MEDITACIÓN Y CHARLA — MINDFULNESS Y SABIDURÍA, PARTE 5
Para practicar la meditación con un video, ve a este enlace:
https://youtu.be/CQ0aPdeWrzs
INTRODUCCIÓN
Los obstáculos que nos hacen crecer. Si mi meditación hubiese sido un camino de rosas desde el principio, creo que no hubiese llegado tan lejos en la práctica. Me hubiese sentido complacida con tener un poco de «bliss» todos los días y no hubiese hecho mucho más. Creo que así fueron mis primeros años. Llegué muy rápido a un estado de concentración, pero no había madurado en otras áreas, así que surgió en mí el sentido de «entitlement», de «yo merezco y tengo derecho a», sentirme en «bliss» en cada sesión de meditación.
Menos mal por el sufrimiento. Fueron los duelos, las pérdidas, los abismos de dolor, el mirar que había un paisaje árido y oscuro en mí —a veces un océano agitado, nocturno y peligroso— lo que me desafió a encontrar quietud en medio de lo que parecía imposible. Empecé a meditar en una tradición nueva, el budismo de tradición theravada (de donde surge el mindfulness secular popularizado por el Dr. John Kabat-Zinn). Esta filosofía pudo explicarme el origen del sufrimiento y mostrarme el camino hacia el fin del sufrimiento.
El mindfulness secular se enfoca en reposar la atención sobre las sensaciones del cuerpo, lo que perciben los sentidos, las emociones y los pensamientos. Esto tiene su origen en un discurso conocido como el Satipatthana Sutta, o Discurso de los Cuatro Fundamentos (o Establecimientos) del Mindfulness. “Sati” significa mindfulness en idioma “pali”, lengua en que fueron transmitidas las primeras enseñanzas. “Patthana” significa fundamento o establecimiento. Un “lugar” o “espacio” donde establecemos nuestra atención. “Sutta” significa discurso.
El cuarto fundamento, “Mindfulness de los dhammas”, explica aquellos obstáculos que pueden ocurrir durante la meditación y los factores que nos llevan a despertar del sufrimiento. Los obstáculos son cinco: aferramiento, aversión u odio, adormecimiento, agitación y duda. Menos mal que los han explicado desde hace 2,600 años. Si son parte de un “sutta”, eso significa que le han ocurrido a los meditadores de esta tradición desde entonces. ¡Qué alivio! ¡No significa que soy una mala meditadora! ¡Esto es parte del proceso!
Aquí hay un enlace a una traducción del pali al inglés del Satipatthana Sutta, por el académico Gil Fronsdal: https://www.insightmeditationcenter.org/wp-content/uploads/2022/02/Discourse-on-the-Foundations-for-Mindfulness.pdf
En esta grabación explicó cómo podemos entender y manejar los cinco obstáculos en nuestra meditación. A veces trabajar con ellos ha abierto en mí caminos hacia la liberación. De ser piedras en el camino, se convierten en peldaños.
¿Qué tiene que ver esto con la ecología? En los obstáculos están entretejidas las tres raíces del sufrimiento causado por la mente humana, que son el origen de la crisis climática: la codicia (aferramiento), el odio (aversión) y la ignorancia (confusión). Mirarlos significa también mirar estas tendencias en nuestra mente y trabajar para superarlas.
Que sea de apoyo para tu práctica.
Con bondad,
Yaisha
MEDITACIÓN
(campanada)
Encuentra tu espacio de meditación. Que el cuerpo tenga estructura suficiente estructura para mantenerse despierta y el abdomen suave para que el interior del cuerpo se suavice. Estructura con ternura.
Una invitación a tomar varias respiraciones profundas como una transición del ruido al silencio.
Observa dónde es más fácil que la mente descanse en la realidad presente: ¿en la respiración, en los sonidos de ambiente o en alguna parte del cuerpo que se sienta cómoda, como las manos o los pies? En cualquier momento de la meditación, puedes regresar a tu ancla y volver a comenzar.
