Cuento del agua

Por Yaisha Vargas/cuento publicado en la sección de Por Dentro del diario puertorriqueño “El Nuevo Día” el domingo 23 de agosto de 2015.

save-the-ocean-tips_13821_600x450 No le quedaba nada más por hacer. Tras todas sus gestiones para salir adelante, Marina Mellado Fuentes se rindió frente a su altar ecléctico, en el que convivían varias deidades de Agua junto a cuatro elementos: Agua en un vaso, aire en el incienso, tierra en una planta y un cirio de fuego. Allí escribió una carta.

“Amada Agua: Eres la Única a quien no le he pedido ayuda. Te escribo como último recurso, a ver si algo de Ti me escucha a través de este papel, hijo de la madera que nutriste. Escondida en las moléculas de esta hoja y de mi lápiz que una vez fue árbol, hay una nube de lluvia. ¡Que sean mensajeros de mi aguacero interior!

Me quedé sin trabajo al terminar el año escolar. El gobierno cerró mi escuela para pagar su deuda externa y estoy perdiendo mi apartamento. Aquí vivo, incómoda pero agradecida por las docenas de galones plásticos en los que Te atesoré hasta hoy.

Hoy, último día de la cuenta regresiva en Carraízo, me bebo la sequedad de tu ausencia. ¡He visto cómo huyes, maltratada! Te busco entre las clases que narré a mis estudiantes de historia y biología. Les costaba trabajo creer que llegaste del espacio”.

Marina se detuvo a respirar, el pecho agitado, la clavícula que delataba su delgadez, los dedos mulatos que suspendían el lápiz sobre el papel. Extrañaba a sus alumnos. Posó el lápiz otra vez.

Lluvia de meteoros“Hace 3,900 millones de años comenzaste a llegar a la Tierra en forma de cristales de hielo y sal. Ibas escondida a bordo de millares de asteroides que se estrellaban sobre el nuevo planeta. El mundo era un infierno de lava explosiva que comenzaba a enfriarse. No había vida, pero Tú llegaste. Los meteoros que Te transportaban granizaron sin tregua sobre la Tierra durante 20 millones de años. El suelo de magma se enfrió en una corteza. En cada asteroide, Te regalabas. Gotas de hielo y sal se derretían. Charquito a charquito, Te expandiste en océanos. Agua de mar, ¡brava y viva! Cada partícula Tuya en la Tierra viajó distancias monumentales por el espacio y tiene miles de millones de años. ¡Eres mucho más antigua que la humanidad!

Agua salvaje – Al principio, fuiste solo tormentas, olas gigantes levantadas por la gravedad de una Luna que estaba muy cerca. Hace 3,800 años, cubrías la Tierra por completo y presenciaste lava volcánica brotar desde el centro de la bola terrestre. Se enfrió gracias a Ti y formó islas que se unieron en continentes. La vida aún era imposible por la atmósfera tóxica.

Una nueva estela de asteroides se estrelló contra el joven planeta y habitó Tus profundidades líquidas. Estos meteoros trajeron minerales nuevos: carbón y proteínas primitivas compuestas por aminoácidos. Tú, Agua, te colaste entre las grietas de la corteza terrestre, recolectaste los elementos que ya estaban allí, y los mezclaste con las partículas nuevas. Tu fluir creó la sopa química de la cual nacieron los primeros organismos: las bacterias.

Unos 300 millones de años después, en uno de Tus océanos con poca profundidad, acumulaste bacterias en estromatolitos. Fueron las primeras en utilizar la luz solar para transformar el Agua y el dióxido de carbono en glucosa, ¡su propio alimento! De esta interacción surgió el oxígeno y la atmósfera del planeta se volvió habitable.

Thunderstorms_over_the_Pacific_seen_from_Earth_orbit_on_STS-64¡Agua que acunaste vida! Interactuaste con el Padre Sol y la Madre Tierra para crear la atmósfera y la capa de ozono que nos protege de la radiación mortal. ¡Eres el componente principal de todos los que nacimos de Ti!”

Marina redactaba rauda, como si fuera el bosquejo de su clase magistral. Los ojos rasgados, húmedos. Los labios de grosor aborigen sonreían melancólicos. Lo estaba perdiendo todo, mas nadie podía quitarle lo que sabía.

Agua de vida – ¡Agua que aún fluyes como savia dulce! Quieta en las profundidades oceánicas, salvaje en las cataratas del Iguazú y del Niágara, paciente escultora del Cañón de San Cristóbal y del Colorado. Anidas fosforescencia en Lajas, Vieques y Fajardo. Percolas en el Karso, te deslizas caudalosa y subterránea. Eres el 80% del planeta y el 80% de mí. Si no te bebo al tercer día, moriré. Brotas en mis lágrimas, secretas mi saliva y digieres mis nutrientes. Agua que bautizaste a Jesús. Agua de la que rescataron a Sidarta. Agua, ¿por qué no llueves? Agua, ¿¡por qué te escapas!?                                                                

Agua conquistadora – Agua en la que se mareaban las carabelas de Cristóbal Colón cuando Rodrigo de Triana gritó: “¡Tierra!”. Agua pacífica que hipnotizó a Vasco Núñez de Balboa. Fuente de la juventud de Juan Ponce de León, su expedición frustrada. Agua conquistadora, ¿acaso fue aquí que dejamos de adorarte, obligados a venerar a un dios fuera de nosotros? ¿Fue aquí que te bajamos de tu pedestal de Diosa? Agua esclavizada para extraer oro de catedrales. Testigo de aborígenes diezmados. Río de Corozal ensangrentado. Agua que ahogaste a Diego Salcedo. La verdad sin armadura: rebelión gestada en el río Guaorabo”.

