90 días: Libérate de las opiniones de los demás

por Yaisha Vargas / columna publicada en el diario puertorriqueño “El Nuevo Día” el domingo 10 de enero de 2016

Pretty young woman with arms raised standing on beach
Cuando la opinión de otro tiene más importancia que la opinión que tenemos sobre nosotras mismas, nos estamos abandonando emocionalmente. Así de claro.

Solía llamarle el tornado interior. El momento en que una ráfaga de opiniones y críticas azotaba mis oídos y desataba un torbellino de rabia e inseguridad. Se tambaleaba mi estructura interna, me daba resaca de resentimientos. ¿Cómo era posible que alguien pensara así de mí? ¿Acaso yo no había hecho lo suficiente? ¿Es que no lo estoy haciendo bien?

En ocasiones, recibimos opiniones negativas y constantes de personas a quienes queremos agradar. Nos volvemos un “rubick’s cube” tratando de ajustarnos a sus expectativas, mutamos, nos volvemos camaleónicos, nos torcemos como un “pretzel” en intentos acrobáticos para que alguien más nos dé lo que más anhelamos: aceptación. Y haciendo esos malabares para “encajar” con los demás, albergamos mucho resquemor.

Si bien es cierto que las opiniones negativas de alguien más pueden causar mucho dolor, fundamentar nuestra autoestima en los pareceres ajenos es caer en un hoyo de sufrimiento que no tiene fondo. Es posible responder de otra manera y escoger no sufrir por ello.

Adaptarnos constantemente a otros, tomar decisiones o actuar según lo que piensan, dejando de lado lo que queremos para nosotras mismas, es estamparnos en la frente un sello de infelicidad garantizada. Cuando la opinión de otro tiene más importancia que la opinión que tenemos sobre nosotras mismas, nos estamos abandonando emocionalmente. Así de claro.

¿Por qué existen las personas criticonas y negativas?

Las opiniones son como el pronóstico del tiempo, patrones atmosféricos de los cuales no tenemos control, y que dependen de muchas condiciones y variables. Así, cuando se condensa el vapor en la atmósfera, ocurre lluvia; si la temperatura es menor de cero grados Celsio, puede convertirse en nieve; si la humedad se condensa en el aire pero las gotas de agua no son lo suficientemente grandes, se forma neblina, etcétera. Igual pasa con las plantas: si sembramos semillas de guanábanas y acerolas, tendremos árboles de esas especies. Cada uno de estos ejemplos representa un patrón en la naturaleza y su resultado. No tiene caso rebatirle a la atmósfera ni al árbol de guanábana. Lo que podemos hacer es guarecernos cuando llueve o buscar la fruta de otro tipo de árbol.

Pues bien, los seres humanos somos contenedores de patrones de pensamiento y comportamiento. Exteriorizamos lo que fue sembrado en nosotras cuando éramos más jovenes, o lo que hemos cultivado en nosotras mismas mediante el autoaprendizaje. Cuando una persona critica o es constantemente negativa, incluso con la gente que la trata bien, lo que hace es exteriorizar un patrón que tiene en su interior desde hace mucho tiempo. A veces expresa así los mensajes que recibió en su niñez: “No soy suficiente”, “Tú no eres suficiente”. Su patrón de conducta ya existía antes de que llegáramos a su vida, nosotras no lo creamos ni lo causamos, por lo tanto, tampoco podemos cambiarlo. Tenemos sobre esa persona el mismo poder que poseemos para detener la lluvia.

