La tentación del lodo

Por Samadhi Yaisha/Mis musas diarias

Foto por Free Stock Photos.

Ay, ¡pobre de mí! ¡Que no salgo del hoyo! ¡Que siempre estoy en lo mismo! ¡¡¡Que estoy cansada de estar cansada!!!

Conmiseración. Autopena. No puedo.

Y una busca un rescatista desesperadamente. Alguien que me saque del hoyo, que pague las cuentas, que me envíe un mejor trabajo. Alguien que tenga la magia de haber armado una vida mejor que la mía y que me diga paso a paso cómo hacerlo. Que me venda la fórmula para salir de la desgracia.

Un héroe que de seguro está fuera de mí porque yo no lo veo en el espejo.

Y en el desespero pienso que quizás sea pegarme en la loto, votar mañana por un candidato diferente, cambiar de religión porque el salvador de ésta no me funciona. ¡Alguien tiene que tener la respuesta!

Mientras tanto, mientras aparece el protagonista del cantar de gesta que podría resolverlo todo (¿y qué le pasa que no ha llegado?), una sigue hablando de cómo se regodea en el lodo, de lo mal que están las cosas, de que vamos a peor, de que mira cómo es culpa de todo lo demás. De los políticos, la economía y la religión.

Muy poca gente habla de cómo nos levantamos. En pocos lugares escucho qué estamos haciendo para sanarnos.

Hace un tiempo, Louise Hay, maestra de metafísica y autora de temas de autosanación, narró su vida en un documental. En él explica cómo durante la década de 1980 formó un grupo de apoyo para personas afectadas por la epidemia de VIH en un momento en el que no había tratamiento y sus víctimas no tenían un lugar a dónde ir. Louise Hay les dijo: “No vamos a hablar de cuán horrible es”. Sí había espacio para hablar de lo que estaba ocurriendo en sus vidas y del impacto de haber recibido la noticia de lo que afectaba su salud. Pero cada cual tenía la asignación de buscar qué le ayudaba a sobrellevar su condición y compartirlo con el grupo. Así se mostraban solidaridad. Así sanaban juntos sus emociones y encontraban un preciado tesoro de empatía que no hallarían fuera de allí.

Sí es cierto que duele, que fue injusto lo que pasó, que no hubiésemos querido que ocurriera, que hubiésemos preferido que nos preguntaran antes de tomar una decisión. Hubiésemos querido tener opciones.

Y está bien que lloremos lo que perdimos y quejarnos por un ratito. Es parte del proceso.

Pero llega el momento en el que una se siente harta de nadar en el lodo. Y se da cuenta que gritándole a los demás para que la saquen de ahí, no funciona. Hay que salir del hoyo fangoso una misma, resbalando, sosteniéndose de las piedras firmes con pies y manos. Ganándose algunos rasguños. Salir de ahí a como dé lugar.

Vivimos una epidemia de desgano y desesperanza por la situación que vemos afuera. Sin embargo, nuestros días no están exentos de buenas noticias y de pequeñas cosas que nos ayudan a seguir adelante. Y eso es lo que quiero que me cuenten. Lo que les ayuda a sanar.

No todos mis días empiezan bien. Mucho menos son perfectos. Pero intento sin tregua ser consciente de cómo me siento y por qué. Y tan pronto lo identifico y me abrazo por atravesar la experiencia humana que vivo, lo próximo que pienso es qué herramienta me ayuda: agarrar el teléfono y compartir algo positivo dentro de mi realidad (de seguro que siempre puedo encontrar las cosas chéveres dentro de lo que vivo), leer sobre recuperación, escribir, llamar a un mentor o mentora y narrarle qué estoy haciendo hoy para seguir adelante, asistir a una meditación, volver a mi práctica espiritual, y si no tengo, buscar la que me funciona; buscar un grupo de apoyo, sacar una cita con un terapista, salir a caminar o a hacer ejercicio.

Cosas que no me ayudan: sentarme a comer, quedarme limpiando los pisos, llamar a alguien para lamentarme, agarrar la adicción que me devuelve al hoyo…. obsesionarme con que las cosas van mal.

Si de todas maneras me voy a obsesionar y es una característica de la que no puedo escapar, entonces escojo obsesionarme con sanar. Uso el defecto a mi favor y, como dice Melodie Beattie, autora de temas de codependencia, lo convierto en determinación para seguir adelante.

Un pequeño paso cada vez. Hay días que es un respiro a la vez. Pero se puede. Se puede, se puede; sin ser escapistas de la realidad en que vivimos. Se puede armar una vida diferente contando qué nos ayuda a sanar.

Así que cuéntame… Cuando te sientes nadando en el pantano del no puedo… ¿de qué herramienta te agarras para sanar?

Visita en Facebook el grupo: “90 días: una jornada para sanar”

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5 Comments

  1. Me ha encantado, es interesante, y muy enternecedor tu artículo; salir de mis momentos de torturas, lloraderas y mal humor, ya no me duelen tanto y me ayuda a sanar: leerte, meditar, mis libros de Osho, mantras, poco a poco voy deseando menos, soy feliz con lo que tengo, el amor, a medida que das recibes y esto es muy gratificante, estoy dejando de lado el ego, y también he aprendido a dejar otras muchas cosas por el camino, el que diran, lo que hacen o dejan de hacer los demàs me tiene ahora fría, o sea, no me importa en lo mas mínimo, a mis hijas le exijo menos, soy feliz teniendo confianza en mi pareja aunque hace 4 años que no vivimos juntos, funcionamos mejor que los 7 años que lo hicimos, he aprendido bastante y todo se lo debo, en parte a OSHO, antes había leído infinidad de libros, incluida la Metàfisica (la amo), mis horizontes se ampliaron y me llenó de pleno, OSHO. Leerte, como he dicho antes, ayuda muchisimo, me encanta, me inspira y mucho, a seguir, pero no me gusta pensar en como lo he hecho, simplemente las cosas se han ido, las he abandonado y es maravilloso, me siento libre, es como volar, de hecho hace tiempo que me pasa en sueños, vuelo, pero ya lo he perfeccionado, vuelo mejor que antes en mis sueños y voy a donde quiera, es de verdad una sensación de felicidad plena.
    Gracias Samadhi Yaisha, te envío amor y luz.

    1. Gracias a ti por seguir la lectura y por compartir tus experiencias. Para mí el camino de recuperación ha sido en zig-zag, pero siempre hay progreso, ¡eso es lo importante!

  2. No es fácil recuperarse, pero me he dado cuenta q cuando d vdd nos abrimos para recibir, la vida va poniendo lo necesario. Desde lecturas entre las q se encuentran tus escritos, páginas, vídeos de sanacion van apareciendo día a día. Ahí esta el detalle aprovechar esas oportunidades y mantenernos conectados en armonía con lo Divino, y con nosotros mismos , atendiendo lo q instruimos q es la voz d nuestro Ángel

    1. Y gracias por recordármelo al contestarme. Mantener esa conexión divina es sanidad. Escuchar la voz interior que me guía hacia dónde voy a cada paso. Un abrazo María Victoria 🙂

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