es un acto de higiene mental. Para la filosofía del budismo, la mente es uno más de los sentidos a través de los cuales percibimos el mundo que nos rodea: vista, olfato, oído, gusto y tacto. La mente es el sexto sentido. Existimos en un campo amplio de conciencia, igual que los peces existen en el agua sin darse cuenta de ella. Nuestros sentidos, la mente incluida, colorean y filtran las cosas que vemos fuera de nosotros y las plasman en nuestras neuronas. Así se crean nuestras experiencias y recuerdos.

 

Juzgar a la mente no funciona

Meditar no se trata de juzgar a la mente como “mala, muy mala y sucia” o reprenderla con un látigo por haber guardado una experiencia triste o traumática. Pensar así de ella sólo la hace más rígida y difícil y puede tener el efecto de que nos sintamos maltratados. Ayuda más bien pensar en la mente como si fuera uno los sentidos. Igual que las glándulas salivales secretan saliva; los ojos, lágrimas; la nariz, mocos; los oídos, cerumen, y la piel, sudor, la mente secreta pensamientos. Solo hace su trabajo. Enfogonarse con ella por eso tiene tan poco sentido como frustrarse con el sudor tras hacer ejercicio. Lo que sí podemos hacer para tener una mente más clara y serena, para irla puliendo como un espejo que refleje con más objetividad nuestras experiencias del mundo físico, es tener una rutina de higiene mental.

Para cada persona, la higiene mental se practica de manera diferente: ejercicio, paseos por la naturaleza, yoga, arte, música, literatura, meditación u oración. Lo importante es practicarla todos los días. No hacerlo un día es igual a no habernos bañado, peinado, cepillado los dientes, sacudido los mocos o limpiado las lagañas. Con el tiempo, ese ataponamiento mental se convierte en psicosis. No sabemos por qué nuestra vida no funciona, igual que alguien que ignora que si no se pasa el hilo dental con regularidad tendrá sangrado en las encías.

 

Cómo pasarse “el hilo mental”

Para las personas que escojan meditar como su rutina de higiene mental, una herramienta que puede ser de ayuda es ver la mente como un contenedor y todo lo que pasa dentro de ella — percepciones de los sentidos, pensamientos, sentimientos, recuerdos, etc.— como su contenido. Son formaciones mentales, burbujas efímeras. Es igual a ver las imágenes en un televisor u observar los carros en la autopista desde la distancia. Si mantenemos la mirada en un punto fijo, vemos que los objetos en esos dos escenarios —las imágenes y los autos— son transitorios. Su paso por nuestra mente tiene principio y fin.

A medida que las formaciones mentales atraviesan esa pantalla o autopista, puede que nos demos cuenta de cómo respondemos a ellas, cuál es el estado de nuestra mente al observarlas. A veces queremos aferrarnos al contenido, otras veces sentimos ganas de empujarlo y evitar lo que vemos, y otras, puede que sintamos confusión. El psicólogo y maestro budista Jack Kornfield expone que estos estados mentales tienen influencia sobre cómo procesamos nuestras experiencias. “Conocer lo que traen (las cualidades de la mente) a cada experiencia es crucial para nuestra felicidad”, dice en el libro “La sabiduría del corazón: una guía a las enseñanzas universales de la psicología budista”.

En este libro, Kornfield expone: “La presencia de estados mentales saludables crea una mente sana; la presencia de estados mentales dañinos crea una mente angustiada, infelicidad y enfermedad mental… Lo siguiente, y más importante, es dirigir nuestra atención a los factores mentales que es posible adiestrar. Se dividen en estados saludables y estados dañinos. Los factores dañinos tienen tres raíces: el apego, la aversión y la ilu­sión. A partir de estas raíces surgen estados de envidia, rigidez, ansiedad, es­tupidez, cinismo, egoísmo, duda, agitación y percepción errónea. Todos los experimentamos a veces. Cuanto más fuertes son estos estados, más intensa­mente sufrimos. En el peor de los casos, dan lugar a psicopatologías. El apego y la codicia dan lugar a la adicción, la preocupación se convierte en paranoia, el cinismo en sociopatía, la aversión en odio y en ira. La guerra, la violen­cia, el racismo, la explotación y la injusticia son sus frutos. Los factores saludables tienen tres raíces: el amor, la generosidad y la sabiduría. A partir de estas tres raíces surgen estados de claridad, serenidad, discernimiento, alegría, aceptación, confianza, discreción y equilibrio. Cada uno de estos estados mentales saludables crea una mente feliz y libre. Se desarrollan a partir de la atención plena y, como la luz del sol en la niebla, la presencia de estos estados disuelve los estados dañinos. Entre las miles de prácticas y enseñanzas budistas, casi todas trabajan para liberar los estadios dañinos y cultivar los saludables. La división de las cualidades mentales en estados dañinos v saludables nos ayuda a ver las causas de nuestra felicidad y de nuestro sufrimiento con cla­ridad. También describe una importante verdad psicológica: los factores salu­dables y dañinos se inhiben mutuamente. De modo que, cuando fomentamos los estados saludables, los dañinos desaparecen”.

La higene mental es urgente. Es la clave para sanar la epidemia planetaria que destruye a la Tierra y que vive en nosotros: los estados mentales dañinos en su expresión más insalubre que resultan en “la guerra, la violen­cia, el racismo, la explotación y la injusticia”.

