Meditación guiada y charla: Brahmaviharas, parte 4: “Uppekha” o Ecuanimidad

Por Yaisha Vargas-Pérez

Para escuchar la grabación de la meditación y charla, por favor, ve a este enlace:


https://youtu.be/1X6-mFXrh-Q


INTRODUCCIÓN


Hace varios años, en 2018, visitó Puerto Rico una monja budista de la tradición japonesa zen soto llamada Valorie Beer, maestra del Centro Zen Soto de Puerto Rico, que dirige la maestra Sandra Laureano. Y Valorie Beer compartió un valioso ejercicio de ecuanimidad y yo pedí permiso para compartirlo también.

El ejercicio consiste en que el practicante visualice que está sentada en una playa y ve las olas del mar ir y venir.

La ola del mar que llega representa las circunstancias que llegan a nuestras vidas y no podemos evitar que se presenten: enfermedad, muerte de un familiar, envejecimiento, por ejemplo.

La ola del mar que se va representa las circunstancias que cambian o se van de nuestras vida y a veces no podemos evitar ese cambio: la salud que teníamos, la vida de un familiar o amigue que amamos mucho y la juventud.

La ecuanimidad consiste en mantenernos en la orilla de la playa observando las experiencias sin aferrarnos a ella y sin empujarlas.

Te invito a esta práctica de ecuanimidad.

Que sea para beneficio de todes les seres.

Que todos los seres sean felices.
Que todos los seres estén seguros.
Que todos los seres tengan salud.
Y que todos los seres tengan paz.

Con bondad,

Yaisha


MEDITACIÓN GUIADA

Una invitación a tomar varias respiraciones profundas, como una transición del ruido al silencio.

Asumiendo una postura que sea cómoda para tu cuerpo, pero que también te permita permanecer despierta.

Ahora, una invitación a establecer un ancla o punto de descanso en la realidad presente: puede ser la respiración, los sonidos de ambiente o alguna parte del cuerpo que se sienta estable.

Puedes regresar a este punto de descanso en cualquier momento de la meditación que lo necesites.

Ahora, una invitación a traer a tu mente algo que te inspire ternura y bondad. Puede ser una mascota, un ser humano, algún ser de la naturaleza. ¿Dónde sientes esta ternura? ¿Puedes expandirla a lo largo de tu cuerpo?

Puedes hacer un body scan, un escaneo corporal, llevando un sentido de ternura a distintas partes, comenzando por el área de la cabeza, el cuello, los hombros, la espalda, los brazos, las manos, el pecho, el abdomen, la parte baja del abdomen, las piernas, los pies…

Enviando bondad a todo el cuerpo.

Ahora, una invitación a llevar a bondad al espacio de ti donde sientes tus emociones. ¿Puedes acoger al espacio donde habitan tus emociones con bondad?

Si hay alguna emoción de sufrimiento, ¿la puedes mirar de manera compasiva, como si consolaras a alguien que quieres mucho?

Es normal que la bondad se convierta en compasión si hay sufrimiento. Acógete de manera compasiva, si lo necesitas, con la misma ternura con que acogerías a un ser que amas y que está sufriendo.

Si sientes dolor en alguna parte de tu cuerpo, envíale bondad y compasión, igual que lo harías con alguien que amas mucho y siente dolor.

Expandiendo la bondad y la compasión hacia tu cuerpo y tu parte emocional.

Ahora, una invitación a observar si hay alguna parte de ti que está más en calma, que está más tranquila.

Una invitación a expandir esa tranquilidad y esa calma por todo el cuerpo. Llevando calma al área de la cabeza, a la garganta, al pecho, al abdomen, al resto del cuerpo. Expandiendo la tranquilidad y la calma. Permitiendo que la energía de la mente que había estado dispersa se recolecte, se asiente.

Permitiendo que esa calma se transforme en equilibrio, en ecuanimidad.

Ahora, una invitación a enviar ecuanimidad y sabiduría a todos los seres, para que puedan desarrollar equilibrio aún en medio de su sufrimiento.

Abriendo nuestro corazón…

Descorriendo el velo de la parte de enfrente del corazón, permitiendo que la sabiduría de la ecuanimidad irradie a todes les seres en esa dirección.

Descorriendo el velo del lado derecho del corazón, permitiendo que la sabiduría de la ecuanimidad irradie a todes les seres en esa dirección.