Marina alzó el lápiz insurrecto, su última arma de defensa. Se le mojaron los ojos de indignación. Añoraba que sus Diosas le respondieran.

¿Agua, por qué no llueves? – “Agua sin hijos que te reciclen. Árboles que Te absorbían y liberaban como vapor a la atmósfera. ¡Llovías todos los días! Tres urbanizaciones construidas a nuestro alrededor en pocos años . Nunca reforestamos. De repente, un calor que no entendíamos: la sequía del ’94. Árboles que mitigaban el dióxido de carbono. Nos daban sombra y oxígeno. Derrumbados en mi calle porque sus hojas nos molestaban. ¡No queríamos barrer tanto! Eran tu familia, ¡y los detestábamos! Árboles aniquilados en la Avenida Roosevelt para ampliar el tapón y ahorrarnos media hora. Ambientalistas pelús abrazados y arrestados. ‘¡Sin árboles, no hay agua!’ ‘¡El dinero no se come!’, gritaron. Y nos pareció extremo, entonces. ¡Progreso arbolicida! ¿Por qué respiro más aire polvoriento? ¿Por qué tengo más enfermedades respiratorias? ¿Dónde están mis filtros? Agua, deforestamos 85% de nuestra Isla durante cinco siglos. Árboles derribados para gratificar sistemas políticos sedientos. Árboles ejecutados por el cemento de un progreso enajenado.deforestacion1

Agua ahogada con petróleo – Agua derramada de crudo: 179 desastres en el mundo desde 1907, uno de ellos, en la costa del Escambrón. Buques varados, líneas con roturas, cargamentos estrellados contra tus arrecifes de coral. Casi ocho millones de toneladas de petróleo (225,669,725 galones) desparramado en costas, océanos, ríos, reservas naturales y golfos. Más los que tiran el aceite de carro por el desagüe. Miles de especies sin hogar”.

Marina miró las deidades en su altar y se aguantó una súplica. “Sin hogar, como yo”, pronunció, y su rostró comenzó a llover copioso, en silencio. Agarró el vaso que representaba el Agua y con él se enjugó las lágrimas. Ofreció su dolor vertiendo las gotas de sal en la fuente al centro del altar.

Agua inhabitable – “Ríos contaminados con pesticidas. Pájaros que consumían peces infectados y ponían huevos quebradizos. El DDT se comía su calcio. Polluelos expuestos, sin terminar de criarse en el cascarón. Polluelos muertos. Aves en peligro de extinción.

Agua inundada de basura – Océanos saturados de plástico. Tanto como para darle la vuelta al mundo más de una vez. Un millón de aves y 100,000 mamíferos marinos mueren anualmente por el plástico en su hábitat. Reciclamos de 5 a 10% del plástico que producimos. El restante tardará hasta 1,000 años en descomponerse”.

Marine_debris_on_Hawaiian_coastMarina se giró para mirar su sala: un pequeña isla de envases plásticos donde había guardado Agua. Su hábitat, también alterado. Y concluyó:

Agua violentada – “Agua que escapas de nuestra arrogancia, como la mujer que huye de los golpes de su pareja, quien se pregunta por qué ella no vuelve más. Extrañándote con pesar, Una humana que aún Te ama.”

Marina soltó el lápiz y ofreció la carta húmeda a su altar. Terminaba otro día sin lluvia. Encendió el televisor y miró las noticias. El fondo seco del embalse Carraízo expuesto: basura y escombros. “Los ambientalistas pelús tenían razón”, pensó. Fue a su cocina y abrió el grifo moribundo. Recogió, en una cacerola, el último hilo de Agua y la puso a hervir. Luego, sacó un dólar de su cartera, lo echó en la pequeña olla y recitó: “Me beberé un té de dinero con el último billete que tengo en mi cartera, en señal de duelo por la expansión de un neoliberalismo maltratante, desregulado y destructor, que Te golpea, Agua, todos los días; que me dejó sin trabajo, sin casa, y sin Ti”. La maestra levantó su taza de té mirándola con solemnidad, y posó los labios sobre el líquido hirviente. Apenas se quemaban sus encías cuando oyó un gemido lastimoso, y luego otro. Pronto, un coro de llantenes diluviaba en su morada. Siguió las voces y sollozos hasta llegar a su altar, y allí vio, estremecida de pavor y agradecimiento, a todas sus deidades inclinadas sobre la fuente, regalándole lágrimas vivas. Gotas de Agua y sal. Como los asteroides.

En Facebook, 90 días: una jornada para sanar

Imágenes por: wiki commons, nationalgeographic.com, miprv.com

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