90 días: Madre eterna

Por Yaisha Vargas-Pérez / columna y poema publicados el domingo 13 de mayo de 2018 en el diario puertorriqueño El Nuevo Día

Florecen los robles, y mi mamá está por todas partes. La ternura sutil de su aura rosada brota en medio de la ciudad gris de alma rota. Allí, en las calles donde marchamos en mayo para levantar la voz sobre el sufrimiento del país, donde perseveramos porque queremos vivir con dignidad, o en el monte reverdecido donde descansa la mirada sudorosa de un agricultor —allí los robles pujan sus flores hacia la esperanza. Cuales madres, nos arrullan la vista y el corazón.

Mamá nació en abril, con los robles, hace 76 años. Era un oasis de amor para quienes estábamos a su alrededor. Su alma partió, aún siendo joven, con una florecida de robles en noviembre. De los robles, Mamá encarnaba la fortaleza callada, el alma de poeta, el cantar que vibra en las ramas; florecía tímida, pero florecía siempre. En medio del caos, de la crisis, del desasosiego, Mamá sí mostraba sus lágrimas y dolor, pero buscaba la manera de retollar en carcajadas. De ella aprendí que las flores son las risas de la naturaleza.

Recuperé el sentimiento del gran amor de mi mamá, quien para mí se fue antes de tiempo, tras un duelo prolongado y profundo. Volví a estar en contacto con quienes la conocieron y me cuentan cuánto nos amaba a sus hijas. Las enseñanzas espirituales de Robert Brumet, Jack Kornfield y Thich Nhat Hanh me guiaron a desarrollar mi maternidad interior. Aprendí a permitir que se creara un oasis en mí. Cada respiración, una gota de agua; cada sonrisa, el brotar de una flor. Cuando aprendí a meditar con estructura, pero también con ternura, cada respiración comenzó a tocar con suavidad mi corazón. Cada inhalación comenzó a nutrir la Presencia Sutil de mi espíritu, una fortaleza impresionante al momento de sobrellevar el dolor. Honro a Mamá con la poesía que sigue siendo su alma viva en mí… y en los robles.

A Carmen Rosa Pérez Oquendo

(1948-1994)

Los robles te miran

embarazada.

Sale un cocuyo

de tu morada

rosa solar.

Te besan antulios

en la maleza;

sienten tu pecho

enamorado

del manantial.

Nace tu vientre

en la penumbra

de tus caderas

sientes tus aves

van a volar.

Ámame entonces,

madre querida,

cuando me pares

gritando música

tan celestial.

Siémbrame en ascuas;

de tus pezones

voy a lactar

la savia dulce

de tu ternura

angelical.

Te amo, madre,

en tus setenta

primaveral.

Deja la brisa

nos corte el hilo

umbilical.

¿Notas qué quieta

está la pradera

y se oye cantar

la reina mora

que nos contempla

en el guayabal?

Madre de ausubo,

rica montaña

de arena y cal;

ya me deslizo

hacia la vida

para cantar:

Que me has parido

hacia una vida

de Eternidad.

foto mami en el senior prom de mi hermana

Mamá
Pintura por Samadhi Yaisha ©2012 Témpera sobre papel

foto madre eterna

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