Meditación guiada y charla: Brahmaviharas, Parte 1: «Metta» o Bondad Amorosa

Por Yaisha Vargas-Pérez

Para ver la meditación y charla grabada, por favor ve a este enlace:

https://youtu.be/_EwgiLRJSK8?si=UKZu-zZTozv7YqsM

INTRODUCCIÓN

En 1843, el autor británico Charles Dickens publicó la novela corta A Christmas Carol, sobre un hombre muy avaro. Luego de ser visitado por los fantasmas de su pasado, de su presente y de su futuro, y tras encontrarse con la posibilidad de su propia muerte, Ebenezer Scrooge cambia y se convierte en una persona bondadosa y generosa.

Dickens publicó la novela en momentos en que había muchas personas pobres en su país, espeicalmente niños que trabajaban en fábricas en condiciones terribles. Fue su manera de apelar a la bondad en los seres humanos que podían hacer algo al respecto.

Tanto fue el impacto de esta novela en la sociedad británica, que la gente comenzó a ser generosa y bondadosa en Navidad en una época en la cual la Navidad estaba pasando por una etapa de redefinición en la sociedad británica. Y todavía hoy en día, esa semilla de generosidad y bondad que sembró este autor hace casi dos siglos, nos toca. Esa historia todavía nos toca. Y yo creo que así es porque esa bondad y esa generosidad son algo natural en el corazón humano. Es lo que somos.

La bondad es una cualidad natural. En 2010, la Universidad de Yale condujo experimentos observando a bebés que miraban un juego de marionetas. Había marionetas que ayudaban a las otras marionetas a subir una cuesta, y otras que les impedían el paso. Un 80 por ciento de los bebés escogieron las marionetas que habían sido bondosas con las otras marionetas. O sea, podemos decir que muchos seres humanos estamos programados para la colaboración.

MEDITACIÓN GUIADA

Esta es una propuesta para relajar el cuerpo mediante la respiración bondadosa, para asentar la atención. Si algo de la guía que ofrezco no funciona para ti hoy, te invito a utilizar los sonidos de ambiente o anclar la atención en alguna parte del cuerpo con bondad.

Encuentra tu espacio de meditación. Que el cuerpo tenga suficiente estructura para mantenerse despierto y el abdomen esté suave para que el interior del cuerpo se suavice. Estructura con ternura. Si te ayuda, puedes cerrar los ojos.

Te invito también a pensar en algo que evoque bondad en ti. Tal vez un bebé, algo de la naturaleza, un animal de compañía. ¿Cómo se siente tu cuerpo cuando piensas en este ser que evoca bondad?

Ahora, una invitación a respirar dentro de tu cuerpo con bondad, ayudando a todas las partes de tu cuerpo a liberar el estrés, como cuando los gatos ronronean para calmarse a sí mismos. Y vamos a parte por parte en el cuerpo.

Una invitación a respirar con bondad en el área de tu cabeza, en el cuero cabelludo, en el área detrás de la frente, en el entrecejo, detrás de los ojos, las orejas, la quijada, el cuello. Tal vez surja la necesidad de dejar ir el estrés. Puedes hacerlo con la exhalación, si eso te ayuda.

Ahora, respirando con bondad en el área de la espalda: la piel, los tejidos, la columna, los órganos.

Respirando con bondad en los brazos: la piel, los músculos, los huesos. Respirando con bondad en las manos.

Dejando ir el estrés con la exhalación.

Ahora, una invitación a prestar atención al área del pecho. Respirando con bondad en el corazón, en los pulmones, en la caja torácica; escuchando la respiración…

Y en el abdomen, respirando con bondad en la piel del abdomen, los órganos y el tejido blando. Respirando con bondad en la parte baja del abdomen.

Llevando la respiración bondadosa al área de las piernas: piel, músculos, huesos, coyunturas.

A los pies: piel, planta del pie, parte de arriba del pie, dedos de los pies.

Ahora, si ha surgido alguna sensación de bienestar después de respirar en el cuerpo con bondad, permítete disfrutar de ese bienestar.

Ahora, una invitación a respirar con bondad en el área donde sientes tus emociones. Sin enredarte en alguna historia, simplemente respira con bondad en la parte del cuerpo donde sientes tus emociones. Y si tienes la necesidad, deja ir el estrés con la exhalación.

Ahora, respirando con bondad en tu mente, de nuevo, sin enredarte en alguna historia, simplemente respirando en el área donde los pensamientos y los estados mentales pueden sentirse en el cuerpo. Llevando bondad a esta área y dejando ir el estrés.

Suavizando los músculos que se ponen tensos cuando estás pensando. Invitándolos a que dejen ir el estrés. Con mucha suavidad.

Dejando ir cualquier estado mental difícil. Dejándolo ir. Dejándolo ir.

A medida que sigues escuchando tu cuerpo, tal vez la mente se va aclarando, tal vez comiences a ver que la mente se recoge, se recolecta, tal vez hay alguna sensación placentera o de alegría por esto. Tal vez sientas más tranquilidad, paz, serenidad. Tal vez la mente se recoja. Después de un rato, tal vez la mente esté más equilibrada. Tal vez la energía de tu ser se unifica como si varias corrientes de agua transcurrieran por varias partes de tu cuerpo y se unieran en el centro de tu torso.

