90 días: Activismo sagrado

Por Yaisha Vargas Pérez / columna publicada el domingo 20 de noviembre de 2016 en el diario puertorriqueño “El Nuevo Día”

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Trabajo voluntario en el monasterio Deer Park en Escondido, California en septiembre de 2015. Foto por Yaisha Vargas. © 2017 Derechos reservados

No hay que escoger entre la paz interior y el activismo social. Pueden ser ambas. En tiempos de caos, la meditación y la práctica espiritual son importantes para bandear la tormenta. Hay quienes critican esta postura de buscar solo la paz interior como enajenada. También está el otro lado: activistas que siguen luchando sin energías y comienzan a ir en círculos. Hay quienes les critican que hacen ruido, pero no son efectivos.

Andrew Harvey, fundador del Instituto de Activismo Sagrado, propone la fusión de la sabiduría espiritual profunda con la acción radical sabia para transformar al mundo. Se parece a lo que el maestro zen Thich Nhat Hanh llama “budismo comprometido”; otros maestros budistas lo llaman “compasión en acción” y en el cristianismo es “la fe acompañada de obras”.

El activismo sagrado explica que, al entregarse a su camino espiritual y permitir que lo divino habite en ellos, los buscadores alcanzan un estado de entendimiento o “conciencia crística”. Desde ese estado, nace el amor hacia el mundo y el hambre de transformarlo. Harvey explica que esta fue la enseñanza de Jesús, y que su activismo sagrado consistía en sanar y transformar. “Este camino es, a la vez, el más difícil de todos, porque implica un peligroso y extenuante descenso hacia la sombra personal y colectiva; y el más empoderante, porque, si se lleva lejos y profundamente, nace un nuevo tipo de ser humano: uno cuya mente está iluminada por la gnosis (conocimiento espiritual), cuyo corazón arde con la pasión sagrada de la compasión, y cuyo cuerpo se convierte, con el tiempo, en un receptáculo consciente de la energía divina”.

Martin Luther King Jr. y Mahatma Gandhi son ejemplos de líderes que usaron la transformación espiritual para lograr cambios políticos. Nelson Mandela confrontó y transformó su propia sombra durante 27 años de cárcel para pasar del odio al amor y al perdón.

¿Por qué han salido a la superficie política Donald Trump, el Brexit y el “No” al tratado de paz de la FARC en Colombia? ¿Por qué la balanza de poder en el planeta parece inclinarse hacia una hegemonía que rechaza las diferencias y la diversidad? Pues, porque han puesto de manifiesto nuestra sombra colectiva. Trump representa nuestro narcisismo: el yo lo quiero todo y lo quiero ahora; quiero acomodar la vida a mi manera, y si no me sale es culpa de alguien más. Es producto del individualismo extremo que vende una felicidad falsa. La humanidad se dirige hacia un nuevo orden. Dentro de una crisálida, las células de la oruga moribunda parecerán volverse fuertes. Atacarán a las células imaginales de la mariposa en formación, porque son un orden nuevo y una amenaza.

¿Qué podemos hacer? Reconocer que los que han practicado el activismo desde su propia transformación y amor propio, lo han hecho bajo circunstancias políticas adversas.

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Meditando en la charca de flores de loto del monasterio Deer Park en Escondido, California, en abril de 2016. Foto por Yaisha Vargas. © Derechos reservados

Es importante reconocer el dolor y la rabia por lo que parece un revés, para poder dirigir esa energía de manera efectiva. Si no reconocemos nuestro coraje tras el resultado electoral (nuestra sombra) podríamos terminar abonando al problema lanzando odio de vuelta. Podemos escoger transformar la indignación en energía para volcarnos en ayuda hacia los grupos más marginados. Varios maestros budistas atendieron este punto durante una entrevista en la revista “Lion’s Roar”. “Está bien asustarse, atravesar el duelo, desahogarse por un rato. Junten las manos unos con otros… Podemos volver a trabajar por el bien”, dijo Norman Fischer, de la Fundación Everyday Zen. “Sobrevivimos a Nixon, Reagan y a Bush. No fue placentero, pero sobrevivimos. Sobreviviremos a Trump”, agregó. Pema Chödrön dijo: “Siento que es un momento para hacer contacto con nuestro corazón y salir a ayudar en cualquier forma en que podamos”.

Cuando volví a Puerto Rico, sabía lo que vería en la calle, pero regresaba con un corazón más sano. Pregunté en mi interior: ¿Qué puedo hacer? Por lo pronto, puse en mi carro un bulto lleno de barras de proteína, agua e información de centros de ayuda para la gente que vive en la calle, y comida enlatada y agua en para los animales realengos. He hecho manifestaciones usando posturas de yoga (una de ellas en La Parguera) para expresar lo sagrado de proteger los cuerpos de agua. Tras manejar mi frustración, sé que el amor puede más, pero me digo sin cesar: ¡Quiero hacer más!

En Facebook, 90 días: una jornada para sanar

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