Meditación guiada y charla: Unificación sabia, parte 3

Unificarnos con la naturaleza no es una capacidad especial, es una capacidad humana.

Para practicar la meditación con un video, ve a este enlace:



INTRODUCCIÓN

Aprendí bien pronto a conocer mejor esta flor. —Antoine De Saint-Exupéry en “El principito”

“El principito” aprendió a escuchar a una rosa. Yo aprendí a escuchar a les árboles, y les cuento que no fue muy difícil.

Cuando empecé en mi camino de meditación, hace más de 20 años, aprendí una meditación que invitaba a hacer amistad con un árbol. Algunas veces meditaba cerca de los árboles. Sentía que estar entre ellos era distinto a no tener árboles cerca, pero no sabía por qué.


Hace cuatro años empecé mi formación como capellana ecológica. Fue un curso de 18 meses que empezó con la asignación de tener un “sit spot” en la naturaleza, un lugar al cual regresar para escuchar profundamente a la Tierra y recibir guía de cuáles serían los próximos pasos para ayudar a aliviar el sufrimiento por la crisis climática.

Durante los próximos meses, se abrió un mundo dentro de mí. Al regresar una y otra vez al mismo lugar, pude entender en mis tripas que los árboles de guanacaste con los que me relacionada eran verdaderamente una familia y también proporcionaban cobijo a otras plantas arrimadas a sus troncos y raíces. Ya conocía la red de micelios mediante la cual les árboles se comunican y se pasan alimentos, pero comencé a sentir también el ecosistema entretejido: los pájaros, las arañas, los insectos que entendemos como “plagas”, la hojarasca como alimento vital. Todo estaba vivo.

Un día, una diminuta araña se trepó en uno de mis tenis y empezó a mirarme con curiosidad. La miré también y sentí en mi barriga la sensación de que aquel ser pequeñísime quería explorar quién yo era para ser mi amigue. Aquel intercambio de miradas me hizo sentirme parte del bosque.

La próxima vez que regresé, me quedé muy quieta. Intuitivamente, abrí mis sentidos para escuchar al bosque más allá del análisis botánico y ecológico que con frecuencia discurría por mi cabeza. Mi mente y cuerpo se calmaron y se sintonizaron con lo que ocurría allí. El proceso de meditación comenzó a ser más profundo y poderoso, como si los árboles, la naturaleza y la tierra misma lo estuviesen sosteniendo. Comencé a tener ideas nuevas para resolver mis problemas. Eso ocurría cuando estaba cerca de los árboles. Era como si me hablaran, mediante un susurro que escuchaba dentro de mí o con alguna idea que brotaba en mi barriga.

Por la noche, cuando me iba a meditar a mi cuarto, tenía la sensación de que los árboles que estaban fuera de mi ventana estaban más cerca que antes y que todos los grillos y coquíes que se hospedaban allí cantaban desde adentro de mi casa. Pero ese no era el único sonido. Había “algo” que zumbaba como trasfondo a la naturaleza que hablaba. Fue cuando comencé a escuchar el zumbido de las cosas vivas.

Te invito a esta etapa final del Noble Óctuple Sendero adaptado a la ecología, la Unificación Sabia; la comprensión de nuestra unificación con la naturaleza.

Que sea de beneficio para tu práctica.

Con bondad,

Yaisha


MEDITACIÓN

Esta es una propuesta de practicar la escucha profunda del cuerpo, asentando la atención en los tejidos profundos del cuerpo. Si escuchar profundamente no funciona para ti hoy, te invito a utilizar la respiración o el anclar la atención en alguna parte del cuerpo con bondad.

Una invitación a tomar varias respiraciones profundas como una transición del ruido al silencio.

Encuentra tu espacio de meditación. Que el cuerpo tenga suficiente estructura para mantenerse despierto y el abdomen esté suave para que el interior del cuerpo se suavice. Estructura con ternura. Si te ayuda, puedes cerrar los ojos.

Te invito también a generar la intención de hacer espacio para la concentración o unificación.

Ahora, una invitación a escuchar los sonidos de ambiente. Escuchar sin tratar de poner mucho esfuerzo para descifrar lo que es que hace sonido, sino escuchar sin el ruido mental del análisis, escuchar tal vez con el torso, con la piel. Si la mente se distrae, comienza de nuevo.

Ahora vamos a pasar de escuchar los sonidos de ambiente a escuchar al cuerpo, y esta es una invitación para escuchar al cuerpo de manera bondadosa, compasiva, empática; como si escucháramos a una amiga o amigo que queremos mucho y queremos que esté bien.

Una invitación prestar atención al área de tu cabeza, escuchando profundamente lo que ocurre en esta parte del cuerpo: las sensaciones corporales, tanto en el cuero cabelludo como dentro de la cabeza, la quijada, el cuello. Tal vez surja la necesidad de dejar ir el estrés. Puedes hacerlo con la exhalación, si eso te ayuda.

Ahora, escuchando el área de la espalda: la piel, los tejidos, la columna, los órganos.

Escuchando los brazos: piel, músculos, huesos. Escuchando debajo de los brazos. Escuchando las manos.

Ahora, una invitación a prestar atención al área del pecho. Escuchando al corazón, a los pulmones; escuchando la respiración…

Y en el abdomen, escuchando la piel, los órganos y el tejido blando. Escuchando al cuerpo. Escuchando la parte baja del abdomen.

Escuchando el área de las piernas: piel, músculos, huesos, coyunturas.

