Francisco fue un Papa humano, humilde, compasivo, abierto al diálogo interreligioso, con una filosofía de puertas abiertas para los excluidos. Bajo su dirección, la Iglesia católica ya no se sentía rígida ni excluyente ni cerrada de mente. Ha sido una época de muchos regresar a una Iglesia más cercana al mensaje de Jesús, y entre esos me incluyo.
Regresé en 2015 a una Iglesia muy distinta a como estaba cuando me fui. Yo no quería regresar; ese no era mi plan. Pero mi travesía espiritual —así como un monje zen con el que hablaba regularmente en el monasterio Deer Park en California, fundado por el maestro zen vietnamita Thich Nhat Hanh— me empujaron a regresar e investigar.
Me sorprendió lo que encontré. ¡La Iglesia era tan distinta! Al primer sacerdote con el que hablé le dije:
—Yo amé a una mujer, y no hice nada malo porque yo amé de verdad.
Me respondió:
—La Iglesia es muy grande y en ella cabe mucha gente.
Luego preguntó que edad tenía. 38 años.
—Estás en la etapa de regresar —siguió.
Lloré; siguió hablando conmigo y me sentí bienvenida. Yo había sido una adolescente muy devota. A mí no me obligaban a ser católica en mi casa, así que la Iglesia y la comunidad católica que me acogieron en mi adolescencia fueron un refugio para mí en medio del dolor que vivía. Yo oraba en la capilla del colegio por las mañanas y esa comunión en silencio con Jesús me ayudaba a pasar el día y a sobrevivir a la turbulencia, tanto en mi casa como en la escuela. Dejar la Iglesia porque no estaba alineada con el mensaje de Jesús fue una decisión firme y estoy segura de que, en ese momento, fue la decisión correcta.
Comulgué luego de 21 años sin hacerlo. Había un Jesús vivo que me se alegraba de que hubiese regresado, que me acogía igual que como me creó: como soy. He seguido encontrando espacios seguros dentro de la Iglesia. Existen. Ahora no sabemos qué ocurrirá. Solo espero que no echen hacia atrás, porque somos humanxs y no somos menos. Merecemos dignidad, acogimiento, acompañamiento e igualdad.
Sigo mis prácticas budistas, porque también son un refugio seguro, porque siguen fortaleciendo mi mente y expandiendo mi corazón, y he encontrado puertas abiertas sin exclusión. Soy una mejor cristiana gracias a que soy budista. Y en mí no hay contradicción. Oriente y Occidente confluyen y fluyen en mi mente y corazón. Al final, se trata de practicar para ser una mejor persona, para aprender a escoger la bondad por encima del odio, la generosidad por encima de la codicia y la sabiduría por encima de la ignorancia.
Cuando practicaba en Deer Park Monastery, los monjes y monjas nos contaron que el maestro zen Thich Nhat Hanh había sido invitado por el Papa Francisco al Vaticano (https://plumvillage.org/articles/press-release-thich-nhat-hanh-represented-at-vatican-summit). En respeto a su tradición y enseñanzas budistas, no habría carne de animales ese día. Imagínense. Cuánta sensibilidad. Los monasterios fundados por Thich Nhat Hanh no utilizaban productos animales ni sus derivados, por considerar que cada ser vivo tiene naturaleza búdica, tiene la capacidad de despertar espiritualmente, y porque el veganismo es una de las formas más poderosas de ayudar a restaurar la naturaleza. Tampoco les dicen a otras denominaciones lo que deben hacer, simplemente hacen lo mejor posible por practicar con sinceridad. En su monasterio encontré gente de muchos caminos distintos, atraídos por su mensaje de compasión, acogida y bienvenida.
Agradezco haber vivido en la época en la que Jorge Bergoglio fue papa. Y si las cosas echan hacia atrás, tendré el recuerdo de lo posible y de lo que puede volver a ser posible. Y la esperanza de que pueda ser mejor.
Gracias, Francisco. ❤🌳
https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/la-vida-de-papa-francisco-en-fotos-nid21042025/