Ahora, una invitación a hacer un escaneo corporal para reconocer que el cuerpo está aquí. Prestando atención al área de la cabeza, los hombros, espalda, brazos, manos, pecho, abdomen, parte baja del abdomen, piernas y pies.
Ahora, una invitación a mirar estas partes del cuerpo de manera bondadosa. Si te ayuda, puedes respirarlas con bondad: respirando en la cabeza con bondad, en los hombros, espalda, brazos, manos, pecho, abdomen, parte baja del abdomen, piernas y pies. Recordando esta mirada bondadosa a lo largo del resto de la meditación.
Ahora, una invitación a explorar las sensaciones en el cuerpo: tal vez calor o frío, humedad, o resequedad, pesadez o liviandad, vibración o pulsación. O tal vez alguna otra sensación. Enviando bondad a las sensaciones del cuerpo. Si lo necesitas, ve regresando al punto de descanso en la realidad presente.
Ahora, una invitación a explorar el tono del sentir (“védana”). ¿Acaso hay sensaciones agradables desagradables o neutrales? Simplemente observa cómo recibes las experiencias y regresa al punto de descanso en la realidad presente. Recuerda que, como apoyo a tu práctica, está la bondad.
Ahora, observando las emociones. Tal vez puedas ver si de la tonalidad del sentir comienzan a surgir emociones, o pensamientos. ¿Es esto agradable o desagradable? ¿Ves que la experiencia pasa o se enreda más? Simplemente observa. Recuerda, que debajo de todo esto, has ido cultivando bondad.
Si lo necesitas, regresa al punto de descanso en la realidad presente.
O a lo mejor puedes nombrar alguna emoción presente: ansiedad, tristeza, sosiego, tranquilidad, agitación, aburrimiento o cualquier otra.
¿Puedes tratarte con bondad mientras observas tu experiencia emocional?
Y ahora, observando los pensamientos, puede ser que nombres: opinión, charla mental, juicio, crítica, recuerdo, planificación, etcétera.
¿Puedes tratarte con bondad mientras observas tu experiencia mental?
Ahora, una invitación a observar si hay obstáculos en la mente.
¿La mente se aferra a algo? ¿A alguna emoción placentera, a algún pensamiento de algo que te gusta mucho?
¿La mente tiene aversión contra algo? ¿Tal vez se obsesiona con que algún pensamiento o emoción no esté presente? ¿Tal vez quiera que alguna sensación corporal incómoda no esté presente?
¿O a lo mejor hay adormecimiento, aburrimiento
¿O agitación, ansiedad?
¿O duda? Puede ser en la forma de: no quiero hacer esta práctica, qué hago aquí, no me gusta la facilitadora, debería irme… etcétera?
Si hay alguno de estos obstáculos presentes —aferramiento, aversión, adormecimiento, agitación o duda—, te invito a practicar, ponerlo a flotar frente a un charquito de agua frente a ti. Obsérvalo flotar como si fuera algún objeto que flota sobre una corriente de agua que pasa. Si puedes, regresa al punto de descanso en la realidad presente que escogiste al principio.
Ahora, revisa si hay algún otro obstáculo y haz el mismo ejercicio. Si no funciona, observa si puedes desenredarlo de ti, desamarrar el obstáculo y dejarlo caer suavemente, sin tirarlo. Y regresa al punto de descanso en la realidad presente.
Regresa a la práctica de la bondad.
Y ahora, recordandeo la práctica del esfuerzo sabio, una invitación a abandonar amablemente cualquier estado mental que cause sufrimiento. Dejando ir cualquier estado mental difícil para dejar espacio para generar bondad en nuestra práctica. Generando bondad hacia el cuerpo, mirando las distintas partes de nuestra humanidad como si nos encontráramos con una buena amiga a la que tratamos con bondad.
