Meditación y charla: Mindfulness y sabiduría, parte 4

MEDITACIÓN Y CHARLA — MINDFULNESS Y SABIDURÍA, PARTE 4

INTRODUCCIÓN

En el cuento alemán El duende saltarín, una reina debe adivinar el nombre de un duende que quiere llevarse a su primogénito. Lo único que puede evitar que eso ocurra es que la reina adivine el nombre del duende. Una vez ella lo consigue y nombra en voz alta a Rumpelstiltskin, el duende desaparece.

Algunos héroes de historias ficticias tienen un acompañante o mentor que les da fortaleza o ecuanimidad para enfrentar lo desconocido. Con ese acompañamiento, pueden vencer el miedo.

El venerable Bhikkhu Analayo describe al mindfulness (“sati” en idioma pali), como una presencia suave y despierta que nos acompaña a mirar nuestra experiencia interior con honestidad y bondad. Dice que sati es “una buena amiga”.

El maestro zen vietnamita Thich Nhat Hanh enseñaba que, cuando estamos sufriendo, ayuda mirar nuestro dolor con atención y ternura, como una madre que mira a su bebé cuando llora en la cuna y revisa qué necesita. ¿Tiene hambre, sueño, necesita compañía o un cambio de pañal?

¿Cómo hacemos esto? ¿Cómo miramos nuestra experiencia humana con honestidad y bondad? Poniéndole nombre. El puente que une a las prácticas de mindfulness que hemos estudiado en las pasadas tres semanas es poder nombrar lo que ocurre mientras está ocurriendo. Tras acomodarnos en nuestro espacio de meditación, cerrar los ojos y conectar con un punto de descanso en la realidad presente (la respiración, una parte del cuerpo o los sonidos de ambiente), entonces comenzamos a nombrar en silencio cada experiencia. Si comenzamos observando el cuerpo, tal vez signifique nombrar: calor, frío, humedad, resequedad, pesadez, liviandad, vibración, pulsación. Si luego observamos el tono del sentir (“védana”), diríamos: agradable, desagradable, neutral. Si después observamos las emociones, a lo mejor nombramos: ansiedad, tristeza, sosiego, tranquilidad, agitación, aburrimiento, etc. Y si miramos los pensamientos, puede ser que nombremos: opinión, parloteo, juicio, crítica, recuerdo, planificación, etcétera. Estos son solo ejemplos, muy bien puede que surjan otros objetos en nuestra meditación.

Nombrar la experiencia nos acerca a ella lo suficiente para observarla cambiar. Ahí nos damos cuenta de que toda la experiencia humana cambia constantemente y, por lo tanto, es impermanente. En esa realización hay gran liberación.

Es importante que, una vez nombramos la experiencia y la miremos cambiar, no nos quedemos enganchados a ella y regresemos a ese primer punto de contacto con la realidad que escogimos al principio —la respiración, una parte del cuerpo o los sonidos de ambiente— para seguir meditando. Recordamos que somos el cielo claro y despejado y no las nubes que pasan.

A veces, cuando nombramos una experiencia, tal vez la vemos desaparecer (como el duende saltarín de cuento). Otras veces, el poder nombrar nuestra experiencia utilizando la práctica de mindfulness hace que nos sintamos acompañados por esa presencia suave y despierta y tenemos la valentía de mirar lo que verdaderamente hay en nuestro interior.

Es importante recordar que siempre, siempre nos tratamos con bondad.

MEDITACIÓN

(campanada)

Encuentra tu espacio de meditación. Que el cuerpo tenga estructura suficiente estructura para mantenerse despierto y el abdomen suave para que el interior del cuerpo se suavice. Estructura con ternura.

Una invitación a tomar varias respiraciones profundas como una transición del ruido al silencio.

Observa dónde es más fácil que la mente descanse en la realidad presente: ¿en la respiración, en los sonidos de ambiente o en alguna parte del cuerpo que se sienta cómoda, como las manos o los pies? En cualquiero momento de la meditación, puedes regresar a tu ancla y volver a comenzar.

Ahora, una invitación a hacer un escaneo corporal para reconocer que el cuerpo está aquí. Prestando atención al área de la cabeza, los hombros, espalda, brazos, manos, pecho, abdomen, parte baja del abdomen, piernas y pies.

