Meditación guiada y charla: Brahmaviharas, Parte 2: «Karuna» o Compasión

Para ver la meditación y charla grabada, por favor oprime aquí:

https://www.youtube.com/watch?v=soAaOE9DC9A

INTRODUCCIÓN


Cuando comencé a ser reforestadora, me empezó a ocurrir que abría algun fruto y ya la semilla estaba germinada. Me pasó con aguacates, con frutos de mamey sapote. Una vez abrí una papaya y muchas de sus semillas ya estaban germinadas.

Y hubo gente que me dijo: «Eso es que hace calor, y tiene ese efecto en las semillas de las frutas». Pero yo sentía que algo en mi corazón se movía, se conmovía, se inclinaba hacia la semilla de la fruta como si la estuviese escuchando, como esta forma de vida que llamo «yo» pudiera entender por dentro que otra forma de vida estaba brotando una raíz buscando tierra y agua. Como si fuera yo misma que tuviera sed y hambre. Casi escuchaba que la semilla me estaba diciendo: «siémbrame».

Y sembré muchas semillas aquel verano y en los años siguientes. No he podido sembrar todas la semillas que me salen ya germinadas, por falta de espacio donde puedan crecer sin que las corten después. Y hago un ritual para que ponerlas en la composta y que regresen en otras formas, ya que todo está hecho de tierra, agua, calor y aire. Esos elementos irán a formar otros sujetos de naturaleza.

Igualmente, me ha pasado cuando he rescatado gatitos de la calle. No he podido ignorar ese maullido que pide ayuda.

Ese movimiento del corazón, que más allá de la bondad se conmueve para extender la mano, es la compasión.

En esta sesión aprendemos sobre la compasión así como maneras de practicarla con equilibrio y bondad hacia nosotres.

Que sea de beneficio para tu práctica.

Con bondad,

Yaisha

MEDITACIÓN GUIADA


Una invitación a tomar varias respiraciones profundas, como una transición del ruido al silencio.

Y al respirar y escuchar tu propia respiración, observa cómo tu cuerpo cuida de ti mediante la respiración. Inhalando vida, exhalando tensión o estrés.

Y ahora una invitación a recorrer el cuerpo con la respiración, inhalando con un sentido de cuidado, de calma, de que te importa el cuerpo, que cuidas el cuerpo.

Respirando con un sentido de cuidado en el área de la cabeza, en la parte de atrás de la cabeza, en la frente, en los ojos, en la quijada. Dejando salir el estrés.

Respirando con un sentido de cuidado, de querer traer alivio al cuerpo, en el área del cuello, los hombros, la espalda. Dejando salir el estrés.

Y ahora, en el área de los brazos, las manos. Recordando todo lo que trabajan, mirando esa parte de tu cuerpo con compasión.

Y ahora respira con un sentido de cuidado en el pecho, en el abdomen, recordando todo lo que trabajan esos órganos para que estés vivo, viva. Dejando salir el estrés.

Ahora respira con un sentido de cuidado, de compasión, hacia las piernas y los pies. Recordando todo lo que trabajan. Agradeciendo todo lo que trabajan. Dejando salir el estrés.

Ahora, respirando con un sentido de cuidado en el lugar de tu cuerpo que sientes las emociones. Mirando tu espacio emocional de manera compasiva, con amabilidad. Las emociones que implican que a una parte de ti le importa algo, le preocupa algo, quiere sobrevivir. Enviando compasión y calma a las emociones.

Y respirando con un sentido de cuidado y compasión en la mente. La mente que quiere sobrevivir, hacer las cosas bien, evitar peligros, estar segura. La mente a la que le importa algo. Respirando con compasión y suavidad. Agradeciendo todo lo que hace.

Ahora, lleva este sentido de cuidado y amor compasivo a cualquier parte de tu cuerpo donde haya dolor. Si es muy fuerte, toca esa parte solo un momento y regresa a la respiración compasiva hacia todo tu cuerpo.

Igualmente, lleva este sentido de cuidado y amor compasivo hacia cualquier emoción de dolor o aflicción. Si es muy difícil, toca esa emoción con la respiración solo un momento y regresa a respirar compasión hacia todo tu cuerpo.

Y, una invitación a llevar este sentido de cuidado y amor compasivo hacia tu mente. Sin perderte en el contenido de los pensamientos. Simplemente envia amor compasivo a tu mente. Puedes respirar allí con compasión y luego regresar a respirar compasión hacia todo tu cuerpo.

La luz de la compasión es una luz suave, amable, que ilumina espacios donde hay dolor y oscuridad, igual que la luz del atardecer brilla suavemente sobre todos los seres aunque la oscuridad de la noche esté cerca. Es una luz que vive en tu corazón.

Nos preparamos para irradiar compasión desde el corazón y esta es una invitación:

Descorriendo el velo para abrir la parte de enfrente del corazón para dejar salir, irradiar, la luz suave de la compasión hacia todos los seres en esa dirección.

Descorriendo el velo para abrir la parte derecha del corazón. Dejando salir la luz suave de la compasión hacia todos los seres en esa dirección.