 

Cómo empezar a meditar: un relato zen

Escribí “Las cigarras: un cuento zen” hace unos años, cuando comencé a meditar en Kansas City con el instructor Robert Brumet. Mi transición de vida aún estaba en la etapa inicial de caos. Habitaba en un estudio pequeño y vivía mi primera ola de calor sin acondicionador de aire. Mantener mi mente enfocada en lo que percibían mis sentidos físicos me salvaba del delirio.

 

“Las cigarras: un cuento zen”

Sentada sobre el cojín, medito. Mis ojos entreabiertos y relajados miran el suelo. Se me hace real que respiro. Que un perro ladra. Que un carro pasa.

 

Cierro los ojos: caos, desorden, pandemonio.

 

Abro los ojos. Los árboles albergan cigarras veraniegas. Se frotan las patas y chirrían sin tregua hasta caer del árbol y morir.

 

Respiro. Se llena un globo en mi ombligo. Olfateo el calor de las cinco de la tarde. Aspiro la ola de brisa que hierve a cien grados. Huelo el cansancio obrero que regresa a casa.

 

Cierro los ojos: una vieja canción de Pimpinela, el taller de ayer en el que boté 40 dólares, la rabia que tengo por ello, un exnovio que hace años no veo.

 

Abro los ojos. El abanico gira. El atardecer se vuelve apacible. Silencio.

 

Cierro los ojos: la mente, una bola de espaguetis que dispara pensamientos como tormentas solares arrebatadas, el eco de lo que dije ayer por la tarde, la empleada chismosa, la cocina desordenada.

 

Abro los ojos. Respiro un hilo de realidad. Realmente no ocurre nada. He soltado la pelota de confusión.

 

Cierro los ojos: veo la bola, la observo atenta, ella siente algo todo el tiempo aunque no pase nada afuera, se provoca ella y pelea consigo misma, he creído ser ella, el enredo, el espagueti. Mentiras. Es un paquete; lo suelto, lo agarro, me hala, me empuja, me hace cuentos que parecen realidades; pero es que han parecido coloridas verdades.

 

Abro los ojos. Las cigarras guitarrean su última serenata al sol que se despide. Es una sonora y diversa parranda de salvación. Respiro. El cielo amarillo se tiñe de gris y violeta. El sol se arropa hasta mañana. Temo quedarme sola con la pelota embustera.

Grasshopper_eating_the_maize_leaf

Las cigarras se han callado. Ya es de noche. Y adentro… me aterra cerrar los ojos y que regrese la locura.

 

Y en eso habla un grillo. Respiro realidad. Me han rescatado mis oídos y la lira de un saltamontes.

 

En Facebook, “90 días: una jornada para sanar”

Foto del saltamontes por wikipedia.

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6 Comments

  1. Higiene mental… Hace 3 semanas encontré un artículo de Paulo Coelho sobre la Meditación. Era un artículo tan extenso que tomó 2 Sábados de Primera Hora. Yo había pensado buscar información al respecto y cuando lo encontré pensé que el Universo conspiraba para ayudarme. Cuando leí tu artículo la semana pasada sobre la Higiene mental – Meditación confirmé la conspiración, pues había pensado en tí y mentalmente pedía que incluyeras algo al respecto. Magnífico artículo Yaisha, amiga querida el problema es que con todo y lo leído encuentro muy difícil meditar. Estoy sufriendo de tinitus en el oído izquierdo y ese ruido constante es incapacitante. De noche se confunde con el sonido de las chicharras y los grillos y es peor cerrar los ojos para intentar meditar, es como si estuvieran con un sonido constante dentro de mi cabeza. A veces cesa por unos minutos y me siento feliz, pero luego regresa y parece que no se irá. No obstante estoy tratando de ver como puedo utilizarlo como herramienta para meditar y como convertirlo en un sonido aceptable dentro de mí cabeza para intentar vencerlo. No pierdo nada y ganaría mucho si lo puedo lograr. Pero quería agradecerte nuevamente eres mi paliativo favorito, solo quería pedirte un pequeñito favor, cuando vuelvas a pararte de cabeza por favor no lo hagas al lado de un risco, si? Me vas a matar del corazón! Ese artículo estuvo magnífico también. Leerte es como crecer en sabiduría y profundizar en el misterio de la Vida… Gracias amiga, un abrazo fuertísimo! Disfruta con Paz el Jueves.

    1. ¡Qué hermoso que estás aprendiendo a utilizar el sonido en tus oídos como parte de tu práctica! En una ocasión, yo también escuchaba un zumbido dentro de mis oídos, lo utilizaba para volver al momento presente, pues era algo constante en mi interior. Era útil.
      El risco tenía algunos escalones hacia abajo, no era muy inseguro. 🙂 Pero sí, daba un poco de vértigo. Definitivamente que estaré segura. ¡Gracias por siempre leer y comentar, aprendo tanto de ti! Bendiciones y paz.

  2. Saludos desde hace tiempo leo su columna 90 dias en el periodico el nuevo dia pero
    la de hoy domingo 17 de abril me impresino mucho me gusto mucho por el gran contenido
    espiritual, ya que en mi peregrinaje espiritual he conocido de otras filosofias y religiones
    orientales la cual han reafirmado mas profundo mi conexión espiritual con nuestro señor
    jesuscristo.Gracias por sus escritos y ser tan valiente.

    1. Gracias Ishmael, por llegar y compartir tu experiencia. Para mí fue una sorpresa. Me tomó tiempo adaptarme y “salir del clóset espiritual”. La Divinidad se cuela y nos llega al corazón, y llega por distintos medios. Gracias por compartir. 🙂

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