Ahora, una invitación a mirar estas partes del cuerpo de manera bondadosa. Si te ayuda, puedes respirarlas con bondad: respirando en la cabeza con bondad, en los hombros, espalda, brazos, manos, pecho, abdomen, parte baja del abdomen, piernas y pies. Recordando esta mirada bondadosa a lo largo del resto de la meditación.

Ahora, una invitación a explorar las sensaciones en el cuerpo: tal vez calor o frío, humedad, o resequedad, pesadez o liviandad, vibración o pulsación. O tal vez alguna otra sensación. Observando las sensaciones y regresando al punto de descanso en la realidad presente.

Ahora, una invitación a explorar el tono del sentir (“védana”): acaso hay sensaciones agradables desagradables o neutrales. Observando los tonos del sentir y regresando al punto de descanso en la realidad presente.

Ahora, observando las emociones. Tal vez podamos ver si de la tonalidad del sentir comienzan a surgir emociones. A lo mejor sentimos alguna sensación corporal que fue incómoda. De ahí hay una tonalidad del sentir desagradable y eso a lo mejor lleva a emociones o pensamientos incómodos. Simplemente los observamos mientras surgen y cambian y regresamos al punto de descanso en la realidad presente.

O a lo mejor nombramos alguna emoción presente: ansiedad, tristeza, sosiego, tranquilidad, agitación, aburrimiento.

Y ahora, observando los pensamientos, puede ser que nombremos: opinión, charla mental, juicio, crítica, recuerdo, planificación, etcétera.

Y ahora, observando los estados de la mente. ¿Cómo está la mente?
¿Hay aferramiento en la mente, o hay ausencia de aferramiento?
¿Hay mala voluntad en la mente, aversión u odio, o hay buena voluntad?
¿La mente está confundida o hay ausencia de confusión?
¿La mente está recolectada, recogida, o dispersa?
¿La mente está recogida o distraída?
¿Está quieta o inquieta?
¿Está esclavizada por algún estado de sufrimiento o es una mente libre?

Y ahora, recordando la práctica del esfuerzo sabio, una invitación a abandonar amablemente cualquier estado mental que cause sufrimiento. Dejando ir cualquier estado mental difícil para dejar espacio para generar bondad en nuestra práctica. Generando bondad hacia el cuerpo, mirando las distintas partes de nuestra humanidad como si nos encontráramos con una buena amiga a la que tratamos con bondad.

Ahora, una invitación a descansar la mente en el área del corazón y a prepararnos para abrir el corazón revelando la bondad que ya está ahí para compartirla en todas direcciones: descorriendo el velo de la parte de enfrente del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte derecha del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte de atrás del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte izquierda del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte de abajo del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte de arriba del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección;

Descansando la mente en el corazón y en la bondad que envía en todas direcciones.

Y en los últimos momentos de la meditación, enviando agradecimiento por la oportunidad de practicar.

(3 campanadas)

CHARLA

Reflexionando sobre la práctica de los cuatro fundamentos del mindfulness, me di cuenta de que habíamos estudiado el primero, que es la respiración y el cuerpo, el segundo que son los “védanas” o tonos del sentir y el tercero, que son los estados mentales. Pero hay algunas cosas que ocurren entre un fundamento y el próximo y es que, entre la tonalidad del sentir, segundo fundamento, y los estados mentales, que es el tercer fundamento, hay una proliferación de emociones y pensamientos.

Una vez la experiencia externa a nuestro cuerpo y mente hace contacto con alguna de las puertas de los sentidos (ojos, nariz, oídos, sentido del gusto, piel o mente), hay un filtro, que se llama védana, que decide si la experiencia es agradable, desagradable o neutral. Si miramos con cuidado, vamos a ver que, justo después de ese contacto, comienzan a proliferar emociones y pensamientos acerca de la experiencia. En la tradición theravada del budismo a esto se le conoce como “papancha”. Y mientras más proliferan las emociones y los pensamientos acerca de una experiencia, más se nubla lo que en principio es una mente clara. A veces dejamos de ver la experiencia por lo que fue y nos perdemos en nuestra propia reacción a la experiencia.

