90 días: El castillo interior

Por Yaisha Vargas / crónica publicada el domingo 21 de febrero de 2016 en el diario puertorriqueño “El Nuevo Día”

Puerta-entreabiertaLeía “Los muchos vinos”, el poema del místico sufi Jelaluddin Rumi, cuando su significado despertó en mí: “… Existen miles de vinos que pueden asumir el control de nuestra mente. ¡No os creáis que todos los éxtasis son iguales! Jesús estaba inmerso en su amor por Dios…  Bebe de la compañía de los santos y no de estas otras jarras. Cada objeto, cada ser es una jarra repleta de deleite. Sé un experto catador y cata con precaución. Cualquier vino se te subirá. Juzga como un rey y escoge los más puros”.

Estas palabras atravesaron ocho siglos para saltar de la página y despabilarme. Yo había bebido de todos los recipientes equivocados, de todas las sustancias y presencias mundanas que jamás podrían aplacar mi sed. Sufrí derrames enormes de energía personal buscando un sentido de pertenencia en relaciones disfuncionales.

Tres años antes, durante un retiro en silencio, entendí que mi cuerpo era una cápsula que protegía a mi alma para poder tener una experiencia humana en la Tierra. Ese día de agosto comprendí que yo también era un recipiente, y que los demás también eran envases, copas. Yo había estado bebiendo de todos sin discernimiento. Algunas relaciones comenzaron como un hermoso compartir de aguas puras de manantial y terminaron en una juerga caótica de aguas usadas o en un desierto de resentimientos y amarguras. Tras años de recuperación en todas las áreas de mi vida —a veces subiendo la cuesta mientras mi corazón vociferaba el ardor de sus duelos voraces— decidí quedarme sola. No más disfunción. Aunque ello significara reclusión y soledad. Había sido suficiente.

Apenas comenzaba a hilar esa vida solitaria cuando el poema de Rumi emanó de mis lecturas como un bálsamo. Le pregunté a la Vida: “¿Qué o quién puede saciar mi sed?” La respuesta llegó certera y veloz: “El Poder Superior en ti. Es el único pozo, un océano profundo y vasto de aguas dulces y serenas”. Entonces le pedí a Ella con desesperación: “¡Necesito más de Ti! ¡Necesito todo de Ti! Estoy seca hasta el fondo de mí misma y me he bebido todo lo que se parece a Ti pero no eres Tú. ¡Ayúdame!” La Presencia que había ido creciendo en mí comenzó a mostrarme los espacios de mí misma que Ella no había podido ocupar porque yo no los había entregado al poder del perdón. Entonces le pedí que me ayudara a estar dispuesta a abrir mi corazón y girar mi mirada hacia Ella en vez de permanecer congelada mirando hacia el pasado, como una estatua de sal.

Y cuando le dije: “Te quiero solo a Ti”, una hermosa Presencia comenzó a expandirse en mi cuarto. Yo solo quería descansar en su regazo, sentirme segura y a salvo.

Mientras esto ocurría en mi vida espiritual, en mi vida laboral me esmeraba por construir una estructura de servicios en línea. De esa manera, cada vez que me mudara por razones espirituales, mi fuente de ingresos se mudaría conmigo. Pero mi autosuficiencia económica dependía de que antes pudiese lograr una autosuficiencia espiritual y emocional. Y ello se conseguía estrechando esa relación con mi Poder Superior. Ahí estaba de nuevo la lección de beber solamente del Pozo de Conciencia Pura y nada más. Una mentora me invitó a ser paciente conmigo misma y a confiar en el proceso. Y en eso estaba, cuando la maestra interespiritual que había conocido unos meses antes, Mirabai Starr, anunció que ofrecería un curso a distancia para estudiar a siete mujeres de diversas tradiciones místicas que habían logrado su unión con Dios.

“Bebe de la compañía de los santos”, decía el poema de Rumi. No podía pagar el curso en ese momento porque sobrevivir en California es difícil. Pero yo necesitaba estar allí. Así que envié una petición por las ondas cibernéticas y mandé oraciones por las ondas etéreas. El resultado no estaba en mis manos, pero confiaba en que sería lo que tenía que pasar. Unos días después, me encontraba conectada al curso a través de mi computadora, secándome las lágrimas de agradecimiento.

Durante 20 años, Mirabai Starr fue profesora de Filosofía y Religiones del Mundo en la Universidad de Nuevo México, en Taos. Estudió a Santa Teresa de Ávila durante muchos años y tradujo algunas de sus obras del español al inglés, ganando así reconocimiento internacional. Con ella aprendí que Santa Teresa provenía de una familia judía que había sido forzada a convertirse al catolicismo en el siglo 16. Además de no ser de “pura sangre” cristiana, Teresa tenía visiones, escuchaba voces y se elevaba en estados extáticos místicos. Por todo ello, atravesó un duro proceso de investigación durante la Inquisición, hasta que se determinó que sus visiones no eran por desequilibrio mental, ni provenían del diablo, sino que eran experiencias divinas. Encontró una fuerte oposición de la Iglesia cuando intentó reformar la Orden de los Carmelitas para llevarla de nuevo a su origen contemplativo y austero, que era la vida de recogimiento interior que Santa Teresa buscaba. Entró al convento a los 20 años en contra de la voluntad de su padre, pero sus experiencias místicas profundas comenzaron a los 39 años.

