Buscando visa… para despertar

Por Samadhi Yaisha/una versión de este relato fue publicada el domingo 12 de diciembre de 2010 en El Nuevo Día

La luz del semáforo cambió a rojo y mi humor se tornó del mismo color. Había sido una pausa de casi 90 días con puertas cerrándose tras de mí en términos laborales y de relaciones personales, y con mis pertenencias a la venta. Enviaba cartas y resumés, pero el buzón electrónico amanecía mudo de respuestas concretas. Todas se resumían a que tenía que esperar. Tracé un plan para ofrecer masaje en silla por mi cuenta, pero en los lugares requeridos necesitaba permisos que tardarían, y la silla tampoco aparecía. Una profunda limpieza emocional que marcaba el ocaso de la vida que conocía me había empujado al límite del cansancio… Así que, en medio del tapón de la Avenida Ponce de León en Santurce, me así del guía, miré al cielo y regañé a Dios: “¡Te voy a decir una cosa! ¡Basta! ¡Me sacas de este hoyo, pero es ya! ¡No soy un trapo! ¿Se te ha olvidado que soy hija Tuya?”

Ese día regresé al mar a disipar la incertidumbre jugando con las olas. Cuando era pequeña, mi papá me había enseñado a subir y bajar con la marea. Decidí que mi próxima profesión sería ser libre y empecé a reírme de mi situación. Por la noche, asistí a un servicio religioso cuyo mensaje se centró en decirle “basta” a situaciones y pensamientos negativos. Agradecí al Universo la sincronía.

Al día siguiente, apareció la silla de masajes y recibí una respuesta electrónica. Me esperaban en 15 días en la India para trabajar durante 90 días. Por fin se asomaba el trampolín. No podría pagar casa y carro durante tres meses más los gastos del viaje, así que insistí en vender, esta vez con un realtor. Entendí a la vocecita de la intuición que desde hacía un año me susurraba que vendiera todo porque mi búsqueda espiritual me llevaría a otros horizontes. Y yo, como una boba, había escogido hacerle caso a los consejos de que no era el momento de vender. Ahora tenía una venta apretada y la congoja de que la vida que desaparecía tras de mí no me dejaba una situación digna para regresar. Aprendí que cuando la intuición habla, a la mente le toca abrirle camino, aunque las voces de afuera te digan que no es por ahí. Cuando llegó el e-mail desde India, guardé mis cosas en cajas listas para una mudanza sin destino seguro.

Buscando a Dios

¿Qué buscaba? Sanación total, paz, realización. En mi travesía espiritual había derrumbado capas de hábitos dañinos, los últimos excesos habían sido el trabajo y la comida. Descubrí que todas las adicciones tienen dos trasfondos comunes: codependencia, aferrarse a otros en el intento de completarse a uno mismo, y el vicio de quedarse pegado de los melodramas y novelones de la “vida real”. Ambos tenían como antídoto entender que ningún ser humano o circunstancia terrenal podía darme la sensación de plenitud que anhelaba. Había logrado verme como un círculo sin terminar y sólo podía concluir su ciclo encontrando mi naturaleza divina. Ansiaba despertar y no era casualidad; los múltiples procesos de sanación que había escogido apuntaban -al unísono- que más allá del dolor estaba ese Ser Superior que podía reclamar como mío, en la forma en que yo escogiera hacerlo, y que la condición humana era una nube que no me dejaba ver esa realidad.

Una mudanza veloz

El proceso me había dado la gran bendición de verme por dentro y limpiar todos los rencores pasados sin tapujos ni excepciones. Sólo quedaba un diminuto punto de amargura por la pérdida de las circunstancias y las relaciones que tenía. Quería soltarlo de una vez y no sentir emoción alguna si pensaba en ello, igual que había logrado hacerlo con las demás experiencias traumáticas que había vivido.

– ¿Por qué no me sale? – le pregunté a una amiga de la tercera edad.

– Es muy reciente, y además, eso tarda. Ora por ellos todos los días y olvídate de cuánto se tarde, algún día sanará. Te lo aseguro.

Increíblemente, fue de ese átomo de resentimiento del que obtuve toda la energía para, en unas dos semanas, cargar aproximadamente 15 cajas de libros, ropa, ollas, documentos y tereques, incluido un baúl con todo lo que he escrito; conseguir pasaje de avión, hogar temporero para mis gatichurris en lo que encontraba un nuevo hogar, dejar a personas a cargo de vender mis pertenencias mediante un poder legal, cancelar cuentas de agua y luz, devolver cosas prestadas a amistades que hacía tiempo no veía, cerrar ciclos con todas las personas y asuntos pendientes que había apuntado en una lista, regalar cosas que ya no necesitaba, disfrutar de varias “últimas cenas” con amistades entrañables y mostrar apartamento y carro a posibles compradores. De más está decir que seguí bajando de peso, pero no dejé nada pendiente. Muchos me decían que me veía muy bien, pero yo sentía desaparecía dolorosamente. Me despedí de todos con el corazón, y a los que no vi, los leo por e-mail y Facebook.