Descorriendo el velo de la parte de atrás del corazón, permitiendo que la sabiduría de la ecuanimidad irradie a todes les seres en esa dirección.

Descorriendo el velo del lado izquierdo del corazón, permitiendo que la sabiduría de la ecuanimidad irradie a todes les seres en esa dirección.

Descorriendo el velo de la parte de abajo del corazón, permitiendo que la sabiduría de la ecuanimidad irradie a todes les seres en esa dirección.

Descorriendo el velo de la parte de arriba del corazón, permitiendo que la sabiduría de la ecuanimidad irradie a todes les seres en esa dirección.

Que todos los seres puedan desarrollar sabiduría, fortaleza y equilibrio para poder lidiar con su sufrimiento.

Que todos los seres sean felices.
Que todos los seres estén seguros.
Que todos los seres tengan salud.
Y que todos los seres tengan paz.


CHARLA COMPLETA


Hace varios años, en 2018, visitó Puerto Rico una monja budista de la tradición japonesa zen soto llamada Valorie Beer, maestra del Centro Zen Soto de Puerto Rico, que dirige la maestra Sandra Laureano. Y Valorie Beer compartió un valioso ejercicio de ecuanimidad y yo pedí permiso para compartirlo también.

El ejercicio consiste en que el practicante visualice que está sentada en una playa y ve las olas del mar ir y venir.

La ola del mar que llega representa las circunstancias que llegan a nuestras vidas y no podemos evitar que se presenten: enfermedad, muerte de un familiar, envejecimiento, por ejemplo.

La ola del mar que se va representa las circunstancias que cambian o se van de nuestras vida y a veces no podemos evitar ese cambio: la salud que teníamos, la vida de un familiar o amigue que amamos mucho y la juventud.

La ecuanimidad consiste en mantenernos en la orilla de la playa observando las experiencias sin aferrarnos a ella y sin empujarlas.

Fíjense que estas son las tres cosas que impactan al príncipe Siddharta Gautauma antes de convertirse en un ser despierto o un Buda. Tras haber crecido en un palacio durante 29 años, y por órdenes de su padre, resguardado de cualquier cosa que lo hiciera estar en contacto con el sufrimiento humano, cuando Siddharta sale del palacio por primera vez, se topa con que la realidad humana de la cual había sido sobreprotegido incluía las condiciones de que el cuerpo enferma, envejece y muere. Fue las personas que vio fuera del palacio. Porque dentro del palacio su papá se había asegurado de cambiar a los sirvientes que estuvieran envejeciendo o estuvieran enfermos, de cambiar las flores que se estuvieran marchitando. Imagínese crecer así y un día, a los 29 años, sale del palacio y se topa con una persona enferma, con una persona vieja y con una persona muerta. ¿Y a ese, qué le pasó?, preguntaba el príncipe Siddarta a su cochero. Y el cochero le decía: está enfermo, ha envejecido, ha fallecido… ¿Y cómo la gente puede andar tan tranquila por el mundo sabiendo que este es nuestro destino? Y entonces ve a un asceta, una persona dedicada a buscar la iluminación, cómo salir del sufrimiento, y decide que él también quería buscar el camino más allá del sufrimiento.

Y tras descubrir ese camino que lleva al fin del sufrimiento, comienza a enseñar las Cuatro Nobles Verdades y el Noble Óctuple Sendero, al final del cual está la enseñanza de la ecuanimidad. La ecuanimidad también está al final de esta lista que hemos estudiado en las pasadas semanas de los cuatro brahmaviharas o cuatro enseñanzas que abren nuestro corazón para poder amar de manera bondadosa, compasiva, alegre, ecuánime y sabia.

O sea, que la ecuanimidad es importante para las enseñanzas budistas de tradición theravada o vipassana.

Gil Fronsdal, académico budista, explica que la ecuanimidad también nos protege de los ocho vientos mundanos o aquellas cosas que pueden ocurrirnos que, si no estamos pendientes, nos sacan de nuestro centro, ya sea hacia arriba o hacia abajo:

halagos o culpa
éxito o fracaso
placer o dolor
fama o mala reputación

Dice Fronsdal: «Por ejemplo, el éxito puede ser maravilloso, pero si nos lleva a la arrogancia, tenemos más que perder cuando haya desafíos futuros. Participar profundamente de los elogios puede conducir a la vanidad. Al identificarnos con el fracaso, podemos sentirnos incompetentes o inadecuados. Reaccionar (con aversión) ante el dolor puede desalentarnos. Si comprendemos o sentimos que nuestro bienestar interno no depende de los ocho vientos mundanos, es más probable que mantengamos la calma en medio de ellos». (Traducción de la autora de este ensayo).

