De lo que me mantiene sana: escribir ❦ About what keeps me healthy: writing

(ENGLISH BELOW)

Por Yaisha Vargas-Pérez para la sección “Reflexiones” del blog “90 días”

Power of WordsDe lo que me mantiene sana: la pluma para escribir, desahogar, recibir guía. Comencé a escribir aproximadamente a los 8 años, cuando me inspiré en el personaje de “Soledad” en la telenovela puertorriqueña Tanairí. Mi mamá no me dejaba ver novelas, pues no quería que me volviera adicta a ellas. Pero como ésta era una producción boricua histórica, hizo la excepción. Me encantaba ver al personaje de Von Marie Méndez sentada en su escritorio, escribiendo con una pluma fuente de ave. Yo iba al patio de mi casa, donde había gallos y gallinas, y buscaba una pluma de ave similar. Si no había un plumón grande, yo trataba de arrancárselo a las gallinas, ¡ay! ¡Hoy no haría eso, por supuesto! Entonces, le pedí a mi mamá que me comprara tinta. Así manché el escritorio de madera que mi papá construyó con sus propias manos, pero eran manchas de mi imaginación. Escribía sin la plumilla, embarraba la pluma de gallina en el tintero y reescribía los cuentos del libro “Camino a la escuela”. En séptimo grado tomé una clase de caligrafía con pluma fuente, y todavía amo ese arte. Regalé las plumas fuentes que tenía de ésa época, pero ya estoy lista para comprar unas nuevas. Luego, a los 11 años, me enseñé a mí misma a escribir en el teclado de la maquinilla de mi mamá. Mamá era secretaria y en mi casa siempre hubo máquinas de escribir. Me encantaba su sonido, su olor, detestaba que no pudieran borrar bien… Luego, aprendí formalmente en las clases de mecanografía I y II en la escuela superior con Consuelo Walker, una excelente maestra. En la escuela superior conocí a Lidia Marchosky, panameña que escogió Puerto Rico como su segunda patria, y quien amaba la literatura a tal grado que recitaba de memoria poemas clásicos para explicarnos su importancia. Ella amaba enseñar, adoraba el idioma español. Yo me nutrí de ese apasionamiento que ella tenía. Fue en esa época que escribí mi primer poema… ¡y se llevó un segundo lugar en el primer certamen en el que participé! Yo era buena en muchas clases, pero cuando pregunté en mi interior qué quería hacer con mi vida, la respuesta fue: escribir. Todavía lo estoy intentando y practicando. Todavía no he llegado a eso que quiero redactar. Sí, escribir me ayuda a entender la vida, a sanar, a botar la tensión de las injusticias, a asimilar los aprendizajes, a comunicarme con mi SGI, Sistema de Guía Interior. Ahora ando con un diario computadorizado en mi laptop, pero muchas, muchas veces me llama la pluma de bolígrafo, y últimamente, la pluma fuente. A ver qué me trae la cosquilla. Escribir me da vida, me mantiene sana, humana

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Imagen de wikimedia commons

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By Yaisha Vargas-Pérez for the section “Reflections” of the blog “90 days”

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAbout what keeps me sane: a pen for writing, venting, receiving guidance. I started writing approximately when I was 8, inspired by the character “Soledad” (“Solitude”) from the famous Puerto Rican 80’s soap opera “Tanairí,” which depicted a story from the 19th century. My mom didn’t allow me to watch soaps; she didn’t want me to get addicted to them. But because this was a Puerto Rican production, she made the exception. I loved to see Von Marie Mendez’s character sitting at her desk and writing with a feather fountain pen. I would go out to the backyard, where we had roosters and hens, and I would look for a similar feather. If I didn’t see a big feather, I tried to pull it out from one of the animals…ouch! I wouldn’t do that today, of course! Then I asked my mom to buy me ink. That’s how I stained the wooden desk my dad built with his bare hands, but I gathered those were spots that came from my imagination. I would write without the metal part of the fountain pen, daubing the chicken feather inside the inkwell and copying short stories from the children’s book “Camino a la escuela” (“The Path to School”.) In seventh grade, I took a calligraphy class, an art I still love and practice sometimes. I gave away my fountain pens from that time, but I am ready to buy new ones. Time went by and when I was 11, I taught myself to type on my mom’s typewriter. Mom was a secretary and we always had typewriters at our house. I loved their sounds, their smells; I hated they couldn’t erase very well… Then I formally learned in High School, in my typewriting classes 1 and 2 with teacher Consuelo Walker, who was an excellent instructor. In High School, I met Lidia Marchosky, a woman from Panama who chose Puerto Rico as her second home country, and who loved literature to the point of reciting classic poetry by memory. It was a way to show us its importance. She loved to teach and she adored the Spanish language. I felt nurtured by her passion for literature. It was around that time that I wrote my first poem… And it won the second place in the first poetry contest I participated! I was a good student in many classes, but when I asked within myself what did I want to do with my life, the answer was: to write. I am still trying and practicing. I am still trying to get to that which I want to write. Yes, writing helps me understand life, heal, release the tension I feel when I see injustice, assimilate learning, and communicate with my IGS (Inner Guidance System.) Now I write a journal on my laptop, but many, many times I feel called by handwriting, and lately, by fountain pen writing. Let’s see where it takes me… Writing gives me life, keeps me sane, humane.

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Image by wikimedia commons

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2 Comments

  1. Pues al escribir tu sanas a los que te leen, como yo. Tienes un talento cultivado, como tu explicas, desde pequeña. Describes situaciones, sentimientos, soledades, amores, desamores y una gama de situaciones que ayudan a sanar las heridas del corazón. Y Yo te agradezco pues cada escrito tuyo es un poema que palpita, que clama, que ríe y que llora. Muchas bendiciones para tí y tu familia y que vengan muchos más poemas a endulzarnos y/o estremecernos la conciencia. Salud! María M.

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