Ahora, una invitación a descansar la mente en el área del corazón y a prepararnos para abrir el corazón revelando la bondad que ya está ahí para compartirla en todas direcciones: descorriendo el velo de la parte de enfrente del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte derecha del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte de atrás del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte izquierda del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte de abajo del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte de arriba del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección;

Descansando la mente en el corazón y en la bondad que envía en todas direcciones.

Este estado de energía de bondad acumulada, es un estado de concentración.

Puedes enviarle bondad a tus seres queridos y a seres que no conoces por nombre, pero les conoces de vista: Que estés feliz. Que estés libre de sufrimiento. Que estés segura. Que tengas salud. Que tengas paz.

Y en los últimos momentos de la meditación, enviando agradecimiento por la oportunidad de practicar.

CHARLA DEL DHARMA

En 1843, el autor británico Charles Dickens publicó la novela corta A Christmas Carol, sobre un hombre muy avaro. Luego de ser visitado por los fantasmas de su pasado, de su presente y de su futuro, y tras encontrarse con la posibilidad de su propia muerte, Ebenezer Scrooge cambia y se convierte en una persona bondadosa y generosa.

Dickens publicó la novela en momentos en que había muchas personas pobres en su país, espeicalmente niños que trabajaban en fábricas en condiciones terribles. Fue su manera de apelar a la bondad en los seres humanos que podían hacer algo al respecto.

Tanto fue el impacto de esta novela en la sociedad británica, que la gente comenzó a ser generosa y bondadosa en Navidad en una época en la cual la Navidad estaba pasando por una etapa de redefinición en la sociedad británica. Y todavía hoy en día, esa semilla de generosidad y bondad que sembró este autor hace casi dos siglos, nos toca. Esa historia todavía nos toca. Y yo creo que así es porque esa bondad y esa generosidad son algo natural en el corazón humano. Es lo que somos.

La bondad es una cualidad natural. En 2010, la Universidad de Yale condujo experimentos observando a bebés que miraban un juego de marionetas. Había marionetas que ayudaban a las otras marionetas a subir una cuesta, y otras que les impedían el paso. Un 80 por ciento de los bebés escogieron las marionetas que habían sido bondosas con las otras marionetas. O sea, podemos decir que muchos seres humanos estamos programados para la colaboración.

Pero, las experiencias de vida nos obligan a veces a establecer límites, barreras, a ponerle una etiqueta de “mala” a una persona que a lo mejor hizo daño por ignorancia. A veces nos sentimos en la obligación de no ser “buenos” con todo el mundo. No es que estemos siendo ilusos por querer ser buenos. Esa es nuestra naturaleza.

La práctica de la bondad amorosa nos reconecta con esta capacidad natural del corazón. Nos da la oportunidad de recuperar nuestra capacidad de ser bondadosos sin dejar de ser sabios. Hay gente que tal vez no pueda formar parte de nuestras vidas. Pero podemos, aún teniendo una verja de por medio, desearles bien; enviarles bondad por encima de la verja.

Hay dos maneras de practicar la bondad. La primera es abriendo nuestro corazón en todas direcciones y dejando salir esa bondad innata. Hacemos eso en nuestro espacio de meditación, en un espacio donde es seguro hacerlo. Al abrir nuestro corazón para dejar salir la bondad que somos, descubrimos que no hay límites para compartirla. No hay que hacer un esfuerzo exagerado, simplemente abrir la puerta.

La segunda manera es usando frases para expresar la intención de compartir esa bondad. Comenzamos deseándonos bondad a nosotras mismas: Que yo esté feliz. Que yo esté libre de sufrimiento. Que yo esté segura. Que yo tenga salud. Que yo tenga paz. Luego, le deseamos esa bondad a una persona cercana, alguien que nos inspire bondad: Que estés feliz. Que estés libre de sufrimiento. Que estés segura. Que tengas salud. Que tengas paz.

Después, enviamos bondad a una persona que conozcamos de vista, aunque no sepamos su nombre. Alguien que vemos con regularidad como una cajera en el supermercado o el cartero.

Finalmente, si estamos listas, enviamos bondad a una persona difícil. Si no estamos listas para este paso, seguimos practicando los pasos anteriores. No forzamos la bondad. Permitimos que nazca, permitimos que se desarrolle poco a poco.

El propósito de este ejercicio no es dejar de lado nuestra sabiduría o el conocimiento que tenemos de cómo otras personas se han comportado. El propósito es liberar nuestro corazón de resquemores para que seamos más libres. Y eso tiene el efecto de que haya una persona que sufra menos en el mundo.

La historia de este brahmavihara proviene de un discurso que se le atribuye al Buda. La historia es que el Buda había ido al bosque con los monjes que le seguían para meditar durante la temporada de lluvias. Los monjes luego le dijeron que no podían meditar allí porque había unos espíritus, unos fantasmas en el bosque que los estaban asustando. El Buda les dijo: Regresen al bosque y les voy a dar una práctica. Y les dio este sutta o discurso. Eventualmente, los fantasmas dejaron de molestar a los monjes e incluso les ayudaron durante su proceso de meditación.

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