No es que no reciba un elogio, es que no le lleve a sentirse superior y a pensar que los demás valen que usted. No es que malo sentir placer, es no engancharnos de manera que suframos si la circunstancia que nos dio placer no está. La semana pasada aprendimos a practicar la alegría no mundana generando ese gozo en nuestro interior, etcétera.

Es estar consciente: Esto también pasará, ya sea lo difícil que nos ocurre y lo bueno que nos ocurre y practicar un equilibrio mental y emocional que nos fortalezca para que las circunstancias no nos azoten como una tormenta a un barco velero.

Fronsdal también menciona que una manera de cultivar la ecuanimidad es cultivar cualidades que apoyan la ecuanimidad. Y hay siete:

1. Integridad – Al actuar con integridad, sentimos confianza por nuestras acciones y palabras. Solo revise cómo se siente cuando se come la luz roja del semáforo, aunque no venga nadie, aunque no venga el policía. ¿Abona a su equilibrio mental o no? Tal vez la contestación sea “depende”: si es medianoche o es a mediodía, tal vez la respuesta cambia. Y en el budismo theravada, las prácticas no son dogmas ni mandamientos. Son prácticas y hacemos lo mejor que podemos, observando cómo nuestros pensamientos, palabras o acciones nos llevan a sufrir o a dejar de sufrir. Actuar con integridad conmigo misma, en mi propia relación conmigo misma.

2. Fe o confianza – confianza de que podemos practicar. Que podemos estar unos minutos regresando al ancla de la respiración o regresando al ancla de los sonidos de ambiente. Que cuando llegue alguna circunstancia difícil, podemos practicar para apoyar nuestra salud mental y emocional.

3. Desarrollar estabilidad mental – parece ser una continuación de la anterior. Si tengo la confianza en que puedo practicar, entonces escoger la posibilidad de practicar con regularidad para cultivar fortaleza mental, equilibrio mental, estabilidad mental, calma, concentración, atención plena.

4. Un sentido de bienestar – en vez de dejarle esto al destino, practicamos bienestar. Cuando tenemos la oportunidad de admirar el atardecer o disfrutar de una taza de té, aprovechamos ese momento para llenarnos el tanque de bienestar, de un momento bonito.

5. Comprensión o sabiduría – Observar si, cuando ocurre algo en nuestras vidas, nuestra mente se contrae o hay aversión presente. Podemos ver si estamos reaccionando desde el no ver con claridad y nos arrastra la reacción o podemos desprendernos con sabiduría de las acciones de otra persona y decidir, pese a que esta persona no está actuando con integridad, yo sí escojo actuar con integridad, y mi ecuanimidad depende de mis propias acciones. También notamos cuando la ecuanimidad no está presente, está ausente. Observamos que tal vez estamos sufriendo. Volvemos a la compasión. Y esa observación misma tiene el potencial de llevarnos de nuevo a un estado de más calma o equilibrio.

6. Ver con claridad – Una de las cosas que vemos con claridad es la naturaleza cambiante de todas las cosas. La impermanencia. Cuando miramos con profundidad, nos damos cuenta de que no nos podemos aferrar a nada. Al comprender esto, siendo compasivos con nosotres mismos, la mente eventualmente aprende a dejar ir el aferramiento. No es que no nos importe. Es que nos importa, pero no sufrimos. Sí actuamos para que el mundo sea más justo, pero actuamos sin quemarnos.

7. Libertad o liberación – La libertad de escoger cómo vamos a responder. Si dejamos ir las tendencias a reaccionar, podemos encontrar un espacio desde el cual respondemos a las circunstancias con más sabiduría.

Podemos practicar la ecuanimidad de estas dos maneras, observando la vida como observamos las olas del mar: sin aferrarnos a lo que se va y sin rechazar lo que llega (actuando con sabiduría, claro está) o cultivando aquellas cualidades que nos llevan a tener una mente y corazón más equilibrados.

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