Meditación y charla: Acciones sabias hacia la Tierra, parte 1

Por Yaisha Vargas-Pérez

Aquí está el enlace de la meditación guiada y charla. Abajo están la transcripción de ambas y también la introducción al tema:

https://www.youtube.com/watch?v=fvkc1kw5A-U

INTRODUCCIÓN
Todos los días tenemos la oportunidad de tomar decisiones que ayuden a revertir el cambio climático y restaurar el equilibrio que permite que todas las especies tengan las condiciones de vida que tenían antes de la crisis que enfrentamos, incluyéndo a les seres humanes.

Desde lo que consumimos hasta lo que escogemos reciclar o compostar para evitar que llegue al vertedero, son muchas las decisiones que pesan sobre el bien-estar de la Tierra y todes les seres que acoge y nutre.

Si bien es importante entender la urgencia del momento climático que vivimos, también es importante no actuar desde la culpa y la vergüenza, sino desde el despertar interno de que nos importa nuestro planeta-hogar, porque hemos visto con claridad que es un ser vivo. Hemos practicado intenciones de benevolencia, hemos aprendido narrativas sabias y, como consecuencia, actuamos sabiamente.

Algunes hemos entendido que nuestro bienestar y salud depende del bienestar y salud de la Tierra.

¿Por dónde empezamos? En la meditación y charla grabadas que están abajo hablo un poco más de ello.

Les invito a escuchar y practicar, desde la playa o la cocina. ¡Todo cuenta!

MEDITACIÓN GUIADA

Una invitación a tomar varias respiraciones profundas, como una manera de hacer una transición del ruido al silencio.

Luego, una invitación a encontrar un punto de descanso en la realidad presente: la respiración, los sonidos de ambiente o el cuerpo.

No hay nada que hacer con prisa. Ni un lugar al que ir con prisa. Estar aquí y ahora es suficiente.

Ahora, una invitación a pensar en alguna persona que es buena con nosotres. Una persona que nos mira con bondad. Puede ser un miembro de nuestra familia, o un perro o gato u otro animal que sea parte de nuestra familia. O un ser de la naturaleza.

¿Podemos mirarnos a nosotres con esa misma bondad?

Comenzamos por conectarnos con la práctica de la bondad hacia el cuerpo. Mirando nuestro cuerpo con bondad.

Y así vamos por cada parte. Llevando bondad a la cabeza…
…al cuello
… a los hombros
… a la espalda
… al pecho
… a todos los órganos dentro del pecho
…a los brazos
…a las manos
… al abdomen
…a todos los órganos dentro del abdomen
… a la parte baja del abdomen
… a las piernas
… a los pies
… a los dedos de los pies…
Llevando un sentido de bondad, de benevolencia, a todas las partes del cuerpo…

Ahora, una invitación a imaginar que estás haciendo algo bondadoso hacia tu cuerpo. Imagina que estás descansando lo suficiente, que te estás alimentando bien, que te estás ejercitando lo suficiente. Imagina que te tratas con bondad en tu día a día. Cuando te equivocas, te hablas bonito y te das ánimo para intentarlo otra vez con calma.

¿Cómo se siente tratarte así?

Ahora envía ese sentido de benevolencia a un ser de la naturaleza que quieras mucho. Puede ser un gato o un perro que sea parte de tu familia. Puede ser un árbol o una planta.

Al enviar benevolencia, imagina que estás tratando bien a ese ser de la naturaleza, que lo acaricias, que le hablas con bondad, deseándole que esté bien; que esté feliz; que tenga salud; que tenga paz.

Ahora, enviando benevolencia a un paisaje de la naturaleza, como la playa o el bosque, igual que si fuera tu cuerpo humano, que está compuesto de los mismos elementos: que estés bien; que estés feliz; que tengas salud; que tengas paz. Ahora, visualizando que tratas bien a este paisaje de la naturaleza. No dejas basura, no tiras nada al agua. Lo tratas con respeto y amor.

Ahora, una invitación a abrir el corazón para enviar benevolencia a la naturaleza. Visualizamos que los seres humanos tratan bien a la Tierra: no toman más de lo necesario, no contaminan los ríos ni el mar, aprenden a reciclar, a fabricar cosas que no contaminen la Tierra, trabajan para mejorar la condiciones que han creado el cambio climático… comienza a imaginar que esto es posible. Puedes imaginarlo con una sonrisa… No tienes que hacer un gran esfuerzo, simplemente abrir el velo que cubre al corazón para dejar salir su luz de benevolencia hacia los seres de la naturaleza en todas direcciones. . Abriendo el velo de la parte de enfrente… la derecha… la parte de atrás… la izquierda… la parte de arriba (enviando benevolencia a todas las aves que cruzan el cielo o viven en los árboles)… la parte de abajo (enviando benevolencia a todos los seres que viven en el suelo, debajo del suelo y en el océano). Abriendo el corazón en todas direcciones para enviar benevolencia a toda la naturaleza.

Ahora, enviando benevolencia a todo ser de la naturaleza en el planeta tierra, a todos los ecosistemas, a todos los bosques, a todas las playas, a todos los ríos: que estén bien; que estén felices; que tengan salud; que tengan paz.