Ahora, una invitación a descansar la mente en el área del corazón y a prepararnos para abrir el corazón revelando la bondad que ya está ahí para compartirla en todas direcciones: descorriendo el velo de la parte de enfrente del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte derecha del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte de atrás del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte izquierda del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte de abajo del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección; descorriendo el velo de la parte de arriba del corazón, dejando brillar la luz de la bondad hacia todos los seres en esa dirección;
Descansando la mente en el corazón y en la bondad que envía en todas direcciones.
Y en los últimos momentos de la meditación, enviando agradecimiento por la oportunidad de practicar.
(3 campanadas)
CHARLA
En la última sesión, hablamos de la importancia de nombrar las experiencias para ver que llegan y se van. Si usted está en su práctica de meditación y de cada ciertos minutos se pregunta: «¿Y ahora, que está ocurriendo en mí?», probablemente se dé cuenta de que la experiencia ha cambiado. Esta es la evidencia de que todas las experiencias son impermanentes.
En esa última sesión, exploramos los estados mentales, el tercer fundamento del mindfulness o del sutta Satipatthana, con las siguientes preguntas:
¿Cómo está la mente?
¿Hay aferramiento en la mente, o hay ausencia de aferramiento?
¿Hay mala voluntad en la mente, aversión u odio, o hay buena voluntad?
¿La mente está recolectada, recogida, o dispersa?
¿La mente está recogida o distraída?
¿Está quieta o inquieta?
¿Está esclavizada por algún estado de sufrimiento o es una mente libre?
Ahora entramos en el cuarto fundamento del mindfulness según el discurso de los cuatro fundamentos o establecimientos del mindfulness: los procesos mentales. Ya vimos los estados mentales. También hay unos procesos mentales o «dhammas», en idioma pali, que pueden ir en la dirección de obstaculizar la liberación de nuestro sufrimiento mental o emocional o llevarnos a la liberación del sufrimiento mental o emocional.
En esta sesión, estudiamos aquellos que obstaculizan, porque, una vez aprendemos a soltarlos o a desenredarlos, hay entonces el espacio para cultivar los factores que nos ayudan a despertar de nuestro sufrimiento, que los veremos en la próxima sesión.
Esos obstáculos son: aferramiento o apego, aversión, adormecimiento, agitación o ansiedad y duda. En esencia, todos son algún tipo de obsesión mental, algún tipo de aferramiento a que la experiencia debe ser distinta a lo que es. El aferramiento a que la experiencia que me gusta no se vaya o la aversión a que la experiencia que no me gusta se vaya, es en realidad apego que va en dos direcciones, o no quiero soltar la experiencia o no quiero que se acerque. El adormecimiento puede ser porque hay alguna experiencia dolorosa que no quiero ver, o aburrimiento porque quiero un estímulo (la mente que quiere que la diviertan). Si es cansancio corporal, que es muy común en nuestra cultura, entonces podemos irnos a descansar y meditar en un momento en el que nuestra mente esté más despejada. El quinto obstáculo, la duda, es también una forma de aversión combinada con confusión: no estar seguros de que esta es la experiencia que se supone que estemos teniendo, o no me gusta porque la persona que la facilita no me inspira, o alguna otra razón. Y la duda es peligrosa porque es la que podría hacernos dejar la práctica.
¿Por qué conocer los obstáculos es importante?
Les pongo un ejemplo. Si la mente en su verdadera naturaleza es un lago de agua clara cuyo fondo podemos ver sin dificultad, entonces:
– El aferramiento es como ver colores sobre el agua, el paisaje de flores y árboles reflejado allí. Decimos: «¡Qué lindo!» y queremos seguir mirando el paisaje, pero no nos damos cuenta de que no vemos el fondo claro del lago.
– La aversión es como ver que el agua del lago está hirviendo. Tampoco podemos ver el fondo claro.
– El adormecimiento es como si hubiese musgo en la superficie del lago, con lo cual no podemos ver el fondo. Si algún bote tratara de navegar por allí, le daría trabajo con el enredo de algas.
