Planeta de flores ❦

©2012 Todos los derechos reservados.

Si fuéramos un planeta de flores

Rosa con espina en mano
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que alguien mira en la distancia,

quizás diría:

“Hay allí un punto de polvo cósmico

una mota que gira

alrededor de un sol ordinario.

Se levantan y se mueren flores

todos los días”.

“Qué triste”, diría el poeta

“Que se maten a sí mismas,

que se arranquen el pistilo

que les regala la vida.

Lo único que verdaderamente poseen

y ni siquiera es suyo.

Se levantan y derrumban

brotan de la tierra y pisan

regresan al polvo derrotadas.

En ese jardín cósmico

parece que no hay esperanza”.

Pero entonces se levanta una rosa

y espina en mano,

con su hoja levantada, grita:

“¡Que no me muero!

¡Que no me derrumban

el aza del jardinero

ni los tanques de guerras sucias!

¡Yo sigo aquí floreciendo

Se me caen las hojas, y me abonan,

se deshojan pétalos que me nutren.

¡Mis desgracias son mis veinte veinte!

¡Yo sigo aquí tras el invierno que agobia!

Parece que me duermo, pero no,

la primavera me arroba

de esperanza;

me crece, me yergue, me entrona.

Me abraza.

Le digo al jardin temeroso

que vierte su mirada en el silencio

y se gira horrorizado

ante el arma del hambriento

de amor.

No se desahucien de aliento,

no se roben la esperanza pensando

cómo se adormecerán mañana

si es que hay mañana.

Miren la violencia de frente

y resurjan desde la desgracia.

Que mientras la ignoramos

sigue creciendo.

Que somos buenas la mayoría

¿por qué huímos y nos escondemos?

Enseñémosle a la hiedra a florecer

y no tendrá que matarnos.

Eso es lo que ella quiere,

saberse querida.

Saberse flor, como nosotras.

Para eso, no tiene que matarnos.

No somos impotentes,

reguemos la fragancia

donde haga falta belleza.

Sembremos un pétalo de optimismo,

para que la espina de la crítica

no regrese como balas.

Dejemos de permitir los monstruos

de enredaderas

que se multiplican porque los ignoramos.

Comencemos a amarlos para que se curen.

El veneno es amor invertido,

es amor no terminado.

En veneno se convierten las flores truncadas.

Mi hojas muertas me abonan

pero la Tierra es escasa.

Amemos todo su espacio,

con todo y la hiedra.

Así sobreviviremos

y viviremos.

Y el poeta se mece

a la sombre de un mediodía

que ya no parece fatídico.

Un planeta de flores

que decide amar sus venenos.

Parece un descabellado final.

Quizás un experimento posible.

Quizás porque la mayoría

son buenas,

y no le temen a sus propias espinas.

©2012 Todos los derechos reservados.

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3 Comments

  1. Samadhi he leído tu poesía, y me ha gustado, como todo. Pero, siempre hay un pero, jajajaja, la hiedra, esas enredaderas para mi hermosas, de hecho tengo un tatuaje de ellas, tienen un bello significado tambien de vida, de siempre crecer!!! aunque las cortes por un lado, siempre salen por otro, siempre buscando salir a flote, lo que te queria decir que ellas, las hiedras no matan a ninguna planta, igual estamos hablando de diferentes plantas.
    Si no te lo digo no seria sincera conmigo misma y tendría luego un reconcomio y me sentiria fatal.
    y le daria vueltas y vueltas como suelo hacer, pero que tu me estas ayudando con tus escritos de vida, reales-no reales y con tus poesias. Un abrazo.

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