“Caminaba por el pasillo del convento”, dijo Mirabai sobre Teresa, “y… vio el rostro de un Cristo hermoso, torturado, aunque no cruficicado aún, y miró sus ojos. La mirada que recibió de vuelta no era de dolor o culpa. No era de victimización. Era amor incondicional que se derramaba desde el semblante de él hacia ella. Ella vio que Cristo la amaba absolutamente. No como si le estuviese haciendo un favor, diciéndole: ‘Bueno, bueno; eres una criatura pecadora, pero te voy a conceder mi compasión’. No. Era más bien: ‘Oh, Teresa, te amo. Te amo tanto. No hay nada que puedas hacer para que yo no te ame… Y ella comenzó a llorar y lloró no supo por cuanto tiempo… Su frialdad se disolvió en ese encuentro de fuego amoroso con Cristo. Y le dijo: ‘No me voy a mover de aquí. No me voy a levantar de aquí hasta que tú me prometas que siempre voy a amarte así’. Y así lo hizo. En ese momento, comenzaron sus visiones”.

Durante los últimos años de su vida, recibió la petición de que escribiera sus enseñanzas. Al principio, no quiso hacerlo, debido a la tortura que supuso escribir su primer texto, el “Libro de la Vida”, investigado por la Inquisición. Además, para la primera fundación de un convento con las reformas que buscaba, venció obstáculos tales como la oposición y burla de muchos de sus contemporáneos, incluyendo sus compañeros y confesores. Pero cuando se sentó a escribir, a regañadientes, tuvo una hermosa visión. Mirabai continuó: “La visión, al principio, fue de este cristal puro y hermoso, como un diamante de muchas caras, brillante, luminoso, y como si hubiese luz saliendo del cristal… Ese diamante es nuestra alma, todas nuestras almas. Es la cosa más bella de toda la creación… Y se dio cuenta de que esa luz que provenía del centro del cristal es la luz de Dios, y que Dios mismo mora en el centro de nuestro ser. Llamó a esto el castillo interior… Y reconoció que nuestra tarea más importante en esta vida es ir hacia adentro, hacia Dios, correr hacia los brazos del Amado que nos llama desde el centro de nuestro ser”.

François_Gérard_-_St_Theresa_(detail)En “El castillo interior”, considerado como una de las obras místicas más importantes, Teresa de Ávila relata que hay que atravesar siete moradas para lograr la unión con Dios. Mirabai consideraba que la enseñanza de Teresa era radical, pues la Iglesia dictaba que los seres humanos son pecadores desde su nacimiento, y había que ir a la Iglesia para lograr la absolución. “Pero Teresa decía: ‘No, no, no… Lo veo por mí misma. Somos… tan perfectos y hermosos que el Señor de Señores no quiere estar en más ninguna parte sino dentro de nosotros”, narró Mirabai. La otra enseñanza radical era que, para lograr esta unión con Dios, “todo lo que tenemos que hacer es ir a nuestro interior, lo que ella llamó la oración contemplativa… aquietarnos, estar en silencio, volver nuestra atención hacia el Amado dentro de nosotros. Así que eso significa que no necesitas el permiso de las autoridades”.

Por esos días, aún desempacaba una nueva mudanza. Encontré una foto de mis 15 años con el uniforme del colegio católico en elque estudié, un pequeño trofeo que gané al escribir mi primer poema —dirigido a la madre fundadora de la orden carmelita del colegio por su centenario— y mi diario de esa época, en el que profesaba un profundo amor por un Jesús que me amaba abismalmente. El maestro budista Thich Nhat Hanh, en cuyo monasterio californiano practico, urgía a sus seguidores a reconciliarnos con nuestra religión de origen. “Todo menos eso”, respondí varias veces con rebeldía. Hasta que llegó Teresa, con su aseveración poética y sólida, “Solo Dios basta”, y comenzó a cambiarlo todo.

En Facebook, “90 días: una jornada para sanar”

Foto 1: http://www.santateresadejesus.com

Foto 2: wikipedia. Pintura de Santa Teresa por François Gérard

 

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7 Comments

  1. I share your experience. For a long time I studied and practiced Buddhism, leaving behind my Catholic roots. My soul remained conflicted over the neglect of my original spiritual foundation. It took writing a memoir to discover the source of my malaise was my lack of appreciation of those spiritual roots that held me together in my upbringing. The discovery here for me was that all paths, seriously undertaken, lead to the knowledge that ONE is all there is.

    1. How beautiful Victoria! This has been a process and one that I have had to walk slowly, being patient with myself, I think I did encounter some unskillful spiritual leaders, and that had to do a great deal with my divorce from the church. It has been hard also to feel my pain for the crimes committed by the church against innocent people and understand that even after all that, when I look at the mystical aspect of the church, the Christ Essence is still there, available for everybody, sadly covered sometimes in the greed and control of unskillful people. I’m figuring that maybe, the solution is not to abandon it, but to denounce the crimes claim for a cleaner administration and behavior from the ones who aspire to lead others on a spiritual path. I have also discovered that this process has led me to understand that, at some point, religion is to be let go of so I can experience a divine union, one on one. Religion may point the way to the moon, but it’s not the moon. And the understanding of that process is okay too. Thank you for sharing! 🙂

  2. I share your experience. I studied and practiced Buddhism for a long time, leaving behind my Catholic roots. My soul however was not at rest until I dealt with the neglect of the spiritual foundation that nurtured my upbringing. It took writing a memoir for me to integrate all the currents of my spiritual life and discovering that all spiritual paths seriously undertaken lead to the knowledge that ONE is all there is.

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