Buscando visa

-¿Y no necesitas vacunarte? – me preguntaban con insistencia amigos y familiares. Buscando en las páginas cibernéticas del gobierno de los Estados Unidos descubrí que no era un requisito vacunarse para ir a India, pero sí tener una visa para entrar a ese país. En medio de aquel barrullo transicional, me detuve de golpe. Una visa de turista o para hacer trabajo de misión se tardaría semanas -y hasta meses- en llegar, y mi pasaje de avión era no reembolsable. ¡Perdería el “momentum” del viaje! Algo en mí me animó a hallar una respuesta rápida y encontré la posibilidad de obtener una visa de periodista -para un término de 90 días- que podría llegar entre tres y cinco días. Cuando vi la lista de documentos requeridos, abrí los ojos. En mi cuarto moraba un sobre violeta en el que extrañamente había acumulado documentos que fui encontrando en los pasados meses y no había archivado debidamente: el pasaporte, una copia devuelta del certificado de nacimiento que una agencia gubernamental ya no necesitaba, antiguas identificaciones de periodista, una factura de luz -de las que ya no guardaba- para demostrar la dirección, dos fotos de pasaporte que me habían sobrado cuando obtuve el pasaporte, artículos que mostraban trabajo periodístico freelance, ¡todo estaba ahí! En menos de una hora y media ya estaba en una oficina privada de envíos poniendo la solicitud en un sobre. Aguantándome el corazón, le dije a una empleada que tenía nombre de flor:

 

– Necesito enviar esto con una plegaria.

Ella cerró el sobre y me miró: -Se me han parado los pelos. Donde vayas, se te va a dar lo que buscas.

¿Llegaría a tiempo la visa para honrar el pasaje de avión? La noche antes de despegar el vuelo, la visa no había llegado. El número de 24 horas de la línea aérea no funcionaba, así que no pude cancelar mi reservación. A la mañana siguiente, tres horas antes de despegar el avión, llegué a las oficinas de la línea aérea y me topé con un ángel al que le narré mi historia. Me contó la suya: un divorcio súbito y una mudanza de Estados Unidos a Puerto Rico en 11 días. Tenía una hija. Su historia era valiente. Me ayudó y vi el cielo abierto. Volaría en unos días más. Cuando le dije que iba a la India por una búsqueda espiritual, comenzó a hacerme preguntas sobre su propia búsqueda. Le di algunas herramientas que conocía, títulos de libros, páginas de internet. Y me dijo:

– Esta conversación se supone que pasara. No sabes cuándo tiempo he estado buscando exactamente de lo que me estás hablando.

Dos días después de que despegara el avión en el que no me fui, asistí a un servicio religioso y encontré a un humilde maestro, un ser humano común y corriente, que me enseñó herramientas valiosas para el viaje.

En la próxima, “Adioses mágicos” y el despegue. ¡Gracias por seguir el viaje!

La autora es un ser libre.

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  • Karina Henriquez Emmanuelli, Tayra Toledo and 2 others like this.
    •  Marielena De Bardem nuevamente, gracias…a veces siento que me encuentro en las primeras etapas de ese viaje en el que te encuentras inmersa, y tus palabras me van llevando adelante ♥December 12, 2010 at 11:13am · Like
    •  Lola Green Samadhi! Bendiciones en abundancia!! Gracias!December 12, 2010 at 12:17pm · Like
    •  Julio LugoMi querida autora libre… La vida es una experiencia y hay que aprender de ella en cada paso.En el camino suele haber días tan dulces y días tan tristes, pero en esto me pregunto, qué seria de mi si no conociera la tristeza, el dolor, no l…See MoreDecember 12, 2010 at 7:10pm · Like ·  1
    •  Tayra Toledo Tu columna debería ser semanal. Es muy difícil esperar pacientemente por dos semanas para leer la siguiente parte. :)December 12, 2010 at 9:35pm · Like ·  1
    •  Abhi SamadhiQuerida María Elena, tus palabras le dan propósito a mi travesía. Carmen, bendiciones a ti también y para tu hermosa hija, ¡sigan así de lindas! Julio querido, qué alegría encontrarte otra vez por FB, ahora me acompaña otro poeta, gracias p…See MoreDecember 14, 2010 at 1:06am · Like ·  1
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