Igualmente, nos ayuda el comprender que cuando alguien habla de los demás constantemente, está practicando una forma de adicción y de escapismo. Alguien que está todo el tiempo opinando sobre cómo otros deben cambiar, está ignorando el elefante blanco en medio de su propia casa: el dolor que conlleva reconocer su insatisfacción consigo misma. Es una forma de evitar el verse y reconocer las cosas que necesita cambiar en sí misma para ser feliz. Es más fácil ver sus defectos reflejados en los demás y querer cambiar a otros mediante la crítica, a veces hasta pensando que les está haciendo un favor, porque el trabajo interno es laborioso y difícil. Es más fácil decirle a los demás lo que tienen que hacer o criticarlos para sentirse mejor con su propia insatisfacción. Y aunque esto pueda ser motivo de rabia para los que están a su alrededor, puede también moverlos a la compasión. Quien está todo el tiempo criticando a los demás carga dentro de sí verdaderamente mucho dolor: y eso es lo que precisamente comparte y esparce a su alrededor.

Nuestra serenidad va primero

Vivir según la opinión de otros es una prisión difícil de abandonar. Podemos salir de esa cárcel mental cuando nos atrevemos a pensar que nuestra serenidad importa más que lo que otra persona piensa o dice sobre nosotros.

Algunos grupos de recuperación de conductas adictivas y codependientes siguen una tradición que consiste en no opinar sobre asuntos externos a su proceso de sanación. La sabiduría y la experiencia les dice que, si invierten energía en asuntos externos a su objetivo, se afecta el propósito mismo del grupo: la sanación de sus individuos. Algunas personas llevan esta tradición a su diario vivir. Entienden que la opinión que tienen otras personas sobre ellos es un asunto externo a su recuperación, por lo tanto, no responden a comentarios ni invierten energía en convencer a los demás de que su percepción es equivocada. Su sanación y serenidad son más importantes que lo que piensen otros.

Hay una oración de la serenidad que pone esto en práctica, nos libera de que las opiniones de los demás nos afecten y también nos emancipa de la tentación de opinar y criticar a los demás para forzar un cambio en ellos: “Poder Superior, concédeme la serenidad para aceptar a las personas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquella persona que puedo, y sabiduría para reconocer que esa persona soy yo”.

Dejar ir; vivir y dejar vivir

Al desistir de cambiar la opinión que otra persona tiene sobre nosotras, regresamos a lo que sí nos importa y nos toca: sanarnos y cuidarnos a nosotras mismas. Cuando nos ocupamos de nosotras y nos amamos, aprendemos a buscar relaciones y personas más saludables. Ya no buscamos inconscientemente a alguien que nos refleje una opinión negativa sobre nosotras para intentar cambiar su percepción y demostrarle lo contrario. Cuando nos cuidamos y nos amamos, buscamos personas que nos aman y nos respetan tanto como lo hacemos con nosotras mismas.

En mi jornada de sanar mis conductas codependientes, me percaté de que el temor al qué dirán era difícil de superar. Tardé mucho tiempo en entender que los demás opinan según lo que llevan por dentro. Su conducta no tiene nada que ver conmigo. Una vez lo he entendido, he sido más feliz, he tenido más paz, he soltado un aspecto más de la personalidad codependiente que me hacía sufrir.

El autor de Nuevo Pensamiento Ervin Seale lo resume de la siguiente manera en el libro “Take Off from Within”: “Existe un problema personal recurrente, persistente y perenne que, más que cualquier otro, se roba la fuerza y la paz de las personas y arruina proyectos, empresas y carreras. Es la costumbre de sentir dolor a causa de lo que otros hacen, no hacen, dicen o dejan de decir.”

Don Miguel Ruiz, autor del clásico “Los cuatro acuerdos”, lo expone así: “El motivo de que estés atrapado es lo que llamamos ‘la importancia personal’. La importancia personal, o el tomarse las cosas personalmente, es considerar que todo gira a nuestro alrededor. Creemos que somos responsables de todo. ¡Yo, yo, yo y siempre yo! Nada de lo que los demás hacen es por ti. Lo hacen por ellos mismos”.

Es posible dejar ir el torbellino errático de opiniones y abrazar la verdad sobre mí misma. Al hacerlo, mi mundo interno se fortalece, me paro sobre mis propios pies, navego en mis aguas serenas. Soy libre.

En Facebook, “90 días: una jornada para sanar”

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