Pongamos como ejemplo que está haciendo una reparación en su hogar y se lastima una mano con una herramienta. Hay una experiencia de dolor. El proceso es tan rápido que, al recibir el golpe, a lo mejor sale alguna palabra y se contraen la cara y el cuerpo, y a lo mejor empieza a decirse a usted misma, pero qué torpe fui. Mientras tanto, la mano sigue con dolor y le ponemos encima mucha aversión a la experiencia porque queremos que el dolor se vaya. El sistema nervioso ha evolucionado para protegernos, y por eso estos impulsos son tan rápidos. Eso es beneficioso. Sin embargo, si logramos calmarnos aunque sea un poquito, después de salirnos del área para no lastimarnos más, y prestamos atención plenamente a la mano lastimada, respirando compasivamente, nombrando las sensaciones (pulsación, hinchazón, contracción, moretón o cortadura), la experiencia es solo eso y no la proliferación de soy torpe, mira qué tonta, etcétera, que lo que hace es causar más sufrimiento.

Así que la práctica de nombrar tiene el beneficio de seguir el trayecto de la experiencia que estamos viviendo. Cuando estamos en el cojín, luego de establecer el punto de descanso en la realidad presente (respiración, sonidos de ambiente, una parte del cuerpo), comenzamos por el primer fundamento, el cuerpo y sus sensaciones. Y estas pueden corresponder a los elementos de los cuales está hecho el cuerpo humano: pesadez o liviandad, elemento tierra; humedad o resequedad, elemento agua; calor o frío, elemento fuego o temperatura; vibración, pulsación, elemento aire. Luego, miramos dónde percibimos ese filtro de “védana”: ese tono del sentir agradable o desagradable o ni una ni la otra, o sea, neutral. Este es el segundo fundamento del mindfulness. De ahí observamos si proliferan emociones o pensamientos: “Ay, mira qué chévere se siente esa brisa, qué agradable, eso tan cómodo, mañana voy a crear exactamente estas mismas condiciones”. Puede ser que sigamos por ahí y nos perdamos, o nos demos cuenta, ah, tono del sentir agradable y comenzaron a proliferar pensamientos de comodidad y por ahí ya iba mi mente a salirse fuera del cuerpo. Regresamos y comenzamos de nuevo. Volvemos al punto de descanso en la realidad presente o ancla, y seguimos… Observando las emociones y los pensamientos (ya vamos de camino al tercer fundamento, los estados mentales) y continuamos mirando cuál es el estado mental:

¿Cómo está la mente?
¿Hay aferramiento en la mente, o hay ausencia de aferramiento?
¿Hay mala voluntad en la mente, aversión u odio, o hay buena voluntad?
¿La mente está confundida o hay ausencia de confusión?
¿La mente está recolectada, recogida, o dispersa?
¿La mente está recogida o distraída?
¿Está quieta o inquieta?
¿Está esclavizada por algún estado de sufrimiento o es una mente libre?


Con la práctica de nombrar, es posible que veamos algunos de estos objetos de meditación (sensaciones corporales, tonos del sentir, emociones, pensamientos) sugir y desaparecer. Vemos su impermanencia, a veces se disuelven. Esto nos muestra dos de las características de la existencia, según el budismo de tradición theravada. Todas las experiencias son impermanentes y están vacías, lo que quiere decir es que no son sólidas, son como una nube.

Debajo de toda esta actividad, en el cuerpo, en los tonos del sentir, en las emociones, los pensamientos, los estados mentales, el darnos cuenta de que vienen y van, podemos continuar cultivando una actitud de bondad, de comprensión, ante la complejidad de la experiencia humana.

Por eso es buena idea recordar la bondad al principio de la meditación y practicarla al final. No solo porque la práctica nos enseña que es difícil ser humano, sino porque practicar bondad, además de que es fundamental en el mindfulness, nos recuerda que somos capaces de girar el timón de nuestra mente en una nueva dirección. Que si bien la mente es capaz de producir estados de sufrimiento, también es capaz de producir estados de liberación. Y la bondad, “metta” o benevolencia, es el principal. Comenzamos por ser bondadosas hacia nosotras mismas. Una y otra vez.

Una invitación a terminar con algunos segundos de la práctica de enviarnos bondad.

El jueves 27 de noviembre es feriado por el Día de Acción de Gracias, así que nos veremos el jueves, 4 de diciembre. ¡Muchas gracias por su práctica!

(3 campanas)

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