– La agitación es como si hubiese olas cortas y rápidas en el lago. Sería un viaje en bote agitado y tampoco veríamos el fondo.
– Y la duda es como ver el lago entero lleno de fango. No refleja nada, no se mueve nada, está todo empantanado.
Los obstáculos nos impiden ver la experiencia con claridad. Nos impiden ver el origen de nuestro sufrimiento y el camino hacia el fin del sufrimiento.
Puede ser que podamos identificar algunos de estos obstáculos porque los sentimos en el cuerpo. El aferramiento puede sentirse como un gancho, la aversión como algo que quema o empuja. El adormecimiento como adormecimiento físico, la agitación como ansiedad y la duda como confusión.
Quizás no sean fáciles de ver al principio, y por eso es importante que nos tratemos con mucha ternura y bondad. Cuando logramos ver que estos obstáculos son algo así como obsesiones de nuestra propia mente para cambiar la realidad tal y como la estamos recibiendo, vemos una gran parte de nuestro propio sufrimiento, y tal vez se asome la disposición de soltar esa obsesión de cambiar la realidad o cambiar a otra persona, para tener un poco más de paz. Tal vez veamos que el enredo, el nudo, sale desde adentro de nosotros mismos, desde nuestros condicionamientos de que las cosas deben ser de cierta manera; condicionamientos de nuestra familia, cultura, educación. En nuestra cultura, por ejemplo, se valora trabajar de manera obsesiva, y eso crea mucha agitación. Es un condicionamiento cultural, pero la rueda del hámster de esa obsesión está dentro de nuestra mente. Desenredarnos de nuestro sufrimiento es como una paradoja porque necesitamos seguir viviendo en el mundo en el que vivimos, viendo las obsesiones de nuestra cultura, sabiendo que algunas nos causan sufrimiento, y tener la disposición de desenredarlas en nosotros mismos. ¡No es un trabajo fácil! Se trata de vivir en el mundo pero no aferrarnos a él. Por eso es tan importante la práctica de la bondad. Una vez somos sers más serenos, más libres de sufrimiento, podemos ser personas de bien, personas que otres consideren seguras, que no causemos sufrimiento, sino que con nuestras maneras de pensar, actitudes y práctica podamos aliviar el sufrimiento del mundo, aunque sea con nuestra propia presencia.
El aceptar la realidad tal como es no significa resignación. Esta práctica no nos dice que nos resignemos a las injusticias del mundo. Pero sí nos guía a liberarnos de nuestro propio sufrimiento interno para entonces actuar en el mundo con sabiduría. Es la diferencia entre luchar desde la rabia ciega o desde la claridad y la sabiduría.
Con la práctica de nombrar nuestra experiencia, es posible que veamos algunos de estos objetos de meditación (sensaciones corporales, tonos del sentir, emociones, pensamientos) sugir y desaparecer. Vemos su impermanencia, pues a veces se disuelven. Esto nos muestra dos de las características de la existencia, según el budismo de tradición theravada. Todas las experiencias son impermanentes y están vacías, lo que quiere decir es que no son sólidas, son como una nube.
Podemos continuar cultivando, debajo de toda esta actividad (del cuerpo, de los tonos del sentir, de las emociones, de los pensamientos, de los estados mentales, de darnos cuenta de que vienen y van) una actitud de bondad y comprensión ante la complejidad de la experiencia humana.
Por eso es buena idea recordar la bondad al principio de la meditación y practicarla al final. No solo porque la práctica nos enseña que es difícil ser humano, sino porque practicar bondad, además de que es fundamental en el mindfulness, nos recuerda que somos capaces de girar el timón de nuestra mente en una nueva dirección. Que si bien la mente es capaz de producir estados de sufrimiento, también es capaz de producir estados de liberación. Y la bondad, “metta” o benevolencia, es el principal. Comenzamos por ser bondadosas hacia nosotras mismas. Una y otra vez.
Una invitación a terminar con algunos segundos de la práctica de enviarnos bondad.
(3 campanas)