Descorriendo el velo para abrir la parte de atrás del corazón. Dejando salir la luz suave de la compasión hacia todos los seres en esa dirección.

Descorriendo el velo para abrir la parte izquierda del corazón. Dejando salir la luz suave de la compasión hacia todos los seres en esa dirección.

Descorriendo el velo para abrir la parte de abajo del corazón. Dejando salir la luz suave de la compasión hacia todos los seres en esa dirección.

Descorriendo el velo para abrir la parte de arriba del corazón. Dejando salir la luz suave de la compasión hacia todos los seres en esa dirección.

Enviando compasión hacia todos los seres. Deseando que sean libres de sufrir.



CHARLA COMPLETA

Cuando comencé a ser reforestadora, me empezó a ocurrir que abría algun fruto y ya la semilla estaba germinada. Me pasó con aguacates, con frutos de mamey sapote. Una vez abrí una papaya y muchas de sus semillas ya estaban germinadas.

Y hubo gente que me dijo: «Eso es que hace calor, y tiene ese efecto en las semillas de las frutas». Pero yo sentía que algo en mi corazón se movía, se conmovía, se inclinaba hacia la semilla de la fruta como si la estuviese escuchando, como esta forma de vida que llamo «yo» pudiera entender por dentro que otra forma de vida estaba brotando una raíz buscando tierra y agua. Como si fuera yo misma que tuviera sed y hambre. Casi escuchaba que la semilla me estaba diciendo: «siémbrame».

Y sembré muchas semillas aquel verano y en los años siguientes. No he podido sembrar todas la semillas que me salen ya germinadas, por falta de espacio donde puedan crecer sin que las corten después. Y hago un ritual para que ponerlas en la composta y que regresen en otras formas, ya que todo está hecho de tierra, agua, calor y aire. Esos elementos irán a formar otros sujetos de naturaleza.

Igualmente, me ha pasado cuando he rescatado gatitos de la calle. No he podido ignorar ese maullido que pide ayuda.

Ese movimiento del corazón, que más allá de la bondad se conmueve para extender la mano, es la compasión.

Es un sentimiento muy hermoso. Cuando está equilibrada, es una cualidad de colaboración, incluso de justicia: yo siento compasión por las especies de Cabo Rojo que están amenazadas por un proyecto que las dejaría sin hábitat, y esa compasión me lleva a ir a marchar el sábado. Es por amor a estos seres que dependen de ese hábitat. La compasión implica que me importa. Que puedo luchar sin odio, desde el amor profundo hacia la naturaleza.

Cuando está fuera de equilibrio se puede convertir en codependencia, en querar arreglar, en querer intervenir invadiendo los límites de otras personas, queriendo ser salvadores. Y eso no necesariamente es apreciado por los seres que reciben esa actitud.

La compasión tampoco nos pide que nos desgastemos. Hace poco escuché de una persona que para apoyar a personas sin hogar en Los Ángeles, donde hay un gran problema de sinhogarismo, se sienta a escuchar a las personas que duermen en la calle. A escuchar sus historias, sin juicio, con empatía, comprensión, compasión. No les resuelve el problema de que no tengan techo, pero está ahí para aliviar su corazón.

Esta es la compasión hacia personas que no necesariamente conocemos, el tercer paso de la compasión.

Los primeros dos son tener compasión hacia mi propio ser, que fue la meditación que practicamos. El segundo paso es tener compasión hacia otro ser que me inspira ternura, que es el ejemplo de las semillas: mi corazón se conmueve y hago algo que sí está en mi capacidad de hacer. Y el tercer ejemplo es la compasión hacia seres que no conozco.

El cuarto ejemplo es la compasión hacia personas que no me caen bien. A lo mejor es una persona que gruñe mucho y no quiero tener que bregar con una persona así. Pero eso me recuerda a un ejemplo que pone la maestra de meditación Tara Brach: imagina que caminas por una vereda y encuentras a un perro bravo que te gruñe y parece que va a morderte. Y la primera reacción es de aprehensión y aversión. Pero cuando miras su cuerpo te das cuenta de que tiene una pata atrapada en una trampa. Y el corazón se suaviza y surge el deseo que ese ser sea libre de sufrir.

¿Cómo evitamos la quemazón por compasión? Kristin Neff dice que la quemazón ocurre cuando actuamos solamente por empatía hacia el otro sin tomar en cuenta nuestro propio nivel de energía. Si la compasión no nos incluye a nosotres no está completa. Jack Kornfield dice que la compasión es un círculo. Comienza por la compasión hacia mí y cuando tengo el vaso lleno que puedo compartir, entonces tengo suficiente energía para compartir y para actuar con sabiduría. Si se me está vaciando el tanque, es hora de dar un paso atrás y recargar. Me ha pasado con las semillas. He tomado descansos de algunos meses cuando los he necesitado. Si continúo con el desgaste, ya no puedo actuar honestamente desde la compasión. Entonces es codependencia. La codependencia es deshonesta. La compasión es honesta. Realmente quiero moverme hacia aliviar el sufrimiento de otro ser.

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