Escuchando los pies: piel, planta del pie, parte de arriba del pie, dedos de los pies.

Ahora, si ha surgido alguna sensación de bienestar después de escuchar al cuerpo, permítete disfrutar de ese bienestar.

Ahora, una invitación a escuchar a tus emociones. Sin enredarte en alguna historia, simplemente escuchando cómo esas emociones se pueden sentir en el cuerpo. Recuerda tener presente la bondad.

Ahora, escuchando a tu mente, de nuevo, sin enredarte en alguna historia, simplemente escuchando cómo los pensamientos y los estados mentales pueden sentirse en el cuerpo. Llevando bondad a las formaciones mentales.

Suavizando los músculos que se ponen tensos cuando estás pensando. Invitándolos a que dejen ir el estrés. Con mucha suavidad.

Dejando ir cualquier estado mental difícil. Dejándolo ir. Dejándolo ir.

A medida que sigues escuchando tu cuerpo, tal vez la mente se va aclarando, tal vez comiences a ver que la mente se recoge, se recolecta, tal vez hay alguna sensación placentera o de alegría por esto. Tal vez sientas más tranquilidad, paz, serenidad. Tal vez la mente se recoja. Después de un rato, tal vez la mente esté más equilibrada. Tal vez la energía de tu ser se unifica como si varias corrientes de agua transcurrieran por varias partes de tu cuerpo y se unieran en el centro de tu torso.

Ahora, una invitación a descansar la mente en el área del corazón y a prepararnos para abrir el corazón revelando la bondad que ya está ahí para compartirla en todas direcciones: descorriendo el velo de la parte de enfrente del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte derecha del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte de atrás del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte izquierda del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte de abajo del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte de arriba del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección;

Descansando la mente en el corazón y en la bondad que envía en todas direcciones.

Este estado de energía de bondad acumulada, es un estado de concentración.

Y en los últimos momentos de la meditación, enviando agradecimiento por la oportunidad de practicar.

(3 campanadas)



CHARLA

Párrafos del libro “Pasos hacia la liberación” de Gil Fronsdal, páginas 91 y 92


La unificación de la mente que llega con la concentración se refleja en la manera en que diferentes factores que entran en juego con ella empiezan a trabajar juntos para favorecer aún una mayor concentración. La relajación y la plenitud generan un circuito de retroalimentación así: la concentración y la unificación relajan el cuerpo, y el cuerpo relajado favorece una mayor concentración. La concentración calma e ilumina la mente, y esta nueva calma y luminosidad agudizan aún más la concentración. Y cuando la concentración evoca la alegría del éxtasis, esta alegría proporciona un incentivo para profundizar aún más en la concentración y la quietud.

Cultivar la concentración requiere paciencia y práctica constante. Para la mayoría de las personas, la concentración se desarrolla lentamente, tal vez incluso de manera imperceptible, con la práctica diaria de la meditación. Puede ser útil asumir que solo el veinticinco por ciento del desarrollo de la concentración resulta del esfuerzo intencional de permanecer presente y concentrado; otro veinticinco por ciento proviene de la práctica de una actitud de ecuanimidad y receptividad, y un cincuenta por ciento del total de la práctica de concentración consiste en soltar y relajarse.

Todo ejercicio de meditación desarrolla la concentración. En algunas prácticas, ese es su propósito principal, mientras que en otras la concentración es un subproducto. Una de las formas más comunes de desarrollar la concentración al meditar es enfocarse en la respiración. Otra aproximación es el ejercicio del amor bondadoso, en el cual uno se concentra en alguno de estos tres aspectos : en las intenciones de amor bondadoso hacia nosotros mismos y hacia los demás, en la repetición de las frases que conforman esta práctica, o en los sentimientos que nos produce el realizarla. Otra forma de desarrollar una mente concentrada, tranquila y sin distracciones puede ser enfocarse en la naturaleza cambiante de la experiencia del momento presente, sin enfatizar ningún objeto en particular.

La concentración en la meditación no es como un foco láser lanzado desde la ‘torre de control’ de la mente. Más bien, es algo que cultivamos al enfocar física y mentalmente nuestra atención en el objeto de concentración con verdadera intimidad. Esto requiere dejar ir los pensamientos que nos distraen en lugar de intentar eliminarlos por la fuerza. Para lograrlo, es útil calmar cualquiera sea la energía mental que está involucrada detrás de cada pensamiento. Establecer una intención firme pero apacible de permanecer concentrado también es beneficioso. Equilibrar esta intención con el dejarse llevar dentro del objeto de concentración también es útil.

Es preferible no concentrarse usando la fuerza bruta mental. En su lugar, podemos emplear nuestro discernimiento para descubrir cómo mantenernos concentrados de manera comprometida pero relajada. Podemos desarrollar sabiduría sobre los obstáculos a la concentración y otras fuerzas que nos distraen. En vez de utilizar tácticas inútiles como la aversión o la resistencia ante las distracciones, podemos aprender estrategias más eficaces para superarlas, lo cual nos conducirá a una mayor tranquilidad y unificación.

También es beneficioso explorar cómo disfrutar de la práctica. La concentración no solo puede traer alegría, sino también tranquilidad y paz, a veces en un grado mayor del que se suele experimentar en la vida cotidiana. Incluso una pequeña dosis de alegría y paz meditativa puede ser útil para fomentar una mayor concentración.

Una mente concentrada es una mente serena, luminosa y consciente.

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