¿Y quién me va a rescatar?

Por Samadhi Yaisha/Mis musas diarias

Han pasado unos doce años desde la primera vez que pisé el consultorio de un naturópata y un quiropráctico para manejar la ansiedad y tener mejor calidad de vida. Tras ver a mi mamá y a mi abuela materna fallecer de cáncer, sabía que el cuidado preventivo era importante, y yo no era feliz con la comida de “fast food”. Aun así, era muy difícil soltarla. Ese primer intento con el naturópata no funcionó. Me faltaba disciplina, y tampoco tenía gente a mi alrededor que me sirvieran como ejemplo. La búsqueda de tener una mejor calidad de vida me llevó también a explorar la yoga, la meditación, el gimnasio y otras prácticas. Entendía que el hecho de que algo funcionara o no dependía totalmente del conocimiento del médico o facilitador que visitaba. Llegaba donde el naturópata esperando que me rescatara de mis malos hábitos. Visitaba al quiropráctico con la expectativa de que disciplinara mi mala postura, que al final era la que provocaba las molestias en la espalda. De igual manera, cuando utilizaba la medicina convencional, iba al médico con la seguridad de que su receta me curaría. Ponía el cuidado de mi salud en manos de otros. Y lo estuve haciendo durante años. Tan era así, que aún cuando un método me funcionaba, si el médico o facilitador a quien había dejado a cargo de mi salud me decía que era dañino para mí, lo abandonaba. Así seguía inyectando dinero a quien me prometiera hacerse cargo de mi sanación. Existen lugares de salud  convencional y holística necesitan de ese tipo de comportamiento para subsistir económicamente. Antes tomaba las recomendaciones de facilitadores como ley en mi vida y los hacía responsables de mi bienestar; lo que resulta peligroso. Me llegó a ocurrir que apuntaban el dedo hacia mí diciendo que yo no estaba haciendo lo suficiente o que era mi “karma”. Ya no tengo que depender de otros ni tolerar ese tipo de conducta. Comencé a tener mejor salud cuando yo me hice completamente responsable de cuidarla en todos sus aspectos: físico, psicológico, emocional y espiritual. ¿Quién me va a rescatar? Yo misma. Yo misma me halo del hoyo y soy capaz de encontrar apoyo saludable. Cuido mi salud física mediante el ejercicio y la alimentación balanceada; mi salud emocional mediante grupos de apoyo; la espiritual mediante la meditación y la psicológica con la terapia.  Soy capaz de tomar las riendas de mi vida en conjunto con un facilitador de salud, pero no dejándole a cargo de todo. Si practico yoga, leo y me informo sobre el tema. Si me acojo al veganismo, me instruyo sobre qué alimentos y suplementos necesito para estar en balance. Puedo explorar y ver lo que me funciona. Ese camino sólo puedo recorrerlo yo, nadie más lo puede hacer por mí. No tomo todo lo que me digan como única ley. No espero que alguien más me dé la panacea o la receta mágica que me va a sacar del hoyo creado por hábitos erróneos. Cuidarme es mi responsabilidad. Si algo no me funciona, sigo investigando… ¡Pero no me detengo! Soy mi propia salvavidas.

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