CHARLA

Hemos estudiado hasta ahora tres factores: la visión sabia hacia la Tierra nos ayuda a ver que la Tierra es un ser vivo, que nos presta sus elementos para formar el cuerpo humano que tenemos; que las demás especies con quienes compartimos el planeta Tierra también tienen el mismo derecho a vivir, a estar segur@s y tener suficimente alimento. Que tienen el mismo estándar de persona, aunque no sean humanos. Tienen derecho a su espacio. El segundo factor que aprendimos fue el de la intención sabia. Al ver a la Tierra como un ecosistema sensitivo, vivo, que depende de que las condiciones se mantengan en equilibrio para que las especies que lo habitan sobrevivan y estén bien, entonces comenzamos a desarrollar intenciones bondadosas hacia la Tierra, desear que esté bien, que esté saludable, que esté libre de sufrimiento. Aquí comenzamos a practicar la meditación metta o benevolencia. Y el tercer factor que vimos fue la narrativa sabia hacia la Tierra. Si ya veo la Tierra correctamente como un ser vivo con derechos y tengo intenciones de bondad en vez de codicia hacia la Tierra, entonces voy a utilizar el lenguaje correcto hacia los ecosistemas de la Tierra: la playa no es un telón de fondo para la diversión de los seres humanos, sino que es el hogar de muchas especies que viven allí y es un lugar que voy a visitar. Al tener esa narrativa consciente, entonces nos acercamos al ecosistema con respeto, en vez de la actitud de que tenemos derecho a pisar la playa porque podemos. Y ya estamos actuando desde el factor de la acción sabia.

Como compartí al principio de esta serie, los factores que estamos estudiando surgen del Noble Óctuple Sendero, una enseñanza que impartió el Buda hace más de 2,500 años y que tiene el propósito de enseñar el camino hacia el fin del sufrimiento. Los estamos adaptando a la relación de los seres humanos con la Tierra.

Según explica Gil Fronsdal en el libro “Pasos hacia la liberación”, el factor de la acción sabia se define como abstenerse de ciertas conductas, específicamente:

  • matar a cualquier ser sintiente
  • tomar cualquier cosa ajena que no ha sido dada de manera gratuita
  • participar en conducta sexual inapropiada

En el caso de nuestra relación con la Tierra y los demás seres con quienes compartimos el planeta, este factor se refiere a no causar daño físico. No se queda en no matarlos, sino también en no atacarlos, no herirlos, no dañar su hábitat, no contaminar las aguas, el aire, el suelo. Y esto incluye hasta los seres más pequeños, como los insectos. Algunas personas adoptan este factor en su alimentación y tienen una dieta vegetariana o vegana, que no utiliza ningún producto de origen animal. Como sé que esta es una conversación incómoda, pues en nuestra cultura se come mucha carne, de pollo, pescado, cerdo, vaca… la idea no es causar culpa, ni vergüenza, ni división, pero sí, invitar a mirar esta parte de nuestras vidas, siendo conscientes y compasivos. Nos enseñaron a consumir de esta manera. Nos enseñaron que los animales estaban ahí para servir a los seres humanos. Pero hemos llegado al punto de que resulta imposible para el planeta mantener a 8 mil millones de seres humanos a costa del resto de las especies.

En julio de este año se cumplieron 20 años desde que comencé en el vegetarianismo y veganismo. Ocurrió por una situación de salud. Tenía dolores muy fuertes en el intestino. Me realicé múltiples estudios, incluyendo un estudio de gastroenterología, tras el cual la doctora que me atendía recomendó que consumiera más frutas y vegetales. No me había dado cuenta, hasta ese momento, de lo que una dieta bien carnívora le estaba haciendo a mi cuerpo. Una vez comencé a consumir más frutas y vegetales, no solo comencé a sentirme mejor, sino que escuché a mi cuerpo decir “¡Gracias”. Poco a poco, automáticamente, noté que ya no quería comer carne roja, y después pescado y al final, pollo. Comía algún alimento animal tal vez una vez a la semana. Un día pedí una ensalada de espinacas y olvidé pedir que le quitaran el pollo. Cuando me la sirvieron, me sorprendí y me dije: “Bueno, llevo una semana sin comer carne, así que necesito proteína”. Sin embargo, cuando la probé, sentí que todavía estaba viva. Todo mi cuerpo repudió que comiera lo que había sido el cuerpo de un animal. Ese fue mi proceso. Mi salud mejoró muchísimo. La página de internet de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, que está bajo los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés), explican que una dieta vegetariana bien planificada y bien llevada, con suficientes frutas y vegetales, cereales de grano entero, leguminosas, nueces, semillas, poco consumo de lácteos, supone un menor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión, demencia y cáncer. Además promueve la pérdida de peso, ayuda a reducir la presión arterial y el colesterol malo.

Es importante saber que llevar mal la dieta vegetariana, como consumir mucha azúcar, muchas harinas, o no consumir una dieta balanceada, puede tener como consecuencia que no reciba suficientes nutrientes y que gane peso. Así que no se trata solo de dejar de comer carne, sino de ajustarse a una nueva forma de vida.

Voy a hacer una invitación cariñosa a la curiosidad. ¿Qué tal si escoge ser vegetariano por una semana, o por un día a la semana? Y observe cómo reacciona su cuerpo, si le da énfasis al consumo de frutas y vegetales, proteína vegetariana. Y tomar mucha agua, tomar un poco de sol en la mañana y hacer ejercicio… Y la invitación es a abordar esto desde la bondad, no desde la culpa, no desde la vergüenza, sino desde la curiosidad y la bondad, a